Diecinueve.

3158 Words
Rome's POV. Mamá y papá me han obligado a asistir a esta fastidiosa cena de negocios y aunque yo me he negado desde un principio, no me quedó otra alternativa más que asistir. A ellos realmente no les importa mis reales intereses, siempre y cuando cumplan delante de la sociedad, el resto es insignificante. Es fin de semana, yo podría estar haciendo cualquier otra cosa más divertida en vez de estar aquí con una sonrisa más falsa que las que aparecen en los comerciales de pasta dental, saludando a personas que jamás he visto en mi vida, luciendo impecablemente vestido, sintiéndome ridículo. Por el rabillo del ojo, veo que papá se inclina a mi lado y sin desaparecer la sonrisa de los labios, él masculla: —Sonríe, Rome. Me froto la frente para ocultar que he rodado los ojos. Estiro tanto mis labios en una sonrisa que mi quijada duele y así me paso los próximos quince minutos, saludo, asintiendo con la cabeza y diciéndoles "qué gusto en verte" a personas que están lejos de importarme. Doy un par de pasos hacia atrás cuando siento cómo mi teléfono vibra dentro del bolsillo de mi pantalón de vestir. Una gota de alivio recorre mi frente y por inercia, sonrío. Lola me está llamando y se siente casi como si se tratara de un pase a la liberación. —Lola. —la saludo, jugueteando con el mantel de una mesa que estaba cerca de mí— No esperaba tu llamada, ¿cómo estás? —Bien. —su respuesta es cortante, su voz fría me hace fruncir un poco el ceño— Oye, seré breve: necesitamos hablar. —¿Sobre qué? —Prefiero hacerlo en persona. Te espero en la playa. En el mismo lugar donde nos vimos la primera vez. Frunzo el ceño. ¿Por qué me habla de esa manera? —Creo haberte dicho que estaré ocupado todo el día —le recuerdo—. Si quieres, podemos juntarnos en la noche y yo te aviso la hora para que... —No me importa, Rome. Te veo a las siete en la playa. Ella no me da tiempo de protestar o agregar algo porque me corta. Me quedo mirando el teléfono pensando en qué puede estar pasando. ¿Le dije algo que le molestó? Sacudo la cabeza mientras guardo el teléfono en mi bolsillo. Todo está bien entre nosotros, no logro encontrarle una explicación a su cambio de actitud repentino. Miro la hora en mi reloj de muñeca. Todavía falta un poco para las siete. Mi madre me hace señas desde la distancia para que me acerque a ellos y antes de hacerlo, yo me bebo una copa de champagne hasta el fondo porque los próximos minutos serán horriblemente tortuosos. La cena comienza y yo me siento en una mesa junto a mis padres y unos cuantos socios. El olor a comida cosquillea en mi nariz pero yo siento el estómago apretado y una pequeña mueca de asco se dibuja en mi rostro la cual yo trato de ocultar relamiéndome los labios. Tomo el tenedor y el cuchillo, tratando de comenzar a comer aunque sea un poco pero no puedo hacerlo. Estoy nervioso y no entiendo por qué diablos. Para ser honesto, la llamada de Lola me ha inquietado más de lo que me quiero dar cuenta, siento como si esto se estuviera a punto de salir de control. Cuando miro el reloj otra vez, dejo caer los cubiertos sobre el plato de forma ruidosa haciendo que todos los presentes en la mesa me observen. Son las siete y media y yo hace treinta minutos atrás tendría que haber estado en la playa. Lanzo la servilleta sobre la mesa y me coloco de pie. —¿Qué haces, Rome? —me pregunta papá. —Tengo que irme, lo siento. —miro a los presentes y les regalo una pequeña sonrisa— Lo siento mucho. —¿Dónde vas? —mamá es quien pregunta ahora. —Allí. Volveré pronto, ¿vale? Lo siento. A grandes zancadas, abandono el salón de nuestra casa y ya cuando estoy lejos de la vista de todos los invitados, comienzo a correr hasta el estacionamiento. Cuando estoy llegando al coche, recuerdo que he olvidado la llave para desbloquearlo en mi habitación y me golpeo la frente con fuerza por lo idiota que soy. Voy por la llave y cuando estoy de regreso y me subo al coche, ya estoy sudando. Pongo el auto en marcha y mientras conduzco fuera de nuestro estacionamiento, me desabrocho los primeros dos botones de mi camisa. Inquieto, miro la hora a cada