Capítulo 30

1549 Words
Camila llegó al apartamento de Nick y entró usando la contraseña, ya que la conocía. Clara la vio y corrió a darle un fuerte abrazo. —¡Guau, Camila, te ves increíble! —dijo Clara, observándola de arriba abajo. Camila llevaba un vestido amarillo sin hombros que combinaba perfectamente con su tono de piel. Su cabello, cuidadosamente arreglado, caía sobre sus hombros y espalda. —Siempre he sido hermosa —respondió Camila con una sonrisa orgullosa. Siempre se había sentido segura de su belleza. —Por favor, pasa —dijo Clara, haciéndola entrar. Camila miró a Nick, que seguía concentrado en su videojuego, y frunció el ceño. —Nick, ¿cuándo vas a madurar? —preguntó, arqueando una ceja. Nick apartó la vista de la pantalla y la examinó de pies a cabeza con una amplia sonrisa. —Mírate nada más… Se levantó y la abrazó con una sonrisa burlona. —¿Cuánto tiempo llevas casada? ¿Una semana? Y ya estás actuando como mi hermana mayor. Camila frunció el ceño. —Eres tan molesto como siempre —dijo, sentándose en el sofá. Nick arqueó una ceja. —Sigues siendo la misma Camila que conozco desde la infancia —comentó, riendo. Ella sabía que siempre intentaba provocarla. —Entiendo tu punto, Nick. Ahora sigue con tu juego, no vine aquí para admirarte —respondió, girándose hacia Clara, que los observaba divertida. Nick notó la bolsa que Camila llevaba en la mano. —Trajiste algo —dijo, acercándose curioso. Camila sonrió. —No actúes como un niño corriendo hacia su hermana mayor por galletas. —Está bien, su alteza —respondió Nick con una sonrisa irónica—. ¿Qué hay en la bolsa? —Nick, retrocede —intervino Clara, arrebatándole la bolsa—. Ni siquiera estabas emocionado cuando te dije que vendría. —Y todavía no lo estoy. Solo me interesa lo que hay ahí dentro —contestó señalando la bolsa. Camila frunció el ceño. —¿No puedes decir al menos una pequeña mentira piadosa? —No —respondió Nick con un suspiro—. Además, ustedes las mujeres hablan demasiado. —Lamento decepcionarte, pero no compré nada para ti —dijo Camila, entrecerrando los ojos antes de mirar a Clara. —Estás bromeando, ¿verdad? —preguntó Nick, frunciendo el ceño. Camila sonrió y abrió la bolsa. —¡Tadaa! Nick miró el contenido y resopló con decepción. —¿Solo pasteles de fresa? Camila hizo una pausa y lo miró. —¿Y qué más esperabas? —¡Por favor, Camila! Sabes lo que me gusta. Deberías haberme comprado un nuevo programa para la PC —se quejó Nick. Camila lo miró sorprendida y se recostó en el sofá. —Nick, sigo sin trabajo. Nick arqueó una ceja. —Pero tu marido es rico. —¿Esposo? —Camila se burló—. No me hagas pensar en ese hombre. Había ido allí para aclarar sus pensamientos. Clara trajo cubiertos y salsa, y repartió los pasteles mientras comían. —¿Qué pasa con él? —preguntó Clara. —No es mi marido —soltó Camila con firmeza. Nick se rio con sarcasmo. —Están casados y todo el mundo fue testigo de la boda. Camila lo miró fijamente. Había querido sacar esos pensamientos de su cabeza, pero ahora el tema estaba sobre la mesa. Después de todo, eran sus primos; podía ser honesta con ellos. —Todo el mundo cree que estamos casados, pero ambos sabemos que no es así. —¿Ni siquiera hubo un momento agradable entre ustedes en el viaje después de la boda? —preguntó Clara con curiosidad. —No. No podemos hacer eso —respondió Camila con indiferencia. —Pero se besaron en la boda. Camila levantó ligeramente la comisura de los labios. —No. Fue falso, ¿no lo notaste? Usamos las manos para cubrir la vista del público. Nick y Clara la miraron con sorpresa. —Entonces, ¿qué hicieron en el viaje? —preguntó Clara, aún sorprendida. Camila les contó lo aburrido que fue el viaje y todo lo que Alexander le había dicho. —¿En serio? —los ojos de Clara se abrieron de par en par. —Será mejor que encuentre trabajo pronto —murmuró Camila. —¡Es horrible! —dijo Clara, frunciendo el ceño—. ¿Y dónde está ahora? —Salió a encontrarse con su amante —respondió Camila en voz baja. Nick la miró con compasión. —Lo siento, Camila, pero deberías intentar retenerlo. Ella se recostó en el sofá mientras terminaba su porción de pastel. —Tengo mejores cosas que hacer que aferrarme