Los jardines y toda la casa permanecían en completa oscuridad. El personal de seguridad se mantenía como estátuas en puntos estratégicos de los alrededores, pero alejados de la pareja, de manera que no entorpeciera su velada; sin embargo, de momentos, llegaban hasta ellos los tenues sonidos de placer de Amelia y Owen, mezclados con las melodías nocturnas de la naturaleza. Reforzando la rigidez en los hombres que intentaban disimular lo que escuchaban. El tiempo se había detenido para Owen y Amelia, el mundo alrededor se desvaneció para ellos, en donde dos almas que se amaban se convertían en una sola, bajo el firmamento como testigo silencioso. Owen había recorrido con sus labios el cuerpo de Amelia varias veces, haciendo paradas en sus puntos favoritos para devorarlos y deleitarse con l

