¿Les ha pasado que, después de decir una loca idea en voz alta, se arrepienten? Porque eso es exactamente lo que me pasa a mí. Creo que haberle dicho a Stan lo que quiero hacer fue el primer error porque ella se ha vuelto loca con todo esto. No para de hablar de lo que haré, de cómo lo haré y que va a suceder después. Me encanta que esté con una actitud tan efervescente pero, cada vez que veo a Rome en los pasillos de la escuela, dudo un poco más. ¿Por qué diablos tengo que ser tan indecisa? Hace una semana estaba con la idea entre ceja y ceja. Ahora ni siquiera confío en verme bien con la peluca.
Porque sí. Como Rome y yo nunca hemos intercambiado palabras y esto sólo ha sido un encaprichamiento oculto, Stan propuso que lo mejor iba a ser vestirme y maquillarme de otra manera. La peluca, aunque me haga sentir como Hannah Montana, ocultará un poco mi identidad y el hecho de que él no haya escuchado mi voz me da un par de puntos extras.
Mi identidad secreta no es un gran problema. Eso ya lo tengo resuelto por completo. El problema que está surgiendo ahora es que mamá se irá de viaje a visitar a su hermana y está dejando a mi hermano mayor a cargo. ¿Pueden imaginarse lo controlador que es Logan cuando él está a cargo? Si ya es un grano en el culo con mi madre presente, cuando estamos solos es aún peor. Y no lo digo sólo yo porque está arruinando mis planes, Stan también lo dice y eso que ella adora a mi hermano. (No me pregunten por qué).
Le ruego a mamá para que ella no se vaya pero, me dice en todos los tonos habidos y por haber que se ha soñado con su hermana y necesitaba ir a verla. Estúpidos sueños de madres. ¿Es que sólo mi madre se preocupa por un familiar cuando tiene uno de esos sueños extraños?
La puerta se cierra y Logan gira lentamente para encararme. Stan, que sigue a mi lado, me pellizca el codo al ver cómo una sonrisa maliciosa curva los labios de mi hermano. ¿Qué puede estar pasando por esa maldita cabeza?
—Como has escuchado, mamá me ha dejado a cargo... —comienza y cruza las manos en su espalda como todo un militar. Stan y yo nos paramos derechas— y desde este momento, tienes que hacer lo que yo diga y cuando yo lo diga. Ella me autorizó a castigarte así que, si quieres que Stanley siga viniendo durante estas dos semanas, tendrás que obedecerme.
Bufo —¿Quién te crees que eres, idiota? Ya no soy una cría para que me vengas a amenazar con esas cosas. Stan va a seguir viniendo te guste o no porque esta también es mi casa.
—Pero yo estoy a cargo.
—¿Y crees que eso a mí me importa? —alzo una ceja, desafiante y luego tomo de la muñeca a mi mejor amiga— Vamos, Stan. Dejemos a este soquete un rato solo.
Caminamos en dirección a mi cuarto ignorando por completo los llamados de Logan. Cierro la puerta con un fuerte golpe para que mi hermano se dé cuenta que no estoy interesada en nada de lo que me está diciendo. Stanley toma la silla de mi escritorio y la arrastra al lado de mi cama para tomar asiento. Me siento frente a ella, viéndola como saca el teléfono de su bolsillo y me lanza una mirada cómplice.
¿Comenté anteriormente que mi mejor amiga se había conseguido el número de Rome? Bueno, resumiendo un poco la historia, Stanley se coló al camarín de chicos mientras estábamos en educación física y después de media hora revisando los teléfonos de los jugadores de fútbol, salió victoriosa al patio de la escuela con el celular en su mano, agitándolo por el aire.
Como dos cabezas piensan mejor que una, nos hemos enterado de que este mismo fin de semana habrá una fiesta organizada por Scott (jugador de fútbol también) en la playa a la cual, por supuesto, asistirá Rome. Como faltan cinco días para la fiesta, comenzaré a calentar los motores y yo sugerí que lo mejor sería ir tanteando el terreno con conversaciones calientes junto a Rome.
—Te pasaré su número por whats —informa Stan y yo asiento, sacando el móvil también, el cual vibra en mi mano unos segundos después—. Listo.
Siento un remezón en el estómago.
—Le enviaré un mensaje ahora.
Cuando estoy a punto de escribirle, Stan me detiene.
—¿Qué?
—Saca tu foto y cambia tu seudónimo —recuerda—. Mañana te tomamos una foto nueva; por el momento, mantén el anonimato.
Asiento como una chica obediente. Escribo Lola en mi perfil de w******p y elimino la foto también antes de buscar el chat de Rome y escribirle:
Lola: Estoy emocionada por verte este fin de semana, Rome.
Lola: Tan ansiosa que no sólo mi corazón está latiendo justo ahora.
Stan se cubre la boca para no reír. Aparece en línea y tres segundos después lee los mensajes.
—¡Está escribiendo! —grito cual adolescente hablando por textos con su crush.
Rome: Quién eres?
—Dile que eres la chica que cumplirá todas sus fantasías, díselo.
Río por la ocurrencia de Stan.
Lola: No te preocupes por quién soy, preocúpate por lo que te haré.
Rome: Esto es una especie de broma? Porque no tengo tiempo para estarlo perdiendo contigo.
Lola: Esto no es ninguna broma. Sólo quiero que sepas que quiero recorrer cada centímetro de tu cuerpo con mi lengua.
—Harás que se le ponga dura en el primer chat, amiga. —Stanley murmura entre risas traviesas.
—Quiero imaginarlo mientras se toca leyendo mis mensajes.
—Ugh, esa es suficiente información para mí. —Stan hace una mueca y se coloca de pie, dejando la silla en su lugar— Será mejor que me vaya antes de que todo esto se ponga caliente. Nos vemos mañana en la escuela, Lola...
Suelto una carcajada —Nos vemos mañana, Stan.
Cierro la puerta con pestillo y me quito la ropa rápidamente para acostarme. Ya bajo el edredón y mucho más cómoda, desbloqueo mi teléfono encontrándome con un nuevo mensaje de Rome.
Rome: Disculpa?
Ruedo los ojos. ¿Desde cuándo se comporta tan mojigato?
Lola: Sé que entiendes a lo que me refiero, no te hagas el tonto.
Al parecer, él está más que interesado en la conversación porque aparece en línea de inmediato y lee mi mensaje. Comienza a escribir.
Rome: Lo entiendo a la perfección. Sólo quiero asegurarme de que esto no sea una broma de mal gusto.
Rome: Te conozco?
Lola: No pero yo sí a ti y, déjame decirte que te he imaginado más de una vez entre mis piernas.
A pesar de que nadie en la escuela ha logrado acostarse con Rome, hace un año y medio se propagó el rumor de que era excelente en la práctica del sexo oral. He escuchado a un par de chicas hablando de ello en los camarines y lo deseosas que están de ser una de las afortunadas para probar los labios y la lengua de Rome.
Rome: Mierda...
Rome: Has oído esos rumores?
Lola: ¿Prefieres que te mienta?
Rome: Sólo si la respuesta no es de mi agrado.
Lola: ¿Y cómo puedo saber cuál respuesta esperas?
Rome: Respondiéndome si te gustó escuchar eso.
Lola: Haber oído esos rumores me encantaron.
Rome: Por qué?
Lola: Porque puedo imaginar tu cabeza entre mis piernas.
Rome: Estás poniéndome duro y ni siquiera te conozco. Dónde estudias?
Lola: En Princeton. ¿Estás tocándote?
Aprieto mis labios para silenciar la risa, dándome cuenta que él ha mordido el anzuelo más rápido de lo que pensé.
Rome: Sí, quieres ver?
Antes de que yo pueda responder, Rome me envía una foto suya donde puedo admirar la mitad de su torso, su mano escondida bajo un bóxer n***o sosteniendo un bulto. Siento un calor desplazarse por todo mi cuerpo hasta detenerse en mi centro. Aprieto las piernas.
Lola: Quiero lamerlo como lamería un helado.
Sin querer, suelto una risita entre nerviosa y asombrada. Nerviosa por el hecho de estar hablando estos temas con Rome y asombrada porque un hombre sólo necesita un mensaje incitador para comenzar toda una batalla de mensajes calientes.
Rome: Quieres que te comparta ubicación?
Lola: No. Sólo quiero saber que te estás tocando mientras piensas en mí.
Rome: Estoy duro gracias a una chica que no conozco, crees que no lo haré?
Rome: Envíame una foto, bebé. Quiero verte.
Como toda una posesa, imito su foto e introduzco mi mano izquierda dentro de mi braga y aprieto un poco las piernas. En contra de mi propia voluntad, debo admitir que el hijo de su madre me ha mojado.
Rome: Desearía apretar esos muslos mientras paso mi lengua por tu centro, bebé.
Sus mensajes calientes hacen que me caliente mucho más. Empieza una batalla de mensajes triple equis en ese momento y yo termino tocándome a mí misma mientras voy leyendo todas las palabras sucias y sexies que me envía Rome. Estoy en mi propio mundo gozando del éxtasis cuando tres golpes en la puerta de mi cuarto tensan mi cuerpo por completo y no precisamente por el placer.
—Es hora de comer, Abed. —grita Logan desde el pasillo— Si no vienes ahora, te quedarás sin cenar, estúpida.
Intento responderle pero tengo la respiración demasiado agitada. Todo me da vueltas y si no termino ahora, tendré que enfriarme con una ducha fría.
—¡Abed!
—¡Ya voy, mierda! —grito exasperada— ¡Déjame en paz de una maldita vez! ¡Si quieres comerte mi cena, hazlo de una vez pero déjame tranquila!
Logan refunfuña un par de palabras que no alcanzo a oír y cuando bajo la mirada para ver si Rome me ha respondido, me llevo una inmensa sorpresa.
Rome: Tengo que irme, adiós. Fue un gusto hablar contigo, Luís.
¿Qué mierda fue lo que sucedió aquí?