En la habitación de Owen solo se podía escuchar el sonido del teclado de su portátil y el click del mouse. Eran las 3 de la mañana y él no había pegado un ojo en toda la noche, estaba instalado frente a su portátil bajo la única luz de una lámpara de mesa y la compañía de su fiel y viejo dálmata echado a un lado de su silla giratoria. Esa noche decidió sacarle provecho a sus habilidades, por lo que se sumergió en aquellos códigos desde temprano hasta que pudiera alcanzar su objetivo. Owen era un chico muy ingenioso e interesado en los ordenadores y todo el extenso universo fuera de nuestras vistas, por lo que cuando iba al Consorcio A&A de visita a su madre, él terminaba adentrándose en el departamento de Desarrollo de Software por horas, le apasionaba el mundo de la codificación y quería