segundo esperando que Lola todavía me esté esperando. Pero, no me sorprendería que ya no estuviera. Quiero decir, ¿quién en su sano juicio espera a alguien por cuarenta minutos? Eventualmente, llego hasta la playa y no me detengo a estacionar bien el coche. Sólo apago el motor y me bajo, comenzando a correr otra vez y mirando a todos lados. Maldita sea, la jodida playa es demasiado grande y sinceramente, no recuerdo el lugar exacto donde ella y yo nos conocimos. Busco a Lola por un rato, corriendo como un poseso por la playa hasta que la encuentro. Ella está de espaldas y yo sonrío con la intención de asustarla pero, al parecer, la chica siente mi presencia y se gira para mirarme. Mi sonrisa desaparece en el mismo instante en que veo su expresión. —Lamento la tardanza, no pude salir antes —me disculpo y me acerco a ella para besarle pero Lola se aparta. Frunzo el ceño—. ¿Qué pasa? —Eso es exactamente lo que quiero saber yo, Rome—escupe Lola, mirándome con intensidad. Su voz suena calmada pero la forma en que aprieta los brazos sobre su pecho, la forma en que contrae la mandíbula me demuestran que está enfadada—. ¿Qué pasa? —¿Qué pasa con qué? —¿Cuándo pensabas presentármela? Suelto una risa nerviosa por su actitud. Mientras me paso la mano por el cabello, le pregunto: —¿Presentarte a quién? No entiendo qué estás hablando, Lola. —Por supuesto que lo sabes. Tú sabes perfectamente qué es lo que quiero decir, Rome. Maldita sea, si yo supiera de lo que ella está hablando, no perdería el tiempo en preguntarle a qué se refiere. —Mira, Lola —mi voz suena un poco cabreada—, no estoy para estos juegos de palabras. Si vas a decirme algo, hazlo de una vez, ¿sí? —Es que ese es el problema. Quiero que tú me lo digas. ¡¿Decirle qué?! —Maldición, ¿qué quieres que te diga, Lola? No te entiendo. Ella rueda los ojos, como si estuviera harta de esta situación. Harta de mí. Entonces, se mete la mano al bolsillo y de ahí saca su teléfono. Sin importarle que yo esté presente, ella comienza a teclear algo en la pantalla. —Te mostraré una imagen y tú me dirás si conoces a los chicos que salen en ella, ¿vale? Es simple. Le sostengo la mirada por unos segundos antes de mirar la pantalla de su móvil. Siento como el peso del mundo cayera sobre mis hombros porque reconozco de inmediato a los dos chicos que están en la fotografía. —¿Los conoces? Porque estoy segura como el infierno que ese chico eres tú. —Lola... —intento hablar pero que ella haya visto esa foto, que ella se haya enterado de eso me ha dejado la mente en blanco. —¿Sí, Rome? —el veneno cae en esas dos simples palabras. —Yo... puedo explicarlo... —¿En serio? Porque quiero escucharlo. Ella está esperando a que yo empiece a hablar pero me he quedado sin palabras. No existe manera en el mundo en que yo le pueda explicar lo que realmente pasa y que ella me crea. Porque si le digo la verdad no va a creerme ni aunque estuviera borracha. El tiempo comienza a pasar y una Lola con cara de pocos amigos comienza a perder la pacienta mientras yo intento ordenar las ideas en mi cabeza. Cada vez que trato de hablarle, de explicarle, mi boca se detiene haciéndome lucir patético, asegurando que todo lo que está pasando por su cabeza justo ahora es verdad. Porque ella cree que estoy saliendo con ella y con otra chica al mismo tiempo y eso no es cierto. Vale, vale, que todos pensarán que soy un hijo de puta, que sólo quiero verle la cara de estúpida y que me gusta reírme de las chicas. Sí, soy un hijo de puta. Sí, a veces me gusta reírme de las chicas. Pero, absolutamente no quiero verle la cara de estúpida a Lola. —Me voy. —ella anuncia y preso del pánico, la agarro por el brazo antes de que dé un paso más. Lola gira con brusquedad, soltando mi agarre en el acto— No vuelvas a tocarme nunca más, ¿escuchaste? Eres un hijo de puta cobarde. —No te vayas —le ruego—. Déjame... déjame explicarte todo esto. No es lo crees, Lola. Yo no conozco a esa chica. Sí, bueno, esa no es exactamente la respuesta que yo quería dar. Quiero explicarle todo pero ella está tan alterada que me da miedo hacerlo porque uno, puede golpearme en mis