Amelia le había hablado a Victoria y Selene para que le permitieran organizar ese momento improvisado en el jardín y ellas, por supuesto, estuvieron dispuestas a ayudar en tan escaso tiempo disponible, después de que estuvo todo listo, decidieron dejarles la casa solo para ellos. La ubicación de la casa de los Meyer, en aquel urbanismo bastante apartado de la ciudad y de toda su iluminación artificial, era favorable para visualizar el brillo de las estrellas con mayor intensidad, en el cielo despejado de esa noche. Amelia y Owen se encontraban recostados boca arriba observando el firmamento a la espera de esa lluvia de estrellas de la que se hablaba. Amelia estaba recostada sobre el brazo de Owen y éste se cruzaba por su pecho, en donde ella tenía su mano entrelazada con la de él. Aunque

