Después de la confesión de Rome, yo no pude decirle nada. No porque no quisiera hacerlo sino porque no confiaba en mi voz en ese preciso momento así que sólo giré un poco la cabeza y lo besé. Fue un beso entregado, un beso en el cual yo me entregaba a él completa y silenciosamente porque, aunque yo no lo dijera con palabras, sabía muy bien que los sentimientos que sentía Rome no eran unilaterales. Yo correspondía cada uno de ellos y si no abría la boca era porque me había convertido en una cobarde.
Por más que trataba de no involucrarme tanto, terminaba haciendo todo lo contrario. Me decía a mí misma que no me dejara llevar tanto por Rome pero, él era capaz de cambiar todos mis planes con un simple chasquido de dedos.
Después del cumpleaños de su padre, nos juntamos al siguiente día. Y al siguiente también. Y al otro día también. Estaría mintiendo si dijera que escaparme de casa era sencillo porque, diablos, no lo era. Mamá no solía ser una paranoica controladora pero no le gustaba que yo saliera muy a menudo si eso significada descuidar mis calificaciones. De Logan no me preocupaba tanto porque él ha estado entrenando mucho para la última temporada en el equipo de la escuela.
Por dos semanas completas, estuve saliendo con Rome Finnegan por las tardes después de la escuela. Me divertía mucho con él. A veces sólo nos la pasábamos en su departamento comiendo chatarra y viendo películas. Otras veces íbamos al cine o a comer o dábamos un simple paseo por la playa. Me estaba involucrando tanto en su vida que ya estaba dejando de lado la mía. La real. Yo trataba de no pensar mucho sobre esto de la doble vida porque siempre cuando lo hacía terminaba con un humor de mierda que me hacía querer arrancarme los ojos. Yo sólo me dedicaba a disfrutar de lo que pasaba y ya después cuando llegaba a casa, me permitía sentirme miserable sólo por unos minutos porque, no conforme con haber pasado una tarde juntos, Rome me llamaba por teléfono y nos pasábamos horas hablando hasta el amanecer.
Yo le había contado a él cosas que sólo Stanley sabía y él me había revelado cosas de las cuales yo jamás imaginé enterarme.
Rome se había convertido en una clase de príncipe azul que toda chica deseaba. Era romántico, simpático, atento y detallista. Podía hablar con él sobre diferentes temas y jamás me aburría. Era un excelente cocinero y aunque su fuerte no era los chistes, pasaba momentos agradables con él. Poco a poco, me fui acostumbrando a él hasta que me di cuenta de que no podía seguir aplazando más lo inaplazable.
Yo me había enamorado de Rome Finnegan. Y aunque eso no era algo que hubiera estado en mis planes, le puse el pecho a las balas y seguí adelante. Esta vez no me alejé porque entendí que si yo me alejaba, no iba a sufrir sólo yo sino que una segunda persona saldría lastimada de todo esto.
Rome era romántico y muy cariñoso. No era el tipo de chico que te decía "te quiero" cada cinco minutos. En realidad, él no necesitaba decirlo para demostrarlo. Sólo me bastaba una mirada de su parte, una caricia o una simple sonrisa para darme cuenta que podía depositar mi ser en sus manos.
Yo había comenzado a tomarme en serio todo con Rome. No estaba en mis planes el hecho de revelarle la verdad pero, me había exigido a mí misma mantener exclusividad con él. Desde que había acepto que él me gustaba en serio, yo había dejado de mirar hacia el lado, intentaba no hablar con chicos en el chat y mantenerme al marguen de todo lo que tuviera que ver con extraños.
Abro los ojos como dos grandes platos cuando escucho cuatro fuertes golpes contra mi puerta. Quito los audífonos de mis oídos y grito:
—¿Qué?
—¡Stanley está al teléfono! —Logan grita a todo pulmón— ¡Dice que ha estado llamándote hace mil años y no coges tu maldito celular! ¿Escuchaste o no? ¡Abed!
—¡Sí escuché idiota!
