Beatriz unió sus manos a las de Teresa en señal de oración. Teresa, pese a las circunstancias, parece que iba a fallecer con toda la integridad y dignidad del mundo. Ella dijo: —Dios mío, por tu amor lo acepto todo. Era la segunda vez que la muerte llamaba a su puerta a través de las llamas. Spondylus se desplazó -por medio de las manos unidas- al cuerpo de Teresa. Beatriz apreció como el cuerpo de su amiga vibraba en extremo, como no había ocurrido ni siquiera en su propio cuerpo. El animal se apropió del nuevo cuerpo, especialmente del eje cerebroespinal. De la espalda de Teresa, concretamente de las vértebras dorsales, brotaron dos huesos con similitud a las extremidades anteriores de las aves, que duplicaban en estatura a Teresa. De los huesos de la columna, a los brazos de la chi

