—No estoy de acuerdo con esto rayo de sol.
Ambos entramos a la enfermería cargando cajas que me ayudarían para el programa de salud que llevaré a cabo.
—Ryanair, este es mi trabajo. ¿Qué debería hacer?
Ryan colocó las cajas con los tubos de recolección sobre la mesa del consultorio.
Él me miró bajo sus largas pestañas soltando un suspiro haciéndome saber que realmente le molestaba mi decisión.
Entiendo que quiera cuidarme al igual que mi padre pero debe entender que este es mi trabajo.
—Sé que estás aquí para sanar a los reos y a quien te necesite —continuó—, pero eso no quiere decir que tengas que examinarlos a todos.
—Es mi obligación como médico Ryan, además, también es una excusa perfecta para hacerle un chequeo rutinario a mi padre.
—Él no estará de acuerdo de todas maneras, lo sabes.
Dejé salir un suspiro de mis labios y asentí.
—Lo sé pero es una obligación que él no puede eludir.
—De acuerdo, hagamos esto —asintió a regañadientes Ryanair.
(...)
— ¿No vas a hablarme papá?
Después de tomar su presión arterial y darle los medicamentos necesarios finalmente le hablé otra vez dado a que me había estado ignorando durante todo este tiempo.
—Sabes que no me gusta que estes aquí, es muy peligroso para ti. Eres una buena chica y no mereces esto.
Podía ver la angustia en sus ojos, sin embargo tengo que pasar por este proceso, es necesario.
—Tú tampoco lo mereces papá —le recordé, después de todo su estancia en este lugar es culpa de esa mala mujer que solo llegó a su vida para dañarla en la mayor manera posible—. Escucha, estuve ahorrando durante un tiempo para pagar un buen abogado que pueda sacarte de aquí y...
—No vas a gastar tu dinero en mí Kalenah.
Apreté mis labios recordando lo cabezota que era pero para su desgracia yo soy igual que él, no me rindo fácil.
—Papá, no seas cabezota ¿Sí? Vamos a estar bien, podrás ir a casa y volver a ver a Sashka.
Vi enseguida el momento exacto en el que sus ojos se llenaron de lágrimas y los míos se agüaron de inmediato.
Coloqué mi mano sobre la de él causando que mi padre la apretara con fuerza.
—Te eché tanto de menos mi niña, ¿Cómo está mi pequeña Sashka?
Casi suelto un suspiro de alivio percibiendo la aceptación finalmente de mi progenitor.
—Ella está bien, confía en mí para sacarte de aquí papá, pronto lo haremos —le dije llena de esperanza a lo que él me respondió con una sonrisa.
—Eso espero mi niña.
(...)
Obviamente no había podido ver a todos los reos en un día, mucho menos yo sola así que para mi sorpresa el comisario contrató a una enfermera momentanea para ayudarme en este proceso, lo organicé todo para que lo hicieramos en tres semanas y esta es la última.
Por suerte aparte del chequeo general que estábamos haciendo Tanya y yo, solo había atendido a un par de hombres que estaban enfermos.
El siguiente hombre en la lista es Aksel Velichkov.
30 años de edad...
La puerta se abrió repentinamente dejando entrar al reo al que debía pertenecer ese hombre.
Cuando levanté mi mirada para enfocar mi visión en el recién llegado me quedé estática en el lugar captando que este era el hombre que me había llamado la atención semanas antes con nada más llegar a este lugar.
No nos habíamos topado otra vez pero de vez en cuando sentía como si estuvieran mirándome y no sé por qué en mi absurda cabeza imaginaba que era él quien estaba al pendiente de mí.
Estúpido, lo sé.
Sin embargo ese pensamiento no parecía abandonarme ni siquiera por un momento.
—Por favor, siéntate —le pedí suavemente bajando la mirada al papel que tenía en mi escritorio evitando sentir esa abrumadora conexión que me llevaba de una manera extraña.
Ese día, cuando me había defendido, estúpidamente me había sentido como una princesa al rescate, aunque Aksel tenía más el aspecto de un villano que el del príncipe del cuento.
Aksel.
Que bonito nombre tiene.
Pensé para mí como una tonta y me sonrojé al instante por lo que cubrí mi rostro con la hoja que estaba sosteniendo fingiendo leer para no exponerme.
Escuché que él obedeció en silencio aunque aún podía sentir su mirada penetrante sobre mi.
— ¿Tienes alguna patología que necesite saber? —le pregunté apretando la hoja con más fuerza de la requerida debido al nerviosismo que me causa su mirada inquietante y penetrante encima de mi.
Es como si de alguna manera estuviera analizando cada parte de mí y es sumamente incómodo.
No hay demasiado en las fichas médicas dándome a entender que quien estaba antes que yo no hacía las cosas demasiado bien.
—Estoy sano —fue su respuesta final al cabo de unos segundos.
Aún me sorprende el tono de su voz, oscura y puramente masculina, cautivadora, pero trato de que por ningún motivo se note en mi expresión facial cuando coloco la hoja sobre el escritorio nuevamente.
Este es un hombre que puede llegar a ser peligroso.
A eso se debe mi intranquilidad.
Sin embargo secretamente sé la verdad.
Ninguno de los hombre que antes han pasado al consultorio han hecho que me sienta de esta forma aunque trato de apartar esa absurda ansiedad que crece con cada mirada.
En la puerta hay un guardia que me protegerá de cualquier peligro.
Pero no de la tensión abrumadora que hay a nuestro alrededor.
Pienso enseguida no obstante ignoro el pensamiento.
Contengo el aliento por un instante justo en el momento que mis ojos se alzan para encontrarme con los suyos impactantes aunque me esfuerzo por no hacerlo notorio.
De prisa me levanto tomando mi estetoscopio y señalo la camilla distanciando mis orbes de las suyas.
—Sube ahí, voy a hacerte un chequeo —dicté no obstante me di cuenta de que él no se movió por lo que fruncí el ceño y una vez más fijé mi mirada en ese enigmáticos hombre.
Súbitamente se levantó en ese instante provocando que mi corazón saltara dirigiéndose al fin a la camilla, acto seguido se sentó despreocupadamente con sus poderosas piernas abiertas. Fue ineludible para mí contemplar a este espécimen tan magnífico ante mis orbes, toda su masculinidad irradia un poder absoluto como si fuera dueño y señor del lugar. Es una belleza nórdica la que lo envuelve llamando mi atención como abeja a la miel a pesar de que trato de mantener el profesionalismo a toda costa pero no soy inmune ante su oscura magnificencia.
Es caliente y tentador.
Sin embargo aparto el pensamiento tan rápido como llegó centrándome en mi deber.
Respiro entrecortadamente cuando me acerco a él con pasos cortos colocándome las olivas del estetoscopio en mis oídos y tomo el tubo suavemente logrando con proeza que mis manos no tiemblen con torpeza ya que jamás me había sentido así de influenciada por un paciente, mucho menos por uno que está en la prisión Dios sabe porqué.
—Levántate la franelilla —le pedí con voz firme.
Sin embargo en mi interior no mostraba esa misma entereza. No ayudaba que él me mirara con esa vehemencia desconcertante que me tenía al borde de la locura.
Arqueó una ceja haciéndome sentir por un momento como una adolescente avergonzada ante su crush por lo que rápidamente aclaré para qué lo quería a pesar de que el hombre ya estaba haciendo lo que le pedí sin protestar.
—Necesito examinarte con el estetoscopio...
Mis palabras perdieron fuerza cuando en vez de mantener su camisa arriba el vikingo arrancó la tela de su piel dejándola completamente expuesta por lo que al instante me percaté de cada parte de su pecho olivaceo. Estaba libre de vello corporal pero esta parecía ser una característica propia y no producto de algún depilador, sus pectorales estaban marcados al igual que un six pack perfecto con el que sabía que cualquier mujer soñaría.
Aunque sus brazos musculosos y expuestos ya me habían dado una idea de lo que se escondía detrás de su franelilla.
Avergonzada entendí que quería alargar mi mano y tocar su cremosa piel solo para saber cómo se sentía el tocarla.
Me reproché el haber perdido mi cordura centrándome en lo que realmente importa, el exámen.
—Solo debías alzarla —murmuré acercando el tubo a su piel para apoyar la campana en la parte lateral izquierda superior del tórax.
—Lo hice más fácil para los dos —agregó él.
Joder.
Su voz tiene un poder extraño y pecaminoso sobre mí lo que me dicta que eso es muy malo.
—No hables —dije con más brusquedad de la que quería—. Inhala y exhala.
No lo miré a la cara porque supe que mi demanda probablemente le había desagradado pero necesitaba controlarme.
Lamentablemente con él hablándome mi cordura pendía de un hilo.
Aksel hizo exactamente lo que le pedí así que pude examinarlo con facilidad.
Lo rodeé para luego apoyar la campana en la espalda al lado izquierdo de la columna vertebral pidiéndole que inhalara y exhalara una vez más y el mismo procedimiento para el lado derecho.
Volví a mi posición inicial de nuevo para luego ir a por una jeringa colocándome otra vez la manguera del estetoscopio alrededor de mi cuello.
—Para descartar cualquier enfermedad voy a sacar un poco de sangre para un exámen de hematología completa —le aclaré, pese a esto su respuesta nunca llegó a mis oídos.
Una vez más volví a acercarme a él sintiendo el calor que irradia su cuerpo cerca del mío.
Esto no es nada profesional Kalenah, relajate.
Murmuré mentalmente llenando el algodón de alcohol para limpiar la piel de su brazo.
Mi corazón saltó repentinamente cuando me tocó tomar su antebrazo para hacer saltar su vena y que fuera más fácil encontrarla.
Inevitablemente mis pupilas se alzaron hasta las suyas encontrándome con estas al mismo tiempo que mi respiración se agitaba poco a poco.
Bajé mi mirada otra vez enfocándome en lo que necesitaba hacer.
Abrí la jeringa ignorando olímpicamente la conexión extraña que había surgido entre nosotros o que por lo menos yo pude experimentar.
Saqué la sangre mientras percibía su inspección inquietante en mí.
Me aparté de él para almacenar la sangre en un tubo de recolección.
—Todo parece normal pero lo confirmaremos cuando lleguen los exámenes de laboratorio —le dije antes de voltearme y cuando finalmente lo hice su mirada seguía imperturbable sobre mi piel quemándome—. Puede colocarte la franelilla.
Fui a sentarme en mi silla para completar el exámen y escuché sus pasos venir en mi dirección lo que causó que todo mi cuerpo se pusiera alerta mientras mi vientre cosquilleaba.
—Entonces doc ¿Tengo permiso para hablar? —la pregunta me hizo morder mi labio inferior con ligero nerviosismo.
¿Él estaba burlándose de mí?
Alcé mi cabeza para observarlo aún sin liberar mi labio de los dientes.
Joder, él es muy alto.
Las reacciones de mi cuerpo fueron incomprensibles.
El vínculo entre nosotros inenarrable.
Él estaba tratando de intimidarme pero no fue posible porque no lo iba dejar hacerlo.
No esta vez cuando la distancia me hace más segura de mi misma.
Mi mentón se alzó retadoramente al mismo tiempo que mis ojos se entrecerraron.
—Ahora puedes —solté altanera y por primera vez vi un deje de sonrisa curvar ligeramente su boca pecaminosa.
Su iris se expandió sin apartar sus ojos de mi rostro recorriéndolo por completo, analizándolo como si buscara algo en mí que no pude comprender.
A penas estaba tratando de apartar el sentimiento que había causado dentro de mí ver su sonrisa, aunque fuera a medias.
Lo hacía ver como un hombre real y no como el robot que había estado tratando de intimidarme durante toda la consulta.
— ¿Qué sigue ahora? —me preguntó después de un par de segundos en silencio.
—Puedes irte, los resultados de los exámenes serán publicados en el comedor.
Volví mi mirada al papel usando este como una excusa una vez más para aplacar mi nerviosismo molesto.
Lo escuché caminar en dirección hacia la puerta de salida pero me sorprendió cuando me llamó.
—Doc —lo encaré sin saber qué va a decirme colicionando con esos misteriosos ojos suyos y él continúa—. Ha sido un placer.
Su voz ronca erizó el vello de mi piel sin siquiera saberlo marchándose enseguida, por mi parte cerré mis ojos dejando mi cabeza descansar sobre la silla en mi espalda.
Este hombre.
Aksel, es demasiado peligroso para mi.
Por suerte está sano y puedo evitarlo a toda costa.
Estoy aquí solo por mi padre.
Me recuerdo y vuelvo mi mirada hasta la puerta de nuevo.
—Que pase el siguiente, por favor.