El teléfono vibró en el bolsillo de Alma. Pantalla iluminada: Unidad de cuidados intensivos – paciente crítico. No había tiempo para pensar. Se levantó de golpe, ajustó los guantes y corrió hacia la UCI, sintiendo que sus músculos ardían por la fatiga de la jornada anterior. Monitores pitaban, alarmas sonaban, enfermeras corrían de un lado a otro. Alma se lanzó sobre la camilla del paciente. Cada movimiento debía ser perfecto. Cada segundo contaba. —¡Presión arterial bajando! —gritó una enfermera. —¡Bomba de infusión, ahora! —ordenó Alma, con la voz firme pero con un temblor imperceptible. El procedimiento que aplicó, según todos los protocolos, falló. La presión arterial seguía cayendo, el ritmo cardíaco colapsó. Alma sintió que el mundo se le venía encima. Clara recibió los repor

