Capítulo 29

1264 Words
Los amigos de Alexander llegaron a su mansión y Gabby les dio una cálida bienvenida, lo cual sorprendió a todos. —Bienvenidos, guapos. Por favor, tomen asiento —dijo con una sonrisa. Ellos se miraron entre sí y se sentaron. —¿Te drogaste hoy? —preguntó Garrett con desconfianza. —No, ¿por qué dices eso? —respondió Gabby, dedicándoles una dulce sonrisa mientras tomaba asiento junto a ellos. —Nada… —murmuró Garrett, sin atreverse a decir lo que realmente pensaba. Eric notó su incomodidad y decidió hablar en su lugar. —Estás rara hoy. —Y das miedo —añadió Blake. —¡Dejen de decir tonterías! —exclamó Gabby, haciendo que los tres guardaran silencio de inmediato—. ¿Qué puedo ofrecerles? —Nada —respondió Garrett, negando con la cabeza. —Yo tampoco necesito nada —dijo Blake. —Igual yo. Solo vinimos a ver a Alexander —añadió Eric, algo nervioso. Gabby frunció el ceño y luego se burló: —Son terribles. —Lo siento, princesa. Tomaremos vino —dijo Garrett, hablando por todos. —El vino suena bien —sonrió Blake. —Eso le vendrá bien a mi sistema —agregó Eric. Gabby sonrió complacida. —Muy bien. Aplaudió suavemente y una criada apareció de inmediato. —Señorita Gabby —dijo la joven, bajando la mirada con respeto. —Tráeme el mejor vino para mis invitados, por favor —ordenó Gabby con amabilidad. Siempre trataba bien a las sirvientas. —Sí, señorita. La criada se retiró. —Gabby —la llamó Garrett. —Sí, Garrett. —¿Tienes una cámara oculta aquí? —preguntó con sospecha. —¿Por qué? —respondió ella, sorprendida. —Estás actuando demasiado bien. ¿Cuál es la ocasión? —insistió Garrett. —Estoy asustado —añadió Eric. Gabby les dedicó una sonrisa cálida. —No lo estén. Hoy estoy de buen humor —les guiñó un ojo. —¿Y cuál es la razón? —preguntó Blake. —Alguien estuvo realmente feliz de ver mi medalla de oro y escuchar mis historias, a diferencia de ciertas personas a las que suelo contárselas —dijo, mirándolos a todos con intención. —¿Quién sería tan tonto como para emocionarse por tu medalla de la infancia? —murmuró Eric. Gabby arqueó una ceja. —¿Qué acabas de decir? —Nada, solo estaba pensando en voz alta —respondió Eric, señalando su cabeza. Gabby puso los ojos en blanco. —No arruinen mi buen humor. —Entonces deja de contar la misma historia una y otra vez —le aconsejó Garrett. En ese momento, la criada regresó y sirvió el vino en cuatro copas. Gabby arqueó una ceja. —Son todos tan molestos. Beban su vino y esperen tranquilamente a mi hermano —les dijo antes de darse la vuelta para irse. —¿Dónde está Alexander? —preguntó Garrett. —¡Siempre deben llamarlo antes de venir, no me pregunten a mí! —gritó ella mientras se alejaba. Eric soltó un suspiro de alivio. —¡Dios mío! Actúa como un camaleón, siempre cambiando de personalidad. —Tienes suerte de que no te haya jalado del cabello —comentó Blake. —Me pregunto adónde fue Alexander. No contesta sus llamadas —dijo Garrett, intentando llamarlo una vez más. —Eso solo pasa cuando está con Renata —respondió Eric, dando un sorbo a su vino—. Ella es muy importante para él. —Siempre estuvo a su lado cuando sus padres murieron. Son inseparables —añadió Blake en voz baja. En ese momento, Camila entró en la casa y escuchó parte de la conversación. —Esa dama… —murmuró uno de ellos. Todos se volvieron para mirarla. —¿No es ella? —dijo Eric, poniéndose de pie—. Señora Camila, ¿verdad? —preguntó, extendiendo la mano para saludarla. —Camila —respondió ella, estrechando su mano. —La novia hermosa —comentó Blake, y ella giró los ojos para mirarlo. Todos se presentaron formalmente. Era la primera vez que le hablaban así. La última vez que estuvo allí apenas la reconocieron por la noticia del matrimonio, pero ahora lucía transformada. —Lamento lo de la última vez. No sabía tu nombre entonces —se disculpó Garrett. —Está bien —respondió Camila con una sonrisa amable. —Estamos bien ahora, ¿verdad? —preguntó él. Camila asintió. Eric se inclinó un poco para observarla mejor. —Guau… es realmente hermosa —murmuró. —Somos amigos de Alexander —aclaró Blake, sin dejar de mirarla. —Sé que no está aquí ahora. Mejor subiré a mi habitación. Tómense su tiempo y disfruten sus bebidas mientras lo esperan —dijo antes de retirarse. —¡Dios mío! Se ve tan bonita ahora —susurró Eric. —Contrólate, Eric. Sé que se la habrías robado a Alexander el día de su boda —bromeó Blake. Eric dio un sorbo lento a su bebida. —Sí… Alexander no sabe lo afortunado que es. Garrett, ¿me equivoco? —Es maravillosa —respondió Garrett. Blake negó con la cabeza. —Oye, pervertido, también deberías apartar los ojos de ella. Garrett sonrió. —No tengo novia, ¿sabes? —¡Ja! Tú tampoco, Eric —replicó Blake. Garrett puso los ojos en blanco. —Deberías aprender a apreciar las cosas buenas, Blake. Blake sonrió. —Sé que es bonita. Los tres rieron entre dientes y continuaron conversando. Mientras tanto, Camila estaba recostada en el sofá de la habitación que ahora compartía con Alexander. Qué esposo tan considerado… pensaba con amargura mientras revisaba su teléfono, intentando no pensar en que él estaba afuera con su amante. ¿Por qué un hombre actuaría de esa manera? Incluso si no la amaba, ¿no debería al menos intentar controlarse? Exhaló suavemente. Sabía que aquel era un matrimonio sin amor. Su teléfono sonó y sonrió ampliamente antes de llevárselo a la oreja. —Hola, Clara. —¡Camila! —respondió Clara encantada al otro lado de la línea. —¿Cómo estás? —preguntó Clara alegremente. —Estoy bien, Clara. —¿Cómo estuvo tu viaje? ¿Y tu marido? Camila se burló internamente. Su esposo estaba ocupado con otra mujer y el viaje había sido terriblemente aburrido. Ese era el mundo en el que le tocaba vivir ahora. —¿Puedo ir a verte o estás viviendo un momento romántico con el rico heredero? —bromeó Clara. —Despierta, Clara. Eso es lo último que haría —respondió Camila. —Oye, no digas eso —la reprendió Clara. Camila suspiró. —¿Estás en casa? —Sí. —Voy para allá. Esta mansión es aburrida y te extraño —dijo Camila, levantándose para cambiarse de ropa. —Nick está conmigo —añadió Clara. —No importa. Aun así iré. —Está bien, te esperamos —respondió Clara antes de colgar. Luego se acercó a Nick. —Oye, Nick, Camila ya regresó y vendrá a casa. —Está bien —respondió él con indiferencia. —¿No puedes actuar emocionado al menos una vez? —Clara frunció el ceño. Nick se burló. —Camila no es una estrella ni una celebridad. ¿Por qué debería emocionarme? —¡Por Dios! —Clara cruzó los brazos—. Ustedes dos actúan como si fueran gemelos nacidos el mismo día. Nick sonrió. —Clara, deberías intentar jugar algunos videojuegos. Tal vez así mejores tu humor. Clara le lanzó una mirada fulminante. —Sigue jugando tú solo. Salió de la habitación enfadada. Su hermano era, definitivamente, un dolor de cabeza.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD