Después de tres semanas hemos regresado de nuestra luna de miel, por lo que hoy ocuparemos lo que será nuestro nuevo hogar. Estoy impaciente por llegar, y el movimiento repetitivo de mi rodilla me deja en evidencia. Hoy veré por primera vez los tulipanes que Owen ha plantado. Owen no deja de repasarme con sus ojos cada cierto tiempo, sosteniendo una sonrisa radiante que no se le ha borrado desde que llegamos al aeropuerto. Como siempre, Paolo va con él, contento, con su cabeza asomada por la ventanilla del auto y la brisa sacudiendo su suave pelaje, al igual que su lengua como un banderín, mientras que Owen lo sujeta. Para mí sigue siendo un misterio cómo es que Paolo conectó con él desde el primer momento. Mi pierna sigue en movimiento, Owen deja caer su mano repentinamente en mi muslo

