Diecinueve Parte II.

1362 Words
Rome’s Pov Me tomo unos minutos para intentar calmarme. Estoy demasiado alterado y si no bajo las revoluciones de una vez por todas, terminaré actuando de una manera totalmente distinta. Me siento el chico más imbécil de todo el mundo y eso no me hace sentir ni un poco mejor. Sé que yo suelo jugar con las chicas y tal vez no comencé siendo sincero en todo esto pero, para mí, no fue más que un juego. Me dije a mí mismo que esto iba a ser igual que las veces anteriores: un par de acostones con una chica fácil y luego adiós. No obstante, yo mismo caí en mi propia trampa y terminé jugando el juego de otra persona. Por otro lado, se encontraba la chica frente a mí que estuvo fingiendo ser alguien más durante meses. En algún momento yo creí absolutamente todo lo que me decía pero, ahora que ella me ha revelado la verdad, me doy cuenta que todo fue bastante obvio y jamás me di cuenta. La verdad estuvo frente a mis narices todo este tiempo y el muy imbécil de Rome Finnegan pasó por alto porque estaba caliente. Todas las veces que le dije a Lola que nos juntáramos en los días de semana, las veces que le pregunté por su familia, los nervios que demostraba cuando me daba cuenta de algo. Ella evadía todo y me daba respuestas vagas sólo para dejarme tranquilo. ¡Y lo hacía! Por Dios, deberían darme un premio por ser tan imbécil. Me gustaría decirle todo lo que tengo pensado pero no me veo capaz de hacerlo. Soy un hijo de puta, sí, pero esa chica me regaló momentos geniales aun cuando todo era una mentira. Por muy tonto que me haga lucir, trato de encontrarle el lado bueno de esto pero, ¿qué puedes sacar de una situación así? No hay lado positivo en esta historia. Nos conocimos, nos acostamos, comencé a sentir cosas, le rogué, hice el ridículo y volvimos. Comencé a sentir cosas por una chica que ni siquiera existía. Ella estuvo burlándose de mí todo este tiempo. —¿Te causó gracia? —le pregunto antes de que pueda darme cuenta que he hablado. La morena me mira con los ojos brillantes y ladea un poco la cabeza, demostrando que no ha entendido mi pregunta— ¿Te gustó reírte de mí todos estos meses? Mi voz suena calmada aun cuando estoy convertido en un completo dramático en mi interior. —Rome, yo no... —¿No te reíste de mí?, ¿es eso lo que quieres decir? —la interrumpo con la amargura goteando en cada palabra— ¿Por qué diablos hiciste esto? Ella baja la cabeza y juega con sus dedos, su cabello largo me impide ver su expresión pero sus hombros están caídos, haciéndola lucir abatida e indefensa. Una parte de mí (creo que la que estuvo --o está-- enamorado de ella) quiere abrazarla y pedirle que no esté triste pero me siento lo suficientemente dolido como para acortar la distancia que nos separa. Este tipo de cosas donde uno de los chicos se hace pasar por otra persona para conseguir lo que quiere sólo lo había visto en las películas y nunca en la vida me imaginé que algo así podía pasar en la vida real. Menos a mí. ¿Qué clase de persona puede hacer todo esto por diversión? —Siempre me sentí atraída por ti —confiesa y yo ahogo una risa nasal— pero desde que te conozco, he escuchado esos rumores tuyos de que no te acuestas con chicas de la escuela... —¿Puedes darme la cara? Me gusta que me miren a los ojos cuando me están hablando. Ella alza la cabeza y veo sus ojos llenos de lágrimas. Siento como si una barrera se hubiera instalado entre nosotros. Sí, ella es mi compañera de salón pero se siente como si fuera una completa desconocida para mí. —Todas las cosas que me dijiste... —me detengo para aclarar un poco las ideas en mi cabeza— ¿todo era mentira? Ella niega con la cabeza —No. Cuando te dije que me gustabas, hablaba totalmente en serio. Esbozo una sonrisa carente de humor. ¿Cómo puedes creerle a una persona que se acercó a ti a base de mentiras? Vale, yo no soy el chico más sincero del mundo pero no hablar sobre una relación que en realidad no lo es desde hace meses no se compara a todo el rollo que ella misma se inventó. —Desconozco si estás diciendo la verdad o esta es otra más de tus mentiras pero, cuando yo te dije que me estaba enamorando de ti, era totalmente cierto. Concuerdo contigo. Esto se acabó. Comienzo a alejarme y avanzo de espaldas los primeros pasos, mirándola detalladamente. Ni ella ni yo volvemos a decir una palabra y es mejor, creo. Volteo y me largo de ahí, pensando en todo lo que supe el día de hoy. Siento un dolor molesto en el pecho y aunque no quiera reconocerlo, mis ojos pican. Tengo ganas de llorar. Cuando llego al coche, lo desbloqueo y me subo. Me quedo frente al volante por unos minutos, con la mirada perdida en mis recuerdos, recreando en mi mente una y otra vez la misma escena: donde ella se quita todo y me demuestra quien realmente es. Suspiro y aprieto el botón de encendido, convenciéndome a mí mismo en silencio que intentar olvidar esto es lo mejor. Faltan un par de meses para que las clases terminen y después no tendré que verle la cara otra vez a ella. No me molesto en volver a casa. Tanto mamá como papá me llaman por teléfono pero yo no respondo ninguna de sus llamadas. No estoy de ánimos para escuchar sus regaños y responder un montón de preguntas. Apago el teléfono y lo lanzo en el interior de la guantera mientras conduzco sin un destino en específico. Ni siquiera me doy cuenta pero detengo el coche justo frente al zoológico donde Lola y yo tuvimos una cita. Sonrío, sacudiendo la cabeza. ¿Realmente fui tan imbécil? La calentura realmente me cegó por completo y no fui capaz de percatarme de los detalles que estaban frente a mis ojos. Me froto el rostro con impaciencia y dejo que mi cabeza descanse sobre el asiento acolchado. Tengo unas horribles ganas de golpearme por ser el rey de los estúpidos. Me cuesta admitirlo pero, cierta parte de mí se había ilusionado con todo esto. Yo no soy del tipo que les presenta a sus padres a todas las novias que ha tenido. Mis padres sólo habían conocido a Kelsey y después de que nuestra relación perdiera el hilo, ellos no volvieron a verme con otra chica. Hasta que la conocí a ella. Lola me gustó desde el primer momento en que la vi. Era atrevida y muy decidida, sexy y ardiente como el infierno y daba unos besos que me hacían ir y venir. Podía pasar horas hablando con ella o chateando y no me aburría. Sí, yo pensaba que ella era media loca y a veces me cuestioné por qué tanto misterio pero no le di la real importancia. Como todo eso había empezado como un juego, decidí no tomar en cuenta lo que sucedía a mí alrededor. Discúlpenme pero, cuando una chica se te ofrece de esa manera, ¿existe algún hombre que pueda negarse? Por supuesto que no. Y yo no iba a ser la excepción. Ahora que me había enterado de la verdad, podía unir cabos sueltos y me daba cuenta que la verdad siempre estuvo frente a mis ojos pero yo no quise verla con atención. Ahora entiendo realmente cuando las personas dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Maldita sea, cuánta razón tienen. Agito la cabeza para aclarar un poco mis pensamientos y decido que es hora de irme de aquí. No pienso estar frente a uno de los lugares donde ella y yo estuvimos, sintiéndome miserable porque una persona que miente como ella lo hizo no lo merece.
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