Lo que había sucedido con Uriel fue lo siguiente: estando, aquella noche, en la playa inexplorada, en tanto estaba desmayado, fue raptado por una manada agresiva de orcas. Con un proceder muy habilidoso, lo trasladaron al mismo islote donde lo llevó la gran ballena. Se encontraba atrapado con otros humanos. Al despertar, se percató de que estaba frente a una orca, de complexión robusta, de unos 9 metros de largo. Manifestaba retarlo, con un talante violento. Estaba -el animal- muy cerca de la orilla. El islote estaba circundado por unas 20 orcas. Las vocalizaciones que producían llegaban hasta los 1500 Hz, a diferencia de las vocalizaciones de las ballenas, cuya máxima vocalizacion de frecuencia llega a los 524 Hz. Las personas atrapadas no renunciaban a quejarse. Muchas parecían b

