Llevo casi cuarenta minutos esperando a Rome en la playa, sin obtener ninguna noticia de él. Miro a mi alrededor, viendo a un par de personas trotando por la línea costera, siguiendo sus vidas mientras que aquí hay una chica que se muere por golpear a alguien en las bolas.
Me la he pasado todo este tiempo pensando en lo que pasó. Después de que llamé a Rome me asaltó una gran duda: si él está saliendo con alguien, ¿por qué me llevó a casa de sus padres y me presentó a ellos?, ¿tan hipócritas es? Es que no me cabe en la cabeza cómo él pudo ser tan hijo de puta. ¿Y si sus padres sabían que estaba saliendo con esta chica y aun así se mantuvieron callados?
Aprieto el puente de mi nariz a la misma vez que expulso un suspiro frustrado. Creo que terminaré volviéndome loca y si no aclaro esto de una vez por todas con Rome me importará una mierda ir a la casa de sus padres y hacer un maldito escándalo.
Eventualmente, escucho una respiración agitada y cuando giro para mirar, me encuentro a Rome vestido de etiqueta de pies a cabeza. Él ha desabrochado los primeros botones de su camisa haciéndolo lucir un poco más informal. Mi expresión de mierda hace que la sonrisa que había estado en su rostro desaparezca, dándole la bienvenida a una mueca de confusión.
—Lamento la tardanza, no pude salir antes. —se excusa y se acerca para besarme pero yo desvío la cara, mis brazos firmes frente a mi pecho— ¿Qué pasa?
Yo había agrupado la mala onda en alguna parte muy lejana de mi ser pero, sólo bastó ver el maldito rostro de Rome para que la rabia burbujeara por mis venas haciéndome sentir colérica. Es increíble el hecho de que él se haga el desentendido en una situación como esta. Quiero decir, si yo estuviera jugando a los dos bandos y uno de los chicos se diera cuenta de la existencia del otro y me pidiera reunirme con él de la nada y a si a eso le sumamos el hecho de que él tiene una maldita cara de perro rabioso, lo último que le preguntaría sería "qué pasa".
—Eso es exactamente lo que quiero saber yo, Rome —escupo y me sorprendo al oír mi propia voz. Es calmada aun cuando en mi interior estoy pataleando del coraje—. ¿Qué pasa?
Él duda: —¿Qué pasa con qué?
—¿Cuándo pensabas presentármela?
—¿Presentarte a quién? —Rome Finnegan pasa una mano por su cabello y ríe. Se nota a kilómetros que está nervioso— No entiendo qué estás hablando, Lola.
Relamo mis labios antes de esbozar una sonrisa. Muero por lanzarle la verdad pero quiero saber hasta qué punto él es capaz de hacerse el desentendido. Estoy segura que una parte de él sabe a qué me refiero pero no quiere arriesgarse antes de tiempo.
—Por supuesto que lo sabes. Tú sabes perfectamente qué es lo que quiero decir, Rome.
—Mira, Lola, no estoy para estos juegos de palabras. Si vas a decirme algo, hazlo de una vez, ¿sí?
—Es que ese es el problema. Quiero que tú me lo digas.
—Maldición, ¿qué quieres que te diga, Lola? No te entiendo.
Ruedo los ojos con fastidio y no hago absolutamente para ocultarlo. Entonces, saco el teléfono de mi bolsillo y lo desbloqueo antes de buscar en mi galería de imágenes el screen shot que le he tomado al perfil de su novia. Frente a mis ojos una foto de Rome y ella besándose se revela.
—Te mostraré una imagen y tú me dirás si conoces a los chicos que salen en ella, ¿vale? Es simple.
Estiro el brazo, enseñándole el móvil. La mirada de Rome está en mí pero, en el instante en que sus ojos se posan en mi celular, veo que su respiración se detiene y su rostro se torna un poco más pálido de lo que ya es.
—¿Los conoces? Porque estoy segura como el infierno que ese chico eres tú.
—Lola...
—¿Sí, Rome?
—Yo... puedo explicarlo...
—¿En serio? Porque quiero escucharlo.
Toda la seguridad que rodeaba constantemente a Rome se ha marchado por completo. Sus ojos demuestran pánico y está claro que no sabe dónde meterse justo ahora. Verlo en esta situación me produce decepción porque está lejos de parecerse al Rome que yo conozco.
Pasan los minutos y él no formula ninguna oración coherente. Sólo está ahí, lanzándome rápidas miradas y balbuceando cosas sin sentido. El cielo comienza a oscurecerse y cuando Rome suelta un suspiro agobiado, me doy cuenta que no pienso esperar ni un segundo más. Le di la oportunidad para explicar las cosas (aunque todo ya está más claro que el agua) pero él sólo se quedó ahí como un completo imbécil.
—Me voy. —anuncio y comienzo a caminar pero él me detiene por el brazo. Yo giro violentamente, apartando su mano— No vuelvas a tocarme nunca más, ¿escuchaste? Eres un hijo de puta cobarde.
—No te vayas. Déjame... déjame explicarte todo esto. No es lo que crees, Lola. Yo no conozco a esa chica.
Me carcajeo.
—Pero si la estás besando, Rome. ¿Cómo puedes ser tan canalla para negarme lo que yo ya sé? ¡Acepta de una maldita vez que ella es tu novia!
