Katherine. Nunca me imaginé el dolor de sentir veinte clavos en mi espalda. ¿De verdad lo merezco? Creo que no. El olor a sangre inundaba la pequeña acompañado de mis gritos. La saliva y sangre se me mezclaban. El Freu era clavado profundamente y quitado arrancando trozos de piel a su paso. Mi cuerpo se curaba tal como lo prometió Penelope y era lo peor. Por mas que quise evitarlo me mostré vulnerable con mis sollozos. El dolor me ganaba. Ya perdí la cuenta de cuantas veces me ha clavado y quitado el Freu. —¿No rogarás?— se detiene y logro respirar por un momento. Quiere doblegarme o mejor dicho humillarme. A los vampiros se los conoce por ser la r**a más sádica. —Nunca te rogaré. Ella no se detendría aunque rogara y prefiero sentir este dolor antes que perder la poca dignidad

