Capítulo II: Miradas.

1432 Words
Contrario a lo que creía este hombre frente a mí, no voy a dejar que haga lo que quiere. No he venido aquí por nadie más que por mi padre, no permitiré que haga lo que le dé la gana solo porque así lo quiera. —No es necesario que hagas una revisión médica a todos los reos, es una pérdida de tiempo —gruñó el comisario mirándome bajos su ojos negros los cuales me intimidaban de cierta manera. —Yo no lo veo de esa forma, si vine aquí fue a hacer mi trabajo. Además he solicitado el permiso y ha sido concedido como puede ver comisario, solo queda de su parte decirme el día que empezaré. —Tardará semanas, señorita Aleksandrov, no hay ninguna enfermera aquí aparte de usted —agregó él por medio de un gruñido pero no le presté atención alguna. —Soy doctora, no enfermera. Podré arreglármelas por mi cuenta, lo único que pido es que haya un guardia en la puerta de la enfermería por cualquier cosa que pueda pasar. Voy a organizarlo todo y empezaré a partir de mañana ¿Está bien? —le pregunté aún viendo la censura en su rostro. —Si así lo quiere entonces bien. El comisario no dijo nada más y salió de la enfermería evidentemente molesto mientras que una sonrisa se formaba en mi rostro. Ni ese hombre, ni nadie iban a detenerme. Lo principal para mí es la salud de mi padre. Pronto dejé caer mi espalda a la silla en la que estoy sentada al mismo tiempo que un suspiro sale de mis labios. Es mi primer día aquí y apesar de eso ha sido agotador. Estuve archivando unas historias médicas desordenadas además de organizar toda la enfermería y dejarla justo con mi toque. Al parecer la persona anterior a mí era un poco descuidada con los detalles, cosa que yo no soy en absoluto. De repente mi estómago gruñe en protesta sacándome de mis pensamientos. Enseguida busqué mi móvil para llamar a Ryanair quien no tardó demasiado en contestar el móvil. —Estoy muriendo de hambre ¿Cenamos? —le pregunté levantándome de la silla para tomar mi bolso y salir de la enfermería. —Hola a ti también rayo de sol —bromeó él y yo entorné los ojos pero secretamente sonreí por ese apodo que me gustaba tanto—. Precisamente estoy cenando, sin embargo, no sé si te gustará demasiado cenar aquí, estoy en comedor, donde también hay reclusos. Pero puedo llevarte algo de comer a tu habitación... — ¡No! Es decir, quizás pueda ver a mi padre por ahí, no voy a permanecer completamente encerrada aquí Ryan, no es posible. Ya voy para haya, pide algo delicioso para mí. Antes de que pudiera decir algo más le colgué el teléfono sintiendo como mi corazón se aceleraba poco a poco y mis mejillas extramente se sentían calientes como si estuvieran sonrojadas. La horrible verdad es que no había pensado primordialmente con ver a mi padre cuando Ryanair me dijo que estaba en el comedor. Lo cierto es que a mí mente vino ese hombre de aspecto vikingo que aceleró mi corazón cuando lo vi, no obstante, con horror lo aparté de mi cabeza. Era una completa locura pensar en ese desconocido que es un recluso. Es absurdo y horrible. Negué con la cabeza planteándome que debió ser un acto reflejo. Nadie puede negar que ese hombre es pecaminosamente guapo. Pero nada más. Desvié mis pensamientos en dirección a Ryanair, siempre había estado enamorada de él desde que lo conocí. Luego nos hicimos mejores amigos pero nunca fui capaz de confesarle mis sentimientos. Aún me gusta pero... De alguna manera ahora se siente diferente. Entré en el comedor y de inmediato la mirada de todos fue en mi dirección. Soy la única mujer aquí así que es obvio el porqué soy el centro de atención. Mi lengua se deslizó nerviosa por mi labio inferior pero traté por todos los medios de que nadie notara mi nerviosismo mientras caminaba en dirección de Ryan. Mis ojos inevitablemente buscaron a mi progenitor sin embargo no pude encontrarlo por ningún lado. Probablemente ya se hubiera ido a su celda. Miré al frente fijando mi mirada en Ryan quien estaba al pendiente de todos a mi alrededor con el ceño fruncido y cuando sentí una mirada inquietante que hizo estremecer mi cuerpo, aceleré el paso hasta llegar a Ryan. Mi amigo cambió todo rastro de tensión por una sonrisa en cuanto me senté frente a él. —Mi padre no está. —Acaba de irse, no comió demasiado. Probablemente esté molesto porque estás aquí —afirmó él y yo asentí. Una vez más dejé que mi mirada vagara por el lugar hasta que mis pupilas se detuvieron justo en ese vikingo que hace que mi corazón se acelere. Sus orbes también están clavadas en mí como si quisiera decirme algo por medio de su mirada y yo tragué saliva antes de apartar la vista rápidamente de él. Definitivamente estoy loca. Ese hombre es peligroso. Por más impactante que sea es un delincuente. Miré a mi mejor amigo una vez más tratando de evitar la mirada de ese hombre. —Pedí esto para ti —me dijo Ryan deslizando la comida en mi dirección y fue inevitable no sonreír ante lo que había pedido. —No puedo creer que aquí hagan crepas con Nutella. —No lo hacen, solo tuve que mover mis influencias —bromeó él y yo reí suavemente. —Es decir que eres influyente. —Lo soy, rayo de sol. Quédate cerca de mí y lo verás. Él me guiñó el ojo burlón pero no pude contener mi sonrojo y para que no lo viera bajé mi cara para cortar la crepa y llevarla a mi boca. Un gemido escapó de mis labios cuando mi boca hizo contacto con el sabor de la comida el cual explotó en mis papilas gustativas. —Está delicioso —afirmé a Ryan antes de alzar la cabeza y mirarlo. Vi que él se quedó ligeramente paralizado mientras que todo a mi alrededor se volvió silencioso desconcertándome un poco. — ¿Qué pasó? —pregunté confusa y antes de que él pudiera responder a mi pregunta, de repente el infierno se desató en el comedor. Se escuchó un fuerte golpe y enseguida todos los reos se levantaron creando un círculo que dificultaba la visión para saber quiénes estaban en medio de una pelea. Sin embargo antes de que eso sucediera pude ver perfectamente quién fue. El golpeado fue un tipo moreno, delgado y con un aspecto peligroso y el agresor, para mi aturdimiento fue el vikingo que hace segundo me había estado mirando. Sorprendida me había dado cuenta de lo rápidos y certeros que eran sus golpes. Su mandíbula se había apretado mientras miraba a su contrincante con odio. Lucía como un verdadero guerrero y pronto me reprendí a mi misma por pensar de esa forma sin embargo es imposible no fijarme en como se contraían sus fuertes brazos al hacer un movimiento. Los guardias de seguridad corrieron a la escena pero antes de que pudieran llegar los reclusos abrieron un espacio volviendo a mostrarnos a los protagonistas de la escena pero ahora el vikingo tenía sometido sobre el suelo al otro hombre. —Pídele perdón a la doctora por lo que dijiste —dictó el rubio mirando a su contrincante aún con rabia. Yo abrí mi boca sorprendida de que todo esto hubiera sucedido por algo que ese hombre había dicho sobre mí y sentí a Ryan tensarse a mi lado. Al no haber una respuesta por parte del moreno, el vikingo golpeó su mandíbula contra el suelo haciendo sollozar al otro. —Lo siento, lo siento doctora. Yo no quise decir eso, me disculpo —habló de forma urgente y llorosa el moreno pero yo no salí de mi sorpresa. Los guardias tomaron al vikingo separándolo del otro para llevárselo mientras que Ryan se llevaba al moreno, sin embargo mis ojos no se apartaron del vikingo ni siquiera cuando salió de mi campo de visión. Realmente... Ese hombre me había defendido de cualquier cosa fea que el otro había dicho. No pude estar más sorprendida. Algo se agitó dentro de mi así que como una niña. Tomé mis crepas y me fui a mi habitación asignada sin dejar de pensar ni siquiera un segundo en lo que había pasado en el comedor sintiendo como mi corazón latía cada vez más de prisa mientras yo no entendía qué estaba pasándome.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD