bc

El Capricho de Abed

book_age16+
138
FOLLOW
1K
READ
forbidden
one-night stand
HE
playboy
bxg
kicking
bold
city
highschool
office lady
like
intro-logo
Blurb

Cuando el chico es quien se enamora primero.

Abed Moller tiene un extraño capricho con su compañero de clases, es por eso que decide hacer lo que jamás había hecho antes: fingir ser otra persona.

Todo iba bien, sin embargo, él confiesa haberse enamorado de ella, sin saber que Lola, la chica de la cual se había enamorado, no existía.

chap-preview
Free preview
Capítulo 1.
Estrecho los ojos en dirección a Rome y dejo que el aire escape por mi nariz de manera lenta, observando cada uno de sus movimientos. Él es ajeno a mi mirada, sigue riendo como un idiota junto a sus amigos idiotas, haciéndome sentir como una idiota. Sí, he dicho la palabra "idiota" tres veces, ¿y qué? Perdónenme la vida, idiotas. ¿Qué puedo decir de Rome Finnegan que no haya dicho nadie anteriormente? Como en cualquier historia cliché, Rome es el capitán del equipo, el rey indiscutible del baile de primavera y el rompecorazones de la secundaria. Un galán en toda su expresión, mujeriego como él solo y bebedor compulsivo que pierde la razón en el mismo instante en que sus labios tocan una gota de alcohol. Pero, ustedes se preguntarán, ¿Qué es lo que tiene de especial Rome Finnegan? Nada. Ese es el problema. Es el típico chico problema pero en el que todos los maestros apuestan sus cartas. Hijo único de una familia adinerada, siempre ha tenido todo lo que quiere con un simple chasquido de dedos. Todas las chicas de la secundaria están encaprichadas con él, suspirando por sus idiotas hoyuelos adorables que aparecen cada vez que sonríe. Sí, lo admito, yo también soy parte del club de fans pero, no me odien... ¿quién podría resistirse a semejante bombón? Lo sé..., he dicho anteriormente que es un patán, un mujeriego y un montón de mierda de la cual él reiría al escuchar pero, no puedo resistirme a él. Y es que nadie puede. El pequeño —y gran— problema que enloquece a las chicas del Jersey High es que él nunca pero nunca ha salido con una chica de aquí. En cada fiesta que hay, Rome aparece con una conquista nueva; una chica universitaria con pechos más grandes que su futuro. Los rumores dicen que le gustan mayores. Yo digo que a veces las chicas de nuestra edad suelen comportarse como puritanas. Antes de que pasemos a todo lo que nos convoca en este momento, me gustaría aclarar una cosa: no estoy enamorada de Rome Finnegan. Es más, nunca lo he estado y nunca lo estaré. Es sólo este encaprichamiento estúpido que no me deja vivir en paz. Yo no estoy buscando amor con él, sólo necesito un acostón a ver si es que así se me pasa esta fiebre. En otras palabras: sólo quiero sexo. Oh, vamos... ¿es que sólo los chicos pueden usarnos? ¿Una mujer no puede sacarle provecho a la situación? Estamos en el siglo XXI, los chicos como él son un producto. Tal vez, más de alguna me odie por estar admitiéndolo sin remordimientos pero, ya basta de corazones rotos femeninos. Es hora de que ellos prueben un poco de su propia medicina. —¡Abed! El grito es tan potente que salto sobre la silla y el refresco de manzana que había estado bebiendo se cae y se esparce por la mesa hasta caer sobre mis piernas. Miro hacia el lado, desconcertada, encontrándome con Logan, mi hermano. —Mira lo que provocas con tus malditos gritos, idiota. —escupo, colocándome de pie. —No te quejes, te estuve llamando durante cinco minutos —se excusa, dejando la botella vacía sobre mi bandeja— ¿Es que no te das cuenta que la hora de almuerzo terminó? Dejo de limpiar mi pantalón y miro a mi alrededor. El comedor está casi vacío, sólo un par de estudiantes compran bocadillos antes de entrar a clases una vez más. Fijo la mirada en el grandulón a mi lado y sonrío porque lo veo vistiendo su uniforme del equipo. ¿He dicho que mi querido hermano es mi as bajo la manga? Él no es el mejor amigo de Rome pero, han compartido un par de copas y están juntos en el equipo. —¿Crees que si me hubiera dado cuenta seguiría aquí? —agarro mi bandeja y boto todo en el basurero más cercano siendo seguida por Logan— Gracias por arruinar mi pantalón favorito, idiota. —Te he hecho un favor, Abed. Luces horrible. —Horrible vas a quedar tú con mi puño marcado en el rostro. Él me empuja por la cabeza y arranca antes de que yo pueda golpearlo. Refunfuñando, me encamino hasta mi última clase, siendo empujada de vez en cuando por los demás estudiantes. Ingreso al salón y dejo caer mi trasero en mi asiento habitual, sintiendo la mirada de mi mejor amiga sobre mí. —¿Te measte? —es