Capítulo número 8.

1741 Words
May llegará hoy por fin y yo estoy extasiada de felicidad, no sin poder evitar estar demasiado nerviosa. Apenas llegue, iré con Robert a buscarla al aeropuerto y nos instalaremos todos en el mismo hotel, ya que no estaríamos solos, Robert y yo... Si no que estaríamos bajo la vigilancia de May, hasta que estemos casados... Me inquieta un poco saber que será mi boda y aún no tengo vestido, ni sé si haremos una fiesta o iremos a un restaurante, no tengo la menor idea de cómo será ese día y las cosas se susciten. ¿Estoy cuestionándome?, de verdad que no. Robert es una felicidad que no tengo forma de explicar con pocas palabras, solo sé que me resulta increíble que después de tanto tiempo, espera, agonía, angustia de saber que dirán las personas que me rodean, vamos a ser marido y mujer, siendo este un hecho innegable. Me dedico a arreglarme, he perdido un poco de peso. Quizás la misma preocupación de lo que me ha pasado antes de venir a Chipre, incluso cuando han sido pocos días... Ha surtido efecto en mi salud. En varias ocasiones me he despertado asustada viendo el rostro de mi madre, ¿algo puede ser más retorcido que ello?, a la mayoría de las personas le asustan los terroristas, los vándalos, los políticos, y a mí me aterra mi madre. No es fácil nada de lo que tengo que intentar sobrellevar, empezando por no poder olvidar que me ha intentado matar cuando me ha dejado en el sótano, de sol a sol, sin tener ni siquiera donde hacer mis necesidades, el olor a heces y a humedad es difícil que lo olvide, cuando el terror me invade en medio de la noche, es como si se instalara de forma indefinida en mis fosas nasales, haciéndome repetir una y otra vez la desgracia por la que mi madre me obligó a pasar... También me pregunto que será de Ayub... Ya ha pasado mucho tiempo, ¿estará estudiando?, ¿se estará ocupando de las maniceras de nuestro padre?, ¿se habrán ido de Siria?, ninguna de esas preguntas tienen respuesta alguna, para mí son una enorme interrogante. Mi hermano es una víctima más del fundamentalismo y los prejuicios que tanto me tenían ahogada y sofocada mientras vivía bajo la tutela de mis padres... Constantemente veo las noticias inherentes a mi país, el agravamiento de la crisis está incrementando cada vez más la miseria de las familias sirias, las cuales tan solo están intentando sobrevivir y reconstruir sus vidas después de tanto tiempo de conflictos, me duele el alma cada vez que escucho, o veo niños en la televisión cubriéndose lesiones enormes y trágicas, algunos perdiendo sus piernas como el tío Alí, porque algún proyectil golpeó su casa... Muchas familias han huido de los combates, van de pueblo en pueblo en busca de seguridad, tomando en cuenta que las personas que transitan de un lugar a otro están cargando con heridos que cada vez que se mueven su herida vuelve a abrirse y sangrar... En este caso refiriéndome a las heridas físicas, ya que las emocionales que ha dejado la guerra son completamente indescriptibles... Es difícil vivir rodeado de edificios dañados y montones de escombros en los empobrecidos barrios, todos intentando adaptarse gradualmente a una vida normal, sobre todo los comerciantes los cuales han podido recuperar los talleres dañados y comercio informal en general, aun cuando las dificultades están peores que nunca... Ya que los desplazamientos han agotado todos los ahorros que tienen las personas, imposibilitando que puedan pagar gastos de alquiler, gastos médicos, casi toda la gente que vive en la calle depende completamente de las agencias de ayuda y donaciones. Por mucho que yo intente plantearme por lo que veo en las noticias de cómo es la situación en Siria, sé que es mucho peor, su recesión socioeconómica es increíble... Con el hecho de saber que la libra Siria ha perdido tres cuartas partes de su valor mientras el costo de los alimentos y otros artículos básicos se sigue disparando escalando hasta más del 200 por ciento... El efecto combinado de que una persona no pueda vivir, ya que tiene miedo de que en cualquier momento pueda impactar una bomba en su casa, junto con la reducción drástica del poder adquisitivo, muchos de ellos tienen para comer tan solo la verdolaga que lograban cultivar en parcelas cercanas a su casa, resulta en lo absoluto una crisis que es necesario vivir para entender lo deplorable y peligrosa que es. Una de las cosas que más me siguen entristeciendo hasta la fecha es el hecho de que estén forzados debido a la inseguridad alimentaria a forzar a sus niñas a contraer matrimonio con hombres mucho mayores que ellas, haciendo que estás abandonen su escolarización para convertirse en pequeñas esposas... Niñas que aún ni siquiera ven su primera menstruación, niñas que aún desconocen la sexualidad desde el punto de vista teórico, ya que nuestros padres acostumbran a privarnos de