Lo entiendo, esta bomba no se la vio venir y por eso está en blanco aunque su silencio lo único que consigue es convencerme más de que todo esto es real. La forma en que él me mira me hace apretar los puños por el coraje, quiere lucir arrepentido y convencerme de lo contrario con esos ojos brillantes pero no lo va a conseguir.
Él se pasa las manos por el cabello, totalmente acorralado. Expulsa el aire que había estado conteniendo y me mira, el miedo se refleja en sus ojos.
—Lo siento... —susurra apenas audible y se muerde el labio inferior—. Quise decírtelo pero...
—¿Pero preferiste seguir jugando a los dos bandos? ¿Pero preferiste quedarte callado y tener a ambas chicas? ¿Pero pensaste que nunca me iba a enterar?
Su silencio me confirma que hay una respuesta positiva para cada una de las preguntas que le hice.
—Si no te lo dije fue porque realmente comencé a sentir cosas por ti.
Ruedo los ojos —Sí, claro. ¿Por mí y por cuántas más?
—Hablo en serio, Lola.
—¿Cómo creerle a un chico que ha estado saliendo con alguien durante dos años? —él no responde nada y sé que este es mi momento para marcharme— ¿Tus padres sabían sobre esto? ¿Ellos sabían que estabas saliendo con dos chicas a la vez?
Él baja la cabeza, avergonzado.
—No. Hace meses, Kelsey y yo tuvimos una pelea y desde ese momento, ella no volvió a visitar la casa de mis padres. Ellos dieron por sentado que nosotros habíamos terminado.
—Está bien —chupo los labios dentro de mi boca y asiento—. Demás está decir que esto se acabó.
—¿Qué?
—No nos volveremos a ver otra vez, Rome. Esto se acabó, fin del juego.
Doy marcha atrás para lograr irme a casa pero él hace un movimiento tan rápido que apenas me doy cuenta que se ha plantado frente a mí. Su rostro refleja miedo y una parte de mí anhela que sea miedo a perderme porque todas las cosas que me dijo son ciertas pero, sé que no es así. Es hora de aclarar todo esto y liberarme de una vez por todas de esta mentira que me ha ido consumiendo desde hace meses. Ya no quiero seguir con esto y terminar más rota de lo que ya estoy.
—¿Por qué vas a terminar conmigo? Yo realmente fui sincero cuando te dije que estaba comenzando a enamorarme de ti, Lola. Eso te lo puedo asegurar. Y si no te dije lo de Kelsey fue porque... demonios, esto empezó como un juego, ¿bien? No puedes culparme de eso. Esto empezó por un juego y me dispuse a jugar sin pensar que esa chica que me enviaba mensajes terminaría siendo mucho mejor de lo que yo esperé.
—No quieras dar vuelta las cosas a tu favor, Rome...
—Estoy explicándote por qué lo hice. —escupe. Intenta tomar mi rostro entre sus manos pero me aparto y una mueca de aflicción aparece en su rostro— Sí, estoy saliendo con una chica desde hace tiempo pero, entre ella y yo hace mucho tiempo que no ha pasado nada. Es más, pueden pasar meses sin vernos, sin una llamada o un simple mensaje de texto. Esas fotos son antiguas, ya ni siquiera hablo con ella.
—No me importa si lo hiciste porque no veías a tu novia desde hace mucho o porque ya no era lo mismo con ella. Esto se acabó, Rome. Quiero que borres mi número y hagas de cuenta que yo jamás existí en tu vida.
Él agita la cabeza y aprieta los labios —No puedo hacerlo. No quiero.
—Vamos, hombre... eres Rome Finnegan, las chicas no te faltan y con solo un chasquido de dedos tú puedes tener a quien quieras.
—¿Y eso de qué me sirve? Si quien quiero que me quiera no me quiere.
Alzo las manos en derrota. Si soy sincera, es injusto para él llevarse toda la responsabilidad de esto y hacerlo pensar que lo nuestro se acabará por ocultarme su relación pero, es la única manera que yo tengo para liberarme de esto y sentirme un poco menos mierda.
—Estoy enamorado de ti, Lola —su confesión me aprieta el pecho—. Y si tú me pides que dé por terminada toda relación con esa chica, lo haré.
—No sabes lo que estás diciendo.
—Por supuesto que lo sé.
—No, no lo sabes.
—¿Quieres que la llame ahora? —él saca su teléfono y lo desbloquea— Puedo hacerlo ahora mismo. Sólo dame unos segundos y...
—No lo hagas —lo detengo ganándome una mirada ceñuda de su parte.
Yo ni siquiera sé en qué estaba pensando cuando lo hice pero, me acerqué las manos a los ojos y me quité las lentillas de color frente a él dejándolas caer a la arena. La mirada de Rome estaba sobre mí en todo momento, siguiendo cada uno de mis movimientos cuando me pasaba las mangas de mi cárdigan por el rostro para quitar aunque sea un poco el maquillaje que estaba usando. Él dio un paso atrás cuando acerqué mi mano izquierda a mi cabeza y su brazo cayó derrotado al ver cómo yo me quitaba la peluca.
Ni siquiera sé en qué momento tomé la decisión pero, algo dentro de mi cabeza decía que si yo iba a terminar todo esto con Rome, debía demostrarle que tanto él como yo habíamos estado viviendo dentro de una burbuja de ilusión que yo misma me había encargado en crear.
Y realmente no me importó el hecho de que él me odiara después de eso.
—Lola jamás existió.