Capitulo 72

1689 Words

Alya Fuentes El sonido de la lluvia golpeando contra los ventanales del despacho era lo único que llenaba el vacío insoportable que siguió a la confesión de Mateo. Me sentía pequeña, minúscula, como si el aire de la habitación se hubiera espesado hasta convertirse en cemento fresco, atrapándome los pulmones. No podía apartar la vista de la nuca de Mateo; su espalda, ancha y firme, era la única barrera que me separaba del abismo que ardía en los ojos de mi madre. Mi madre no gritó. No se lanzó sobre nosotros ni rompió a llorar de forma histérica. Ese era el verdadero terror. Se quedó de pie, con una mano apoyada en el borde de su escritorio de caoba y la otra acariciando su vientre de forma rítmica, casi mecánica. El silencio se prolongó tanto que pude oír el latido desbocado de mi propio

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