Owen había calmado un poco su pico de cólera hacia Eros, cuando se recostó pausadamente y en silencio del borde de su escritorio y de brazos cruzados. Para sus adentros, llegaba a la conclusión de que su hermana no estaría mejor manos que con Eros, a quien conocía bastante bien y además, había sido testigo de cómo la había tratado durante las últimas semanas, mientras estuvo pasando sus momentos más penosos. Empezó estando con ella en las malas y sin objeciones. —Entonces, ¿me apoyarás con la protección de Vicky? Hasta que solucione esta locura del exnovio marica y su amante misterioso. —Preguntó más calmado. —Tu pregunta está demás, Owen, sabes que sí. —Bien, te lo agradezco. —Habló bajo. —¿Puedo saber por qué no quieres que vaya a darle su merecido? —Inquirió analítico adoptando casi

