Capítulo 10

1542 Words
Abrí la puerta acomodándome la falda que al estar sentada unos segundos se había enrollado y me adentré en esa habitación esperando una orden del hombre que estaba sentado en su silla-trono que ahora era mi jefe. —Buenos días, señorita Helds ¿Se divirtió mucho ayer por la noche? — reprochó, sus palabras me hicieron sentir culpable por mi retraso en el trabajo, ya que debido a que salí ayer por la noche no pude dormir las horas necesarias para estar al cien el día de hoy, miré al suelo pensando que en realidad no debí irme de fiesta ayer por la noche con Giovanna. Ayer por la noche, espera... ¿Cómo sabe el que salí ayer en la noche? Alcé la vista sorprendida y lo miré a los ojos. —¿Cómo sabe usted que salí ayer por la noche? — dije instintivamente, quise gritar en ese momento, pero me contuve. ¿Es un espía? Él se levantó de su silla-trono acercándose a mí y se agarró la barbilla y se rozó los labios con el pulgar mientras me miraba fijamente, esta acción lo hacía ver extremadamente guapo, lo que hizo que se me erizara la piel de la cabeza a los pies. —¿Acaso no recuerda lo que pasó ayer? — contestó y yo abrí más los ojos. Repasé todo el día de ayer en mi cabeza estancándome en la parte en que llegaba a la mesa después de vomitar y no estaba Giovanna ahí sentada, no había nadie. Ahora que lo recuerdo no sé ni cómo llegué a mi casa y cómo acabé en calzoncillos. Sí este hombre me ha tocado, lo demandaré o si él sabe algo y no me dice igual lo demandaré. —¿No se ha preguntado cómo es que llegó a su casa? — me puse pálida y lo miré asustada a lo que él respondió riendo, esto último me resultó sumamente molesto e hizo que mi furia comenzara a crecer dentro de mí. —No tengo idea de lo que está hablando. — me crucé de brazos y el volvió a reír fuertemente, mis cejas se fruncieron instintivamente ante su risa que claramente estaba cargada de burla. ¿Por qué se burla? —Exactamente, no tiene idea de lo que estoy hablando porque estaba muy tomada ayer en la noche. — contestó sonriendo y yo me puse más pálida y molesta. —Yo no tomo. — alcé la voz, pero rápidamente me reprimí puesto que supuse que él se molestaría por alzarle la voz al jefe, pero, al contrario, Alexander comenzó a reírse más alto, si no estuviera molesta lo besaría ahora mismo por ser tan él, él es perfecto y me encanta ésta faceta de él: divertido. —Y yo soy horrible. — dijo riendo y yo fruncí el ceño. Él no es feo, es súper sexy pero no lo diría, maldito egocéntrico. —Lo eres. — contesté llena de valor a lo que él paró de reír y me miró serio, dios mío, qué miedo me da cuando me ve de ese modo. Se acercó a mi hasta cortar el aire que pasaba entre nosotros lo que hizo que aguante la respiración. —¿Lo soy? — me susurró tomándome de la barbilla para que lo mirara, se acercó a mis labios y eso hizo que automáticamente cerrara los ojos esperando el beso que deseaba más que nada. —¿Soy horrible? — volvió a decir cerca de mi oído y me ericé de arriba abajo. Contuve la respiración en espera del beso, pero éste no hizo lo que yo deseaba por más de dos segundos. Lo deseaba, deseaba que Alexander me besara y de verdad que lo deseaba, abrí los ojos y miré sus labios que aún se encontraban cerca de mí, así que con toda la fuerza que pude reunir dentro de mí y con mi pequeña pizca de valor lo tomé de las mejillas para estamparle un beso, sin embargo, él pudo darse cuenta de lo que estaba a punto de hacer así que me alejó con fuerza, dándome un pequeño empujón hacia atrás. No podría ser más humillante. Mi corazón se estrujo que hasta yo le escuché romperse, unas ganas enormes de llorar llegaron, pero no cedí esta vez. Me sentía frustrada, ultrajada y a la vez decepcionada, aunque lo quiera disimular era más que obvio que me ha dolido lo que ha hecho y mucho. —Si fuera horrible cómo usted comenta, no intentaría hacer eso. — espetó con su voz llena de frialdad, es increíble que una persona sea así con una otra y más con una que no ha hecho nada más ilusionarse con unos imposibles, él se sentó en su silla-trono y miró unos documentos que estaban ahí en su escritorio— Retírese. Asentí con la cabeza mientras mis lágrimas caían, agradecí internamente a mi cabello suelto que está enfrente de mi cara para que no me vea llorar. Me di la vuelta rápidamente con cuidado de no quedar de nuevo en ridículo que es lo que suelo hacer y me retiré de ese lugar. A éste hombre al parecer le gusta humillarme hasta el grado de hacerme llorar. Salí y me fui corriendo al baño para limpiarme las lágrimas que caían sin cesar de mis ojos, no puedo aguantar tanta humillación. Debería dejar de llorar por él, pero no puedo porque toda mi vida es un desastre, tantas cosas que me han pasado para merecer esto y lo peor que no lo puedo dejar porque necesito el dinero y sé que puedo hacerlo, ya que trabajando duro lo conseguiré, tengo que salir adelante. Tampoco me podía ir de la empresa ¿Cómo conseguiría otro empleo para mantenerme a mí, a mi tía Ross y a Jonathan? Ya que si no fuera porque me habían recomendado unos generosos amigos de mis papás que al morir se han comunicado conmigo para mandarme con Thomas Rickford estaría sin trabajo; mis padres conocían al señor Rickford porque él siempre ha sido su compañero de aventuras cuando eran pequeños. El señor Thomas Rickford al enterarse de lo que les había ocurrido a mis padres me ha ayudado sin rechinar, debido a que mis padres fueron unos amigos muy queridos, era muy buena persona, sin embargo, tener éste trabajo se resumía en la pena que él sentía por mi situación y también por eso decidió ayudarme en lo que estaba en sus posibilidades. Alexander es tan diferente al señor Thomas que hace que lo lindo que había sido conmigo se me devuelva al máximo con el dolor que me causa su hijo. Miro el reflejo de la chica desaliñada que se encuentra al otro lado del espejo después de entrar al baño, mis ojos estaban rojos y las lágrimas caían como si no se cansaran. Mi vida era lamentable, entiendo que todo lo que me ha pasado no se compara con otras personas que viven unas realidades más lamentables, sin embargo no podía dejar de lamentarme por lo deprimida que me sentía en éstos momentos; me quedo sola en otro lugar, mis padres mueren en un accidente de coche, del cual la culpa fue de un señor que estaba pasado de copas, lo más triste es que ahora ese hombre está en la cárcel cumpliendo su condena, pero eso no me devolvía a mis padres, mi hermano está en otro lugar y eso me hace sentir lamentable, ya que no puedo estar con él porque necesito trabajar para pagar sus estudios y los míos y aquí no hago más que sufrir por que la empresa me tiene como una guarra y el hombre que raramente quiero y es mi jefe me humilla una y otra vez. Me sueno la nariz nada femenina pero no me importó y me miro de nuevo en el espejo donde yacía a una mujer que siempre ha sido la manzana de la discordia en todos los aspectos. Esta es la vida que me ha tocado y tengo que vivir con ello, simplemente seguir adelante y tratar de hacer lo mejor que pueda. Después de unos segundos en el baño de lujo, miré a mi alrededor y recordé en donde me encontraba luego de que mi mente viajó a todos mis recuerdos que me deprimían, me encontraba trabajando en la empresa Rickford y ahora me iban a pagar más por ser una secretaria, yo ya formaba parte de los mejores pagados, ¿debería estar más relajada por eso? Claro que debería, porque, ahora podría superarme y claro que lo lograría. Salí del cuarto de baño un poco más motivada a seguir con mi vida luego de llorar como magdalena alrededor de unos diez minutos y me fui directo al que sería mi nuevo escritorio, era más grande porque era el principal de toda la empresa, era la segunda. Soy la secretaria del jefe, no del jefe de mi jefe, si no... del jefe, debo sentirme orgullosa con eso ¿o no? Miré nuevamente hacia la puerta de Alexander Rickford. Puedo hacerlo. Dije para mí misma y miré la carpeta que estaba en la mesa que me decían los informes pasados para estar al tanto de lo que tengo que hacer a continuación.
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