lo primero que pregunta Stan cuando ve el hermoso detalle húmedo en mis piernas. Sonrío con ironía— Sí. A veces me gusta mearme en los pantalones, ¿sabes? Siento que me da un mejor toque. Luzco mucho más atractiva así, ¿verdad? Stan sonríe y rueda los ojos a la misma vez. No nos conocemos desde el kinder pero, llevamos el tiempo suficiente siendo amigas como para saber cuándo estamos bromeando y cuándo no. Saco mi cuaderno de francés y lo dejo sobre el pupitre junto a una pluma. El maestro tarda unos minutos en llegar pero, apenas ingresa al salón todo queda en completo silencio. Como siempre ocurre, el último en ingresar es Rome Finnegan, tan triunfante como un general después de la guerra; barbilla en alto, hombros anchos y derechos, manos grandes y piernas fuertes por las interminables horas de entrenamiento. Su presencia roba suspiros y murmullos y cuando pasa por mi lado para ir hasta su asiento, el olor a su loción me envuelve, convirtiéndome la boca en agua. ¿Ya ven a lo que me refiero? ¿Ahora entienden por qué el noventa por ciento de la población femenina estudiantil lo quiere entre sus piernas? Seh, yo no soy la excepción. —Muy bien. Ahora que el señor Finnegan ha hecho su entrada triunfal, comenzaremos con la clase. —se mofa el maestro y a un par de metros de mí escucho la ronca risa de Rome—. Sólo lápiz sobre la mesa, es hora de un pequeño examen sorpresa. Suelto un quejido junto a todos mis compañeros. Stan deja caer su cabeza sobre la mesa, provocando un pequeño estruendo mientras se lamenta no haber estudiado en casa. Guardo mi cuaderno una vez más en mi mochila y espero a que la hoja llegue hasta mí con las manos entrelazadas sobre la madera. Poco a poco, el salón queda en silencio, la hoja blanca con pequeñas letras en negrita llega a mis manos y le doy un vistazo, sintiéndome mareada de inmediato. Me manejo bastante bien con los idiomas pero, este no es el momento oportuno para un examen sorpresa. No cuando se me ha metido entre ceja y ceja acostarme con mi compañero de salón que está cuatro pupitres más atrás. —Tienen una hora —anuncia el maestro, sentándose en su acolchada silla—. A quien descubra intentando copiar lo calificaré con la nota mínima, ¿quedó claro? Todos guardamos silencio pero esa es respuesta suficiente para él. Los lápices escribiendo en la hoja del examen se escuchan como un enjambre de abejas trabajadoras. Todos escriben rápidamente porque saben que una vez que acaben, podrán salir de salón. Yo tomo mi lápiz y garabateo mi nombre en el inicio de la hoja. Me inclino un poco y le susurro a Stan: —¿Qué opinarías si te digo que me quiero acostar con Rome Finnegan? Por el rabillo del ojo veo que me está mirando intensamente, su ceño fruncido me indica que está pensando que me he vuelto completamente loca. —¿Qué? —susurra tan bajo que apenas puedo oírla. —Ya escuchaste. —Por supuesto que te escuché. Lo que quería preguntar es que si te volviste loca o los mocos del resfriado te llegaron al cerebro. La miro de reojo. —No estoy loca. Sólo quiero quitar este maldito encaprichamiento por él con un simple acostón. Stanley suelta una risita que logra captar la atención del maestro. Yo le pego un codazo en el brazo y ella baja la mirada tan rápido a su examen que me dan ganas de reír pero me muerdo la lengua. —Imagínate tener a semejante chico entre tus piernas... —susurro luego de unos segundos. Mi amiga apoya la cabeza en el pupitre y me mira. —Eres una perra. —Lo sé. —¡Silencio allá atrás! —escupe el señor Peterson haciendo que todos miren en nuestra dirección— Las sorprendo hablando una vez más y serán calificadas con la nota mínima, ¿oyeron? Ambas afirmamos en respuesta y nos dedicamos a responder el estúpido examen con el dolor en nuestra alma. De vez en cuando, Stan me lanza miradas que se encuentran con mis ojos y en sus iris marrones puedo ver el sinfín de preguntas que rondan en su cabeza. Preguntas que no tienen nada que ver con el examen de francés que estamos respondiendo. *  —¿Cómo es eso que te quieres acostar con Rome? Lanzo mi cuerpo sobre la cama de Stan y suelto un suspiro, agotada mentalmente por todas las horas de clase de hoy. Después de terminar el examen, Stan me arrastró fuera del salón y me obligó a caminar lo más lejos posible de la escuela sólo para que yo le hablara sobre lo que le comenté durante el test. Como una diva, me hice de rogar y le dije que no le contaría nada hasta que no estuviéramos en su casa porque alguien nos podría escuchar y aquí nos tienen. —Como lo oíste. No me hagas repetirlo por segunda vez. —¿Te volviste loca? —cierro los ojos