Aksel
Apreté los puños con fuerza sin poder creer lo que veía.
Desde la primera vez que vi su precioso rostro no se pudo borrar de mi cabeza otra vez sin embargo jamás la había visto en persona y la foto que tenía de ella no hacía justicia con su belleza real.
Nunca me gustan las mujeres más de lo s****l pero definitivamente había algo en ella que me hacía perder la cabeza, que hace que todo dentro de mí ruja clamando que ella es completamente mía incluso aunque no lo sepa aún.
Michael Aleksandrov era solo un hombre mayor al que nunca le había prestado demasiada atención.
Un día, cuando estábamos en las duchas, al viejo se le cayó algo del bolsillo.
Yo lo recogí por él e iba a llamarlo para dárselo.
Juro que iba a hacerlo.
Solo que soy un bastardo total.
"Mi pequeña Kalenah, te amo hija."
Eso era lo que decía la inscripción de la fotografía. Cuando giré la imagen que se le había caído al hombre mi respiración se cortó por un momento y verdaderamente sentí como mi mundo se detenía en ese preciso instante.
Jamás había detallado una foto como lo hice con esta y me quedé completamente embelesado con ella.
Kalenah.
Su nombre se repetía una y otra vez en mi cabeza como una especie de eco.
Cuando cerraba los ojos ahí estaba ella, tan perfecta como siempre.
Cabello castaño oscuro casi llegando al n***o, este brillaba bajo la luz y no era demasiado largo pero aún así me hizo desear pasar mis dedos por la hebra de sus cabellos.
No fue su cabello lo único que me mantuvo en vilo durante esa noche que la vi por primera vez.
Toda ella lo causó.
Sus preciosos ojos café.
El oyuelo en su mejilla al sonreír.
Su tentadora boca arqueándose en una sonrisa alucinante.
Toda ella gritaba perfección y juro por Dios que desde ese mismo día la deseé para mí.
Hacerla mía iba mucho más allá de lo s****l.
Quería hacerla mi mujer.
Darle todo lo que se merece y mucho más.
La necesitaba como el aire para respirar.
Es por eso que a partir de ahí llamé a mi hombre de confianza afuera de este maldito lugar y le pedí que la protegiera.
Si algo malo le pasaba a mi ángel las cosas iría muy mal para él.
Ivar la ha cuidado por casi cinco años, durante ese tiempo mi obsesión no disminuyó, incluso se hizo más fuerte a tal punto de que soñaba con ella siempre.
Kalenah se convirtió en lo más importante para mí incluso aunque ella no lo sepa aún.
Supe que obtuvo su título de doctora hace un poco más de un año y que además amaba su trabajo por eso me quedé en shock no solo cuando la vi en persona por primera vez, sino también cuando escuché que sería nuestro médico encargado.
Al instante que puso un pie en este lugar de mierda todo mi cuerpo se puso en alerta.
Mi corazón se aceleró con fuerza como si fuera un maldito crío y lo peor fue cuando la sangre se concentró en un lugar específico.
Mi m*****o estaba duro solamente con captar la ligera fragancia que usaba con tan solo pasar cerca de nuestra mesa sin saber que el cazador ha puesto los ojos en ella.
Como cuando la vi por primera vez mi mundo se detuvo pero esta vez fue mucho peor, un instinto salvaje golpeó en mi interior reclamándola como un desquiciado.
Anhelándola como una droga.
Ella es mía.
Aún no lo sabía pero iba a convertirse en mi esposa.
La madre de mis hijos.
Mi mujer.
E iba a tenerla incluso aunque me costara la vida.
No pude apartar la mirada de ella ni siquiera por un segundo.
Incluso cuando Ivar me envíaba sus fotos actuales estas no mostraban la verdadera belleza de mi dulce ángel, no le hacía justicia ni siquiera un poco.
Su cabello estaba atado a una coleta alta que encendió un fuerte deseo dentro de mí, ¿Qué se sentiría jalar esa coleta mientras su boca delicada hacía maravillas con mi polla?
Maldije por lo bajo al mismo tiempo que contemplaba su perfecta silueta.
Llevaba un conjunto conservador de color n***o pero aún así se veía para mí como la más grande de las tentaciones.
Ella estaba aquí para quedarse y como llevaba haciendo desde hacía mucho tiempo iba a protegerla pero ahora con mis propias manos.
Por un momento me miró fijamente y creí sentir como mi corazón se detuvo durante una fracción de segundos.
Ella me recorrió lentamente calentando mis venas.
Haciendo que deseara tomarla en mi hombro como un cavernícola y llevármela de allí para follarla como llevaba años deseando.
Sin embargo logré mantener la calma aunque fue una misión difícil.
Todo mi cuerpo estaba en tensión, no solo por el deseo devastador que me recorría sino también porque quería mantener la mirada de todos estos bastardos lejos de ella.
Nadie va a mirarla más que yo porque Kalenah me pertenece.
Es completamente mía y nació para serlo.
Estoy listo para mostrárselo al mundo.
Por eso cuando escuché a Zurich hablar de forma lasciva de ella perdí los papeles y no pude contenerme.
El hijo de puta había dicho que la boca de mi ángel era perfecta para meterse su polla en la boca y no lo dejé terminar bien su asquerosa frase sino que salté sobre él lleno de furia.
Hize que se disculpara pero no fue suficiente.
Quería hacerlo pagar por tener ese sucio pensamiento de mi ángel.
Ya buscaría la manera de hacerlo y con este hacerle entender al resto que Kalenah Aleksandrov es mía contrario a lo que ellos crean.
Me importó una mierda ser llevado a la celda de castigos solo por ella aunque para mi sorpresa los malditos guardias no intentaron golpearme como antes hubieran hecho.
En lugar de eso me dejaron aquí solo y al cabo de unos segundos la celda volvió a abrirse mostrando la cara de Ryanair Daskalov y enseguida apreté los puños mientras mi mandíbula se tensaba.
No me perdí del sonrojo que mi ángel había tenido al estar cerca de este bastardo y eso es algo que no me gustaba para nada.
— ¿Por qué hiciste eso Velichkov? —me preguntó nada más entrar a la celda.
— ¿De qué estás hablando Daskalov? Yo soy un caballero —respondí burlón haciendo que se irritara.
—No vas a posar los ojos en ella —gruñó la advertencia y tuve ganas de reírme en su cara sin embargo no lo hice.
Absolutamente nadie en este maldito mundo puede alejarla de mí.
Ni en esta vida ni en las que vienen.
—Ella ya es mía —declaré y como imaginé el puño de Ryanair voló a mi cara con fuerza sin embargo era demasiado insignificante para mi.
Tomé su puño apretándolo provocando una mueca en su rostro antes de que finalmente lo soltara aburrido con su debilidad.
— ¡Eso jamás va a pasar, bastardo!
Y antes de que yo pudiera decirle algo él se fue de ahí de inmediato mientras que una sonrisa se deslizaba por mi boca.
Todos podían amenazar.
Pero no mentía cuando decía que nadie iba a alejarla de mí.
Y esa era una promesa que llevaba haciendo por muchos años.
Mi ángel pronto lo sabrá.
Solo tengo que enamorarla primero y después convertirla en mi reina.