Narra Mateo Montes Capitulo 71 El sonido de la puerta del archivo al cerrarse contra el marco de madera fue como el disparo que da inicio a una ejecución. Me quedé inmóvil, con los pulmones ardiendo y el sabor de Alya todavía impregnado en mis labios, pero el mundo a mi alrededor ya no era el mismo. El silencio que siguió a los pasos de Ángel fue tan denso que podía sentirlo presionando mis oídos, una frecuencia sorda que anunciaba el fin de todo lo que habíamos construido con mentiras. Miré a Alya. Estaba desmoronada, encogida contra las estanterías de metal como si esperara que el frío del acero la tragara entera. Sus ojos, antes encendidos por la confesión, ahora estaban vacíos, empañados por un terror que la hacía temblar de forma violenta. —Ángel... —susurró ella, y el nombre sonó