y siento como se lanza a mi lado. Al abrir los ojos, me encuentro con su cara sobre la mía y yo la aparto con un manotazo— ¿Por qué se te ocurrió esa increíble idea de la noche a la mañana? Hasta ayer sólo tenías una especie de... extraño enamoramiento por él. —Por eso mismo —indico, sentándome—. Esta estúpida atracción que siento por él no se irá hasta que me acueste con él. Necesito acabar con este capricho de una vez por todas. —Sí, es un hecho: te volviste completamente loca. —No es eso, mujer —suelto un quejido porque ella no me está entendiendo—. ¿Cuándo fue la primera vez que te dije que encontraba atractivo a Rome Finnegan? Ella piensa un poco. —Cuando teníamos catorce años. —Exacto. Ya han pasado tres años desde que estoy comprimiendo este caprichoso deseo y quiero hacerlo realidad de una vez por todas. —Creo que te has pintado un mundo de color de rosa en tu cerebro, Abed. ¿Sí sabes que él no sale con chicas de nuestra escuela? He oído lo suficiente de Rome como para saber que es un imbécil que sólo se acuesta con chicas universitarias. Tiene un extraño fetiche con las chicas mayores y oh, tú tienes la misma edad que él. —Gracias por tu voto de confianza, amiga. Stanley suelta una carcajada y yo cruzo los brazos sobre mi pecho cual drama queen indignada. —No estoy intentando romper tus locos sueños de adolescente con las hormonas alborotadas. Sólo quiero que veas las cosas como realmente son. ¿Por qué mejor no te acuestas con otro que no ponga tantas reglas? —Porque quiero acostarme con él, ¿entiendes? —Y después dices que la loca soy yo. —murmura, rodando los ojos. Suelto un bufido y dejo caer mi cabeza nuevamente sobre la cama. ¿Qué tan difícil es de entender todo esto? —Oye, no te enojes. —Stan zarandea mi brazo suavemente. —No estoy enojada. —escupo. —Sé que lo estás. —No estoy enojada —la observo—. Sólo estoy un poco molesta. —¿Por lo que te acabo de decir? No te lo dije para que te enojaras, Abed. Sólo... no quiero que salgas lastimada en todo esto. Ruedo los ojos. —¿Es que una chica no puede acostarse con un chico sólo por diversión? ¿Las mujeres no los podemos usar así como ellos nos utilizan a nosotras? No estoy enamorada de Rome Finnegan y tampoco lo estaré. Sólo quiero acostarme con él y ya. Sólo. Quiero. Sexo. —remarco la última frase, palabra por palabra, para que ella entienda mi punto. Ella alza una ceja y lentamente, una media sonrisa curva sus labios. —He escuchado que hace buen sexo oral. Siento mi cara arder y tanto Stan como yo soltamos carcajadas potentes que retumban en las cuatro paredes de mi habitación. Oh, Jesús bendito... ¿está mal fantasear con la cabeza de Finnegan entre mis piernas al lado de mi mejor amiga? ¡Por supuesto que sí! —¡Te lo acabas de imaginar, maldita morbosa! Cubro mi rostro con las manos, pataleando sobre la cama. ¿Alguna vez han sentido que las hormonas se les revolucionan con el simple hecho de imaginarse una escena así? Luego de unos segundos, Stan aparta las manos de mi rostro y me doy cuenta que ella esta seria. ¿Qué diablos pasó ahora? —¿Qué tienes? Ella se acomoda en la cama —Sabes que estoy en cada locura que se te ocurre y mi deber como amiga es decirte que todo puede saber bien o mal pero te apoyo de igual manera pero... ¿has pensado en cómo lo harás para acostarte con él? Su pregunta me lanza con fuerza contra la triste realidad. —No lo sé. Acabo de aceptar que me quiero acostar con él hoy... no he pensado en eso todavía. —Bueno, no quiero matar tus ilusiones, pero no podrás acostarte con él hasta que no seas una universitaria. —O me haga pasar por una. Stanley estrecha los ojos. —Continúa... —Aunque suene un poco retorcido, se me acaba de ocurrir... Comienzo a contarle la idea loca que ha cruzado por mi cabeza y para mi sorpresa, ella no se sorprende. Es más, comienza a aportar más ideas y puliendo los detalles que he pasado por alto. Como dos maniáticas, hablamos a la vez, escuchando lo que dice la otra, y riéndonos porque estamos más que seguras que todo esto va a dar resultado. El punto débil de los hombres es el sexo, ¿quién podría negarse si una chica se le está ofreciendo?   

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

Una esposa de mentira. Saga familia Duque.

read
11.7K
bc

Sorprendiendo al Bully (Serie de Amor Verdadero Libro 1)

read
99.9K
bc

Casado con la ¿Gordita?

read
321.0K
bc

Una hermosa coincidencia

read
104.8K
bc

No sabía que tuvimos dos hijos. Saga familia Duque.

read
12.2K
bc

La Cita del Divorcio

read
3.8K
bc

Reglas para NO Enamorarse

read
18.3K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook