capitulo I
Muchos hechos paranormales rodean la vida de Uriel y otros personajes importantes a su alrededor. Estas intensas experiencias se magnificaron conforme se adentraba a la edad adulta, parecían una invocación a la acción.
Algún lector considerará que la narración es mero producto de la fantasía del que escribe, pero no. Déjenme señalarles que todo existe. Hasta las series, películas o dibujos animados más estrafalarios que hayan consumido son posibles. Existe una esfera o dimensión donde las leyes naturales de nuestro universo no aplican. Si lo estás pensando, ya lo estás creando. Así funciona el proceso de creación.
Uriel era muy despierto y captaba los suceso invisibles que ocurrían en los alrededores. Las miradas ociosas ignoran las señales clave de los acontecimientos.
—Expresa lo que observaste—le interrogó Uriel a Teresa, una amiga del mismo curso.
—Fenicio, en la recreación concluyente de curso, se encerró con varios compañeros, varones y mujeres y, al abandonar el encierro, todos, con excepción de él, se encontraban débiles. Era el único que se mantenía rebosante de vida y energía.
—¿Y tu qué hiciste?—le preguntó Uriel.
—Yo no hice nada, ni aún entré. Permanecí en un salón con la mayoría. Unos pocos se encerraron con él, son como sus sirvientes—manifestó Teresa, ella era bastante sosegada.
Esto mantenía a la mente de Uriel ocupada. En su colegio los estudiantes pertenecían -no todos- a agrupaciones secretas. Algo maquinaban, pero a muchos estas cuestiones no les atañía.
Uriel, desde entrado a la juventud había buscado apoyo para poder con los retos que se le presentaban a su edad. Las batallas no sólo son físicas, sino también espirituales.
Teresa era una de las pocas almas conciliables y fieles que había hallado. Para Uriel, en todos los ámbitos había una contienda entre las fuerzas del bien y el mal. Y el colegio no era la excepción.
A Uriel le sobrevino un sueño en el que estaba siendo embestido por una entidad extraña. Al notar que la entidad desfallecía, le preguntó:
—¿Quién eres y por qué razón me agredes?
—Eres el motivo de mi intranquilidad. Solo por tí mis días no son perfectos—le manifestaba la entidad y gritaba como si la presencia de Uriel le hiciera daño.
— ¿Me conoces?—indagaba Uriel, algo sorprendido por la contestación.
—Eres Uriel, un ser que ignora la gran luz que trae. Por eso, somos adversarios—le dijo con una voz inarticulada, aguda y desapacible, que parecía debilitarse conforme transcurría el tiempo. Uriel se percató de que quién le hablaba era Fenicio. Advirtió su figura. Empezó a dudar más sobre la verdadera identidad de este compañero de colegio.
En días posteriores se percató que Fenicio había dejado de asistir. Uriel todo el tiempo se sentía cansado. Solo le sucedía eso en el colegio, en su hogar rebosaba de energía y alegría. Era como si todas sus fuerzas y capacidades menguaran en el colegio.
—Teresa ven—le dijo mientras la llevaba a un rinconcito de la biblioteca—¿Es que no lo ves? En el colegio te roban la energía y tu aquí como si nada. Lo sé, aunque todavía no tenga pruebas.
Teresa confiaba tanto en su amigo que, de manera ciega le creía.
—Bienaventurados los que no vieron y creyeron¹—le dijo Uriel a su amiga en cierta ocasión, honrándola por su don de la fé.
Debido a su sensibilidad, Uriel tenía que soportar el peso de la maldad que percibía por todas partes, repartida por todo el mundo. Le había pedido fuerzas a Dios.
En cierta ocasión, una fuerza misteriosa lo llamaba desde las profundidades del mar. Había tenido experiencias espirituales en la playa, pero nunca una tan intensa.
Tal era el estado de exaltacion con el que llegaba luego de un paseo por el mar, que llegó a creer que el mar era un verdadero templo: puro, cristalino, ligero, armónico, sutil, revelador y, a veces, capaz de desnudarle el alma. Con tal energía hasta sus compañeros más fuertes parecían temerle.
El mar parecía revelarle secretos. La sabiduría del mar era Dios y te dice qué sentir, pensar, preguntar, hablar, decir, a dónde dirigirte físicamente, las cosas que debes hacer. Según Uriel, esta era la sabiduría del mar.
—Atentos, fijen su mirada al límite del mar, a lo que sus ojos mienten aludiendo que se trata del fin del mundo visible. Así es Dios, pero nuestras mentes sólo perciben lo finito. El mar revela esta gran verdad, no es agua muerta o inerte, es conciencia, pura conciencia—decía Uriel a sus compañeros de colegio, en uno de los paseos por el mar.
Por supuesto, mas de uno no podía evitar la mirada de bochorno ante estas palabras dichas con tanto honor.
Los estudiantes promedio lo ignoraban. A los más oscuros les generaba repulsión su presencia y otros sentían una gran admiración por su alma.
Uriel pasó por un periodo de tiempo donde ayunaba todos los días, esto lo volvió muy lúcido.
Grande fue su sorpresa cuando Fenicio volvió a aparecer. Lo notó muy cambiando; se lo veía más alto, más vigoroso y más hábil.
—¿Cómo cambiaste tanto en tan poco tiempo? ¿A quién te comiste?—le preguntó a Fenicio el compañero más payaso del salón. Algunos se echaron a reír
Esto se lo contó Teresa a Uriel y, para él no se trataba de ninguna broma. Su chiste tenía algo de verdad. Si las cosas se ponían peor, Uriel no se sentía aventajado con respecto a Fenicio para enfrentarlo. Su enemistad había volado incluso a esferas metafísicas, porque recibía ataques de él en sueños.
—Si en sueños Fenicio es tan poderoso, no me lo imagino en persona—dijo Uriel para sí.
El día más esperado llegó. Fenicio veía a Uriel como con hambre. Cuando los vió, Teresa juraba que ambos eran fieles representantes del bien y el mal sobre la tierra.
Fenicio arremetió contra Uriel con intención de morderlo. Al acercar su rostro al de Uriel, éste advirtió dos crecidos colmillos y se asustó en exceso. Por la apariencia y físico de Fenicio, todos supondrían que Fenicio era el más fuerte, pero los periodos de ayuno de Uriel no fueron en vano, lo habían dotado de gran fuerza, tanto física como espíritual.
Uriel percibió que en el reino invisible, su antagonista no era tan recio. Mentalmente principió a enunciar una oración. En el plano astral Fenicio era poseedor de un cuerpo n***o y procuraba traspasar el cuerpo de Uriel, empero el cuerpo espiritual de Uriel era muy resistente y no consiguió hacerlo. Ahora Fenicio aparentaba temerle. Le dijo:
— Tu eres Uriel, el ser más lumínico de esta institución. Estos establecimientos me pertenecen, son regidos por el mal.
Uriel se quedó muy sorprendido al darse cuenta que Fenicio no era humano, sino una especie de demonio.
Teresa llegó a auxiliar a su amigo.
—¿Quién es ese Fenicio? A lo lejos percibí una energía maligna— Teresa abrazó a su compañero. Estaba muy débil por los ataques.