—Por favor, déjeme ayudarlo. —Dije llena de preocupación y con los ojos llenos de lágrimas, ahora sí, más que nada y él perdió el trabajo; no podré seguir estudiando y todo se irá al excusado. Todo depende de este hombre al que he manchado con café extra caliente.
-No. —Espetó molesto y yo sentí con más ganas de llorar ante el hecho de solo enojar a una persona y lo peor: lastimarla.
—Discúlpeme, yo no quería ...— mis lágrimas se juntaban de nuevo en mis ojos al mirar hacia la puerta de mi jefe abriéndose y este saliendo de su interior para mirarme con reprobación. Estoy más que muerta, estoy enterrada.
¿Qué ha hecho Helds? —Gritó el señor Gurmot y yo me limpié los ojos que ya me estaban fallando al soltar las lágrimas. —Señor ... lo ayudo. —Agarró a Alexander por los brazos para llevarlo a su despacho, pero esto se sacudió molesto y me miró con los ojos llenos de furia, qué rápidamente cambiaron a confusos al ver que estaba llorando, pero aún así así se vio molesto.
Bajé la cabeza esperando que me grite - Tú, a mi oficina ... Ahora. —Gritó mirándome y yo asentí con la cabeza con los ojos llenos de lágrimas. Perdió mi trabajo y mi vida, literalmente.
Él se fue dando zancadas y yo lo seguí con pasos cortos y con la cabeza gacha mientras de reojo miraba a los empleados que me veían con pena y negando con la cabeza, hasta ellos sabían que estaba perdida. Subimos el elevador en silencio y solo mira mis zapatos mientras mira su mirada fija en mí, mi vista de nuevo se puso borrosa, pero me aguanté secándolas. Él no me puede ver llorar, me despedirá y me iré tranquila porque hay más trabajos para universitaria que estudie medicina cómo yo ¿o tal vez no? ¡Claro que no! nadie contrata a alguien que no estudie o no tenga títulos que tenga que ver con empresas.
Me sostuvo la puerta de su oficina y yo entré con la mirada gacha aun apenada por lo que ha pasado. Él se fue al otro lado del escritorio y yo me quedé parada a un lado de la puerta pensando en dónde encontraría otro trabajo, tal vez en una tienda de artículos. —Siéntese. Tuve la voz autoritaria y yo hice lo que él me había dicho aún mirando mis manos entrelazadas. —Levante la cara, quiero verle. - Lo hice y miré sus ojos color miel los cuales estaban más oscuros cargados de furia, volví a ver borroso, pero lo ignoré y yo quedé mirándolo esperando lo que me dirá, aunque ya lo sabía. ¿Por qué lloras? -
¿Por qué perderé mi trabajo y ya no estudiaré tal ves? —Por nada, no estoy llorando.
—Te sudan los ojos ¿no? —Espetó irónico y soltó una carcajada burlona ¿Se está burlando de mí?
¿Qué le causa tanta gracia? —Me limpié los ojos y yo planteé hacia el levantando mi barbilla con valentía y el soltó otra carcajada.
—Tú. - Dijo y lo miré confusa y un poco indignada con los ojos aún llorosos. - Me da gracia verte como una niña estúpida que no sabe hacer nada, luego me da gracia que llora cómo bebé que le han quitado su maldito biberón y me da gracia que te haga hacer el valiente, pero en realidad fracasas en el intento. —Red y mi corazón se estrujó y me llegaron de nuevo las llorar, pero me contuve y lo miré molesta. —Y ahora te ha enfadado. —Carcajeó como una maldita cacatúa y mis orejas se tornaron rojas llenas de furia.
—Estúpido. —Murmuré bajo lo que hizo que la terminación de reír y se ponga serio. Yo me contraje al insultarlo en voz alta, lo pensé en voz alta.
¿Qué ha dicho dicho? —Se sentí de su silla-trono y se acercó sigilosamente a mi lo que hizo que yo me erice y me ponga más nerviosa, lo miré a la cara y todo rastro de diversión que antes tenía era nulo.
Se acercó a mi como un lobo a una oveja, como un gato a un ratón, cómo un carnívoro a un pedazo de carne y yo temblé de lo cerca que estaba quedando de mí. Miré su mancha de café que tenía en el traje —Lo siento. —Murmuré bajo.
¿Por qué te ha disculpado? A menos de que hayas dicho algo realmente malo. Tenía muy cerca de mi lo que tenía su respiración y su olor a menta que me hizo ir al cielo y volver en segundos. El me miró a los ojos y yo me ericé de nuevo de lo cerca que estaba de mí, desvié mi mirada a sus labios, eran tan perfectos. Yo creo que todo él era realmente perfecto, que todo esto parecía un sueño hecho realidad. Y ahora, yo, en este instante quiero que me bese.
Una sonrisa apareció en esos labios tan perfectos y pasó lo que nunca pensé que pasara, me besó.
Sus labios eran tan suaves que me hicieron suspirar, me agarró la mejilla y yo me acerqué más a él sintiendo el beso más de cerca. Yo no sabía besar, en realidad creo que yo no sé hacer casi nada pero realmente me sentí experta, con el guiándome. Me sentí viva, llena. Cosa que nunca había sentido y querido y ahora no lo quiero dejar más. Sus labios se abrieron pidiéndome permiso de entrar y yo acepté gustosa. No sabía que esto se podía sentir tan bien y ahora comprendo a Giovanna por tener novios y yo arrepiento de haberla juzgado antes de probarlo, esto es algo tan bello.
Sus labios se separaron lentamente de los míos y yo con los ojos aun cerrados y la boca de pato me quedé esperando otro beso que no llegó. Abrí lentamente los ojos para encontrarme con una sonrisa burlona de Alexander que en un dos por tres me hizo enojar.
—Te cumplido tu sueño. —Carcajeó y yo no podría estar más destruido de lo que ya estoy.
Me levanté corriendo de la silla y fui directamente al elevador para ir a mi casa, ni iría a buscar mis cosas que dejó en mi pequeño escritorio, me voy de aquí. Estaba destrozada.
Me recargué en la pared del elevador y lloré ante lo ultrajada que me analizó. ¿Por qué me importa así? ¿Yo que le había hecho? Ese hombre es un verdadero idiota, y ahora más que nunca me molestaré o simplemente me ignoraré. Cualquiera de las dos me dolerá más que nunca. Mi corazón estaba roto. Pues claro, cómo un hombre de su clase social y así de guapo se fijaría en mí que soy una desaliñada y tonta niña, fui muy estúpida.
Caminé hacia mi departamento que tenía un alquiler considerable y que quedaba cerca del trabajo, pero lejos de la escuela.
Llegué y yo tendí a llorar por toda la noche esperando que la tierra me trague.