ello hasta aproximadamente los 18 años que consideran que estamos en edad de contraer matrimonio y traen una mujer a casa para que nos explique lo que va a hacernos nuestro esposo en la noche de bodas... Cuánto apoyo psicológico necesita esa desafortunada gente que sigue en Siria... Mi pobre tierra que me vió nacer necesitará de años para recuperarse y volver a ser lo que en un momento fue, un país hermoso, seguro, con una arquitectura hermosa y única, un país árabe que no tenía nada que envidiarle a un país europeo... Hoy en día sumido en la ruina y la pena de sus habitantes. Al estar lista para salir, me doy cuenta de que tendré que retocar mi maquillaje, ya que haberme ido por la tangente de la situación en Siria me ha hecho llorar, y se me ha corrido en su totalidad el maquillaje. Decido llamar a Robert para verificar en donde nos veremos para tomar el taxi donde buscaremos a May. —¿Podemos vernos ahora, en el restaurante que te gusta?—Me pregunta Robert sacándome de lugar, eso no formaba parte del plan, se supone que dentro de muy pronto vamos a buscar a May en el aeropuerto y voy a cambiar de hotel. —¿Por qué no lo dejamos para después de haber ido por May?—, no debe demorar mucho en llegar y considero que es descortés que le dejemos esperando demasiado. —Mm, bien, quiero darte algo que he comprado para ti, me gustaría que fuera a solas... Ya que es algo muy especial para mí. Espero puedas hacer un espacio luego para mí para que podamos resolverlo. — La respuesta de Robert me hace sentir una corriente helada subir por mi espalda. Una vez más requiriendo que estemos a solas... ¿No le basta el resto de nuestras vidas para tenernos el uno al otro a solas?, aunque me fascina su compañía, me preocupa que después de la llegada de May este insista en que nos veamos a solas, ya que eso podría traer como resultado que ésta se hiciera a la idea a que en su ausencia hemos pasado tiempo a solas, trayendo como resultado que piense que no soy lo que doy a traslucir que soy, no me gustaría que May dude de mi pureza. Aun cuando ella es una mujer muy abierta, le he dado una cara y una palabra, y quiero que tenga confianza de que esa soy yo. Robert me recoge en la puerta de un café cercano al hotel. Subo apenada al auto. —Hola. —Es lo único que puedo pronunciar cuando lo veo sin que me consuma la pena. —¿Cómo estás, cariño?—Me inquiere Robert con absoluta delicadeza, sus ojos se posan en mí con atención, logrando ponerme aún más nerviosa. —Estoy bastante bien, solo un poco apenada y ansiosa por todo lo de la boda—, ¿y tú?, ¿todo va bien?— —¿Por qué esos ojitos de cielo lucen tan apesadumbrados?—Me inquiere Robert con preocupación. —He estado pensando en la situación Siria y me he puesto muy sentimental. No he podido evitar llorar, no ha sido nada malo en mí... Ojalá fuera solo eso, soy una hormiga entre millones que sufren. —Digo con pena, hago un esfuerzo subliminal para no romper en llantos nuevamente. —Oh, preciosa... Te entiendo perfectamente, es entendible que te sientas mal por la agonía de los tuyos... Pero no me gusta escucharte hablar así, no pienses en eso, es realmente una pena lo que sucede en Siria, pero no ganas poniéndote triste y afectada, al contrario... Ocasionas que yo me preocupe que algo te está incomodando en mí... A mí me gustaría que después de que nos casáramos ayudáramos a los niños sirios con comida, ropa, libros... Es lo más que podemos hacer por ellos cuando se pueda. —, pensaba decírtelo luego, pero ya que ha salido en este momento el tema... Prefiero hacerlo ahora para ver si de esa forma te sientes mejor. — La bondad de Robert me invade los sentidos. Es increíble que una persona que ha gozado de los privilegios de vivir en el primer mundo pueda tener la empatía y la entereza suficiente para ponerse en el lugar de las personas más necesitadas, más vulnerables... Es todo lo que a mi juicio compone a un ser como entregado a Dios, alguien que tiene la capacidad y la determinación de ponerse en los zapatos del resto y decidir tenderle una mano amiga, sin que se obtenga nada a cambio. —Gracias Robert, de verdad gracias, no te imaginas lo importante que son para mí tus palabras... Haces que me sienta comprendida, pocas personas intentan comprender a una mujer, estoy acostumbrada a que digan que soy paranoica y exagerada cuando me pongo mal por un mal global como el ocurrido en mi país... Y tú... —, tienes la solución, la cura, el consuelo a todo lo que siento— Robert me regala una sonrisita de esas que sientes que te regalan años de vida, de esas que sientes que te devuelven el alma a tu cuerpo, una de esas que te hacen agradecer por cada cosa que te ha sucedido, ya que ellas son la composición que ha llevado a materializarse mi relación con Robert, una vez más reafirmo, mi regalo más grande.
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