partes nobles y dos, lo nuestro puede acabarse porque no fui sincero con ella desde un principio. Pero, es que, ni siquiera lo creí necesario. A ver, ¿ustedes le hablarían a su nueva conquista sobre una chica que supuestamente es su novia pero que no han visto en más de ocho meses? Sí, yo estuve saliendo con Kelsey cuando aún vivía aquí pero desde que ella se mudó a Los Ángeles, todo dejó de ser igual. Ni ella ni yo dimos por terminada la relación pero, estoy seguro que ella al igual que yo, continuó con su vida, conoció a un nuevo chico. Además, esa cuenta de f*******: es súper antigua, Kelsey ni siquiera la ocupa. Si yo nunca le dije nada a Lola, fue porque no lo creí importante. Para mí no hizo falta un "terminamos" entre Kelsey y yo, la falta de interés en ambos fue respuesta suficiente para mí. Pero, claro, si yo le digo todo eso a Lola, lo único que obtendré será una patada en las bolas. Lola se ríe con ironía. —Pero si la estás besando, Rome. ¿Cómo puedes ser tan canalla para negarme lo que ya sé? ¡Acepta de una maldita vez que ella es tu novia! No quiero aceptar algo que realmente no es así pero, no me está quedando otra alternativa. Si yo no le doy la razón, ella me botará por canalla pero si se la doy, me botará de igual manera pero pensará que yo le he dicho la verdad. Me siento horriblemente mal, sin embargo. No pensé que decirle fuera necesario pero, ahora me doy cuenta que cometí un maldito y estúpido error. Paso las manos por mi cabello y suspiro, tratando de aplazar más lo inaplazable. Mis ojos no abandonan el rostro de Lola y siento como si esta fuera la última vez que la voy a ver. —Lo siento —le digo en un susurro y me muerdo el labio inferior—. Quise decírtelo pero... —¿Pero preferiste seguir jugando a los dos bandos? —me interrumpe con enojo— ¿Pero preferiste quedarte callado y tener a ambas chicas? ¿Pero pensaste que nunca me iba a enterar? No le respondo ninguna de esas preguntas. —Si no te lo dije fue porque realmente comencé a sentir cosas por ti... —Sí, claro. ¿Por mí y por cuántas más? —Hablo en serio, Lola. —¿Cómo creerle a un chico que ha estado saliendo con alguien durante dos años? —me acusa— ¿Tus padres sabían sobre esto? ¿Ellos sabían que estabas saliendo con dos chicas a la vez? Bajo la cabeza —No. Hace meses, Kelsey y yo tuvimos una pelea y desde ese momento, ella no volvió a visitar la casa de mis padres. Ellos dieron por sentado que nosotros habíamos terminado. —Está bien —Lola asiente, chupando los labios dentro de su boca—. Demás decir que esto se acabó. —¿Qué? —No nos volveremos a ver otra vez, Rome. Esto se acabó, fin del juego. Ella comienza a caminar y yo me aterro ante la idea de que se vaya. Me atravieso en su camino, mirándola con expresión suplicante. Jamás le he rogado a una chica que me deje pero lo que siento por ella es sincero y no estoy dispuesto a perderla por un maldito error de mi parte. Sí, fui un completo imbécil al callarme la información de Kelsey pero no estoy dispuesto a jugar el mismo papel otra vez. —¿Por qué vas a terminar conmigo? Yo realmente fui sincero cuando te dije que estaba comenzando a enamorarme de ti, Lola. Eso te lo puedo asegurar. Y si no te dije lo de Kelsey fue porque... demonios, esto empezó como un juego, ¿bien? No puedes culparme de eso. Esto empezó como un juego y me dispuse a jugar sin pensar que esa chica que me enviaba mensajes terminaría siendo mejor de lo que yo esperé. —No quieras dar vuelta las cosas a tu favor, Rome... —Estoy explicándote por qué lo hice —trato de tomar su rostro entre mis manos pero ella se aparta. Eso duele—. Sí, estoy saliendo con una chica desde hace tiempo pero, entre ella y yo hace mucho tiempo que no ha pasado nada. Es más, pueden pasar meses sin vernos, sin una llamada o un simple mensaje de texto. Esas fotos son antiguas, ya ni siquiera hablo con ella. —No me importa si lo hiciste porque no veías a tu novia desde hace mucho o porque ya no era lo mismo con ella. Esto se acabó, Rome. Quiero que borres mi número y hagas de cuenta que yo jamás existí en tu vida. Sacudo la cabeza en negación. —No puedo hacerlo. No quiero. —Vamos, hombre... eres Rome Finnegan, las chicas no te faltan y con un solo chasquido de dedos tú puedes tener a quien quieras. —¿Y eso de qué me sirve? Si quien quiero que me quiera no me quiere. Ella alza las manos en derrota. —Estoy enamorado de ti, Lola —le confieso. Reconozco que esta no era la escena que yo había imaginado para declararme pero así como están las cosas, no es como si me quedaran más alternativas—. Y si tú me pides que dé por terminada toda la relación con esa chica, lo haré. —No sabes lo que estás diciendo. —Por supuesto que lo sé. —contraataco, convencido. —No, no lo sabes. —¿Quieres que la llame ahora? —saco el teléfono de mi bolsillo listo para marcarle a Kelsey— Puedo hacerlo ahora mismo. Sólo dame unos segundos y... —No lo hagas. La miro con el ceño fruncido, sin entender realmente. Es entonces cuando ella alza sus pequeñas manos y se las acerca a los ojos. No entiendo qué está pasando. Sus ojos que antes eran dos trozos del más azul, ahora se convierten en dos esferas marrones que me miran con cierta inseguridad. Lola aprieta las mangas de su cárdigan y comienza a pasárselas por el rostro, difuminando el maquillaje por completo, dejando a la vista unas mejillas pecosas. Finalmente, su mano se acerca a la cabeza y se agarra el cabello, quitándose la peluca y mostrando lo quien realmente es. —Lola jamás existió. Siento como si hubieran lanzado un balde de agua fría sobre mi cuerpo. Lentamente, recorro el cuerpo de esa extraña y me detengo en la arena donde descansa descuidadamente la peluca. Vuelvo a mirarla y doy un paso atrás, parpadeando sin poder creer lo que estoy viendo frente a mí. Intento formular una oración coherente pero estoy mudo. —Tú... ¿quién...? —me detengo para tragar saliva—. ¿Qué mierda es todo esto? ¿Quién diablos eres tú? —Mírame bien. —ella alza la barbilla tratando de optar por una postura un poco desafiante pero su voz quebrada la delata— ¿Estás seguro que no me conoces? Y me doy cuenta. Yo había estado tan absorto en mi propio mundo que ni siquiera me fijé bien en los detalles, haciéndome lucir como un primerizo en todo esto. ¿Y así me hago llamar a mí mismo un experto en estos temas? Me siento patético y quiero golpearme cuando me doy cuenta que la chica que está frente a mí es la hermana de Logan, mi defensa en el equipo. Mi compañera estúpida y fea con serios problemas mentales y que yo sospechaba era lesbiana con su amiga la rara. Estoy tan nervioso que se me escapa una risa. Me cubro la boca, todavía boquiabierto por todo esto. Mi reacción me sorprende porque, estoy demasiado calmado en estos momentos cuando usualmente soy todo lo contrario. No es que esté calmado, sólo estoy tratando de procesar la información, tratando de reconocer que una idiota lesbiana frustrada me ha jugado la más vil y maldita broma de todas. —¡¿Pero qué mierda pasa contigo?! —exploto al fin, aguantando las ganas que tengo de soltar la mierda que tengo dentro de mí— ¡¿Estuviste jugando conmigo todo este tiempo?! ¿Qué jodidos tienes en la cabeza, eh? ¿Estás enferma o sufres de esa mierda de doble personalidad? ¿Se te hizo muy entretenido verme la cara de imbécil mientras yo le rogaba a una chica que siguiera a mi lado? ¿Te causé muchas risas a ti y a tu amiga la lesbiana? —Yo... —Es que no lo puedo creer —la interrumpí—. ¿Te disfrazabas de puta sólo para acostarte conmigo? ¿Por qué? Oh, ya sé... ¿lo hacías porque luciendo tu maldito rostro nadie te iba a tomar en cuenta, verdad? —ella abre la boca para responder pero la freno en seco— ¿Cómo fuiste capaz de hacer todo esto? ¿Me tratas a mí de hijo de puta cuando en realidad tú y yo somos cortados por la misma tijera? ¿Qué es lo que querías conseguir con todo esto? ¿Se trataba de una de esas apuestas como sale en las películas? "La chica fea con baja autoestima se encapricha con el jugador de fútbol", ¿a eso querías jugar? Ella abre la boca, dispuesta a decir algo pero, finalmente guarda silencio. Bajando la mirada. Estoy seguro que pasaremos mucho rato aquí porque tenemos varias cosas de las cuales conversar.
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