Los celestes de Owen destellaban con una increíble alegría, su "conejita" estaba frente a él, sonriéndole tímidamente con las manos entrelazadas con nerviosismo y balanceándose en un movimiento ligeramente circular, como un pequeña esperando impaciente por algo. Inmediatamente asumió que esa era su sorpresa y era más que perfecta. Por su lado, Amelia amo su impresión, además de que le pareció que se veía absurdamente adorable en su pijama celeste de pollitos, nunca lo vio ni imaginó en ese tipo de atuendos. Ella percibió en cada pequeño gesto de él, que era evidente que le gustaba verla y la quería ahí, con tan solo tenerse frente a frente, la ilusión de ella deseaba salir de ese oscuro foso en el que se sumergió. Sus miradas decían más que mil palabras. El chillido repentino de Victoria