a alguien que no me ama. Dejemos de hablar de esa persona. Luego miró a Clara. —Clara, ¿has visto algún trabajo disponible para una recién graduada? —Sí, hay una vacante abierta —respondió Clara sin dudar. —¿En qué empresa? —Camila se inclinó hacia adelante, interesada. Siempre había querido trabajar. —En Finca Glammaly. —¿Propiedad Glammaly? —Camila tartamudeó. Ese nombre le resultaba familiar. Se detuvo y miró a Clara—. ¿Qué Finca Glammaly? —La empresa de tu marido. Camila se mordió el labio inferior y frunció el ceño. —Ese es el último lugar donde pensaría trabajar. —Oye, Camila —intervino Nick rápidamente—, podrías entrar sin necesidad de entrevista. Era la verdad, pero el Alexander que ella conocía nunca haría eso. Se odiaban, y ella jamás querría trabajar para él ni en su empresa. —Solo come. Clara, me iré a dormir a tu habitación —dijo Camila, levantándose del sofá. —Está bien. Pero ¿has visitado a tus padres? —preguntó Clara. —No. Visitar a sus padres significaba hablar de Alexander, y todavía estaba enojada con ellos por haberla obligado a un matrimonio sin amor. Para ella, se sentía como si la hubieran vendido. Camila entró en la habitación de Clara y se recostó en la cama. ¿Qué clase de vida estaba viviendo? Su esposo estaba con su amante y ella, en cambio, estaba allí, en casa de su prima. Había hecho tantos planes cuando aún estaba en la escuela… Todo lo que habría hecho si se hubiera casado con un hombre que la amara. Pero la vida no siempre nos da lo que planeamos. Suspiró. Necesitaba descansar y recuperar energías. Si iba a continuar con esa vida matrimonial, tendría que ser fuerte. Cerró los ojos y se quedó dormida. ---- Alexander Zack llegó a su mansión; sus amigos aún lo estaban esperando. —¿Todavía siguen aquí? —dijo mientras se sentaba junto a ellos y se aflojaba la corbata. —Te llamamos, pero no contestabas. ¿Qué pasaba? —preguntó Garrett. Una criada le trajo otra copa de vino blanco. Alexander tomó un sorbo y se reclinó en la silla. —Estaba con Renata. —Ahora eres un hombre casado, Alexander —le dijo Eric, arqueando la ceja. —Y no la amo —espetó Alexander—. Además, ella está de acuerdo con que vea a Renata. —¿Qué tan seguro estás de eso? —preguntó Blake. En ese momento, Gabby Walk salió de su habitación en el piso de arriba y los observó sin que se dieran cuenta. —No me preguntes —respondió Alexander, llevándose la copa a los labios. —Ya regresaste —dijo Gabby mientras bajaba las escaleras con los brazos cruzados. Se sentó y cruzó las piernas—. La próxima vez, atiende las llamadas de tus amigos y diles a qué hora llegarás. No puedo soportar comportarme bien con ellos si ni siquiera reconocen mis esfuerzos. Alexander miró a sus amigos con diversión. —¿Qué le hicieron a mi hermanita? —Le dijimos la verdad —murmuró Eric. Gabby puso los ojos en blanco. —Alexander, deberías tratar mejor a Camila —dijo Garrett, volviendo al tema. El ceño de Alexander se frunció. —¿Cuál es tu problema? —chasqueó—. ¡Si la quieres, entonces quédate con ella! Se pasó las manos por el cabello y se puso de pie. —Dejen de mencionar ese nombre cuando estoy presente. Subió las escaleras hacia su habitación, visiblemente enfurecido. —La odia —murmuró Eric. —No dije nada malo —se defendió Garrett, mirando a los demás. —Chicos… —los llamó Gabby. Todos voltearon a mirarla. Ella sonreía, y eso los dejó perplejos. —No pongas esa sonrisa diabólica otra vez —dijo Blake, frunciendo el ceño. Gabby enarcó una ceja sin dejar de sonreír. —Tengo un plan. Garrett puso los ojos en blanco y se acomodó en la silla. —Odio tus planes. —Yo también —añadió Eric. —Escúchenme primero —dijo con seriedad. Todos se enderezaron—. Vamos a poner celoso a Alexander. Blake se burló y negó con la cabeza. —Nunca funcionará. Él no se pone celoso. —Todos los hombres se ponen celosos —afirmó Gabby con seguridad. —No Alexander —replicó Eric, suspirando. Gabby se recostó en la silla, mirándolos con determinación. —Entonces démosles espacio… a solas… juntos. —¿Ese es tu plan? —preguntó Garrett, rodando los ojos. —Es el plan B. —Eso no tiene ningún sentido.
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