Capitulo XVII

1092 Words
Beatriz, por los acontecimientos acaecidos, había desarrollado cierto cambio en su conciencia, las emociones intensas habían alterado su visión del mundo y de su propia identidad. Como las personas que atraviesan una experiencia cercana a la muerte. Durante un lapso de tiempo -por su tendencia al aislamiento- sus compañeros cercanos la habían excluído de algunas actividades, aunque nunca le afectaron demasiado. La institución educativa permanecía con la prohibición de las clases y eventos, conveniente dado los procesos judiciales relacionados con Teresa. Una noche, al meditar y alcanzar un estado de conciencia profundo, Beatriz vislumbraba a su colegio con un aura tenebrosa, y la vida silvestre en su contorno (del colegio)le rehuía. ¿Acaso susodicha aura demostraba por qué jamás había visto florecer la vegetación o la flora en Bedford? Pese a tener -por lo visto- todas las condiciones para ello. Además, ella jamás vió, ni por casualidad, a algún técnico o auxiliar del departamento de obras públicas, acabando con la vegetación, para impedir que la vida germine con normalidad. Antes de abandonar su estado meditativo, a fin de regresar al mundo de los sentidos, Beatriz contempló en su visión a un único ser de luz, radicado en el mismo colegio, el ser se encontraba en el interior de un aula, pegada al teatro musical. Todo esto lo vió como una señal para dirigirse a Bedford. Al encaminarse a dicho establecimiento, su madre Magda, la aguardaba frente a la entrada principal de su domicilio. —¿A dónde vas tan impacientemente señorita?—La interrogó seriamente su madre, ella ostentaba un color de voz aireado, muy suave, tan grato a los oídos de Beatriz que, desde que alcanzó el uso de razón, la cuestionaba seriamente el no haberse convertido en cantante. —Al colegio Bedford ¿Por? —No te hagas, tu colegio está cerrado, tienes en los pies la marca del anhelo de vagar—Beatriz sonreía silenciosamente. —Estaré de vuelta antes del anochecer, no te alarmes. —Hija, me preocupas, ayer no te presentaste a la cena y tampoco viniste a dormir, y te la pasas en la residencia de quién sabe quién. Hija ¿Qué sucede? dime lo que sea ¿Estas enamorada? —¿Qué? ¿Enamorada? ¡Cómo crees! Sólo estoy muy ajetreada por la desaparición de mi buen amigo Uriel. Dado que las clases están suspendidas y gozo de tiempo de sobra ¿por qué no hacerlo? —¡Ay! ese muchacho. No me imagino el grado de ansiedad que deben estar experimentando sus padres. —Si, así es, yo los conozco y me llevo con ellos. —Aqui entre nos, yo nunca fuí partidaria de la condena impuesta a ese chico, ni a la otra joven...¿Como se llama? —Teresa mami. —Sí, la gente es muy fanática y se deja llevar, pobre mozuelo. A esa edad apenas usan la razón—Cuando la charla daba indicios de trasladarse al asunto de los desaparecidos, Magda agrandó los ojos, mirando atentamente a su hija, entre tanto le decía: —Pero Beatriz, mírate, estas hecha todo un desastre—Magda le levantó la manga del suéter que portaba, y vió sus esqueléticos antebrazos, con sus apófisis estiloides muy sobresalidos—¿Ves? Eres un esqueleto andante ¿Te estás alimentando bien? —¡Madre, por favor! déjame marcharme que es algo importante—Beatriz expresó estás palabras de manera impulsiva. Las palabras de su madre no eran coléricas, sino impersonales. Su franqueza -ocasionalmente- era confundida con crueldad. —¡Ay, hija! yo sólo deseo lo mejor para ti. —¿Nunca te has puesto a pensar, qué es lo mejor? Porque cada mortal devela hasta donde su capacidad psicológica se lo permite. —¿A qué te refieres? —A que lo que para ti sea conveniente, para otro probablemente no lo sea. En mi presente nivel de conciencia podría considerar apropiado juntarme con un adicto, mas sólo mi alma, mi ser superior, determinaría "lo mejor". Y, con más madurez, los deseos van cambiando, por tanto ¿Quién puede orientarnos de manera certera? —Correcto hija ¿Quién? —Pues, si Dios existe sería El, empero mi nivel de madurez no me alcanza para asimilar Su voluntad. —Huy Bea, ahí si, coincido contigo. Yo te hablo desde lo vivido, pero mira, la sugerencia que te doy -en este instante- es válida. Con todo el corazón deseo que te alimentes correctamente y que tomes las mejores decisiones. —Pero madre ¿Consideras que has tomado sabias decisiones en tu vida? ¿Entiendes? Solo ambiciono afinarme más, ser más aguda en mis decisiones—Bestriz dijo esto porque estaba experimentando alteraciones internas por practicar meditacion en soledad. Magda sintió que no tenía derecho de sugerirle nada a su hija, se había unido a un hombre borracho y abusivo, y las cosas aparentaban no cambiar, todos sus amantes se parecían por sus fuertes gustos a la bebida. —Ya vete, y no levantes la voz que lo vas a despertar—Joseph, su pareja, dormía y los ronquidos -de vez en cuando- se escuchaban desde la entrada de la residencia, donde -madre e hija- platicaban. —Ya me voy—Dijo Beatriz y, al estar afuera de su casa, experimentó estar saliendo de una prisión. Entre sus múltiples fobias estaba la de ser encerrada y perder para siempre la oportunidad de ver la luz del día, eso le generaba la presencia de su padrastro. Tenía un recuerdo imposible de borrar: En una noche de luna llena, mientras estaba por quedarse dormida, escuchó un ruido al interior del baño de su cuarto. Era Joseph, en sus ojos percibió se escondía una mirada lasciva. Beatriz principió a dar unos gritos aterradores, que posiblemente se oyeron a 2 cuadras de distancia, mientras el novio de su madre le decía: —No hagas un alboroto, que ya me voy—Abandonó la habitación inmediatamente, como si nada hubiera sucedido, porque temía ser descubierto por los vecinos, o por su propia madre, que no tardaría en llegar. Al final, Joseph amedrentó a Beatriz y la amenazó con hacerle daño a su madre si osaba revelar algo de aquel día. Esta experiencia y otras donde, desde el cambio de su complexión física -por la llegada a la pubertad- atraía la mirada de los extraños y del propio Joseph, la habían distanciado de los hombres en general, con excepción de Uriel. Aquella "maldita noche" como ella la llamaba, no durmió nada, este incidente se mantendría en su memoria por el resto de sus días.
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