Reviso el teléfono que estaba sobre mi velador, percatándome que tengo cinco llamadas perdidas de mi mejor amiga. Salgo de mi cuarto y bajo la escalera rápidamente para tomar el teléfono inalámbrico que mi hermano ha dejado sobre la mesa de la sala.
—Hola.
—Maldita sea, ¿por qué no respondes tu maldito teléfono? —ella escupe con rudeza.
—Lo siento, estaba escuchando música y lo tenía en silencio. ¿Qué es lo que pasa?
—Tienes que venir a mi casa ahora. Tengo algo que decirte.
Siento mi estómago apretarse por el subidón de nerviosismo. Ella se oye un poco nerviosa y eso me asusta.
—¿Qué pasa?
—No puedo decírtelo por aquí. Tienes que venir. Ahora.
—Pero...
—Nada de peros. Te estaré esperando, la puerta del patio está abierta.
Stan no me deja protestar. Ella cuelga la llamada sin más y me deja totalmente confundida. Suelto un suspiro y miro a través de la ventana, decidiéndome por ir a buscar un cárdigan ya que afuera hace un poco de frío. Enrollo una bufanda alrededor de mi cuello y después de calzar mis pies con unas viejas zapatillas, tomo mi teléfono y un par de dólares que estaban en mi escritorio.
—¡Voy a casa de Stanley! —le grito a mi hermano mientras voy bajando la escalera— ¡Volveré pronto!
Para llegar más rápido a casa de mi compañera, yo tomo un taxi. Todo el trayecto me la paso moviendo mi pierna con insistencia, más nerviosa de lo que yo misma quiero admitir. Para distraerme, reviso mi teléfono y respondo un par de mensajes. Le respondo a Rome también y le pregunto qué hará esta noche. Después de unos minutos él me responde de vuelta, diciéndome que tiene una fastidiosa cena familiar a la cual no puede faltar. Me desanimo un poco porque realmente pensé que podríamos juntarnos un rato.
Cuando llego a mi destino, le pago al conductor y bajo del taxi para ir hasta la casa de Stanley. Rodeo la casa y entro por la puerta trasera. Soy recibida por el silencio así que paso por la cocina y la sala antes de subir la escalera y adentrarme en su habitación.
—Ya estoy aquí.
La leve sonrisa que había estado adornando mi rostro desaparece en el mismo minuto que veo su rostro serio. Ella está sentada sobre su cama, su cabello está amarrado en un moño desordenado y sus lentes la hacen lucir un poco más intelectual. Su computadora portátil descansa sobre sus piernas. Sé que algo está pasando pero, sinceramente, no estoy segura de saber qué es realmente. Stanley no es el tipo de chica que te recibe con esa cara de culo. Trago con dureza.
Ella no dice nada, sólo señala su cama con su cabeza. Cuando me acerco, mis piernas tiemblan levemente. Subo una pierna a su cama y tomo asiento con cuidado, siendo seguida por los ojos oscuros de mi amiga. ¿Qué rayos está sucediendo?, ¿por qué tanto misterio?
—¿Qué pasa? —decido preguntar aunque algo dentro de mí dice que posiblemente no me guste mucho la respuesta.
—Mira, Abed, sabes que yo soy horriblemente mala con las palabras y tiendo a expresar lo que quiero decir sin muchos rodeos porque me carga todo eso, pero... —teclea un par de veces en su ordenador y me mira— por más que quiera disfrazar esto, no puedo.
—No te estoy entendiendo nada...
—De antemano, quiero decirte que lo siento mucho. Nunca pensé que encontraría algo como esto y odio ser yo la que tenga que decírtelo pero, no quiero que te sigan viendo la cara de estúpida.
—Stanley, sólo dilo y ya.
—Rome tiene novia.
Mi cabeza se ladea en confusión y mis cejas se fruncen, sin entender mucho.
—Sí, y esa es Lola, ¿no?
—No. Esa novia de la que te estoy hablando no se trata de Lola.
Cuando ella pronuncia aquella oración, entiendo completamente todo. Ella me está diciendo que Rome tiene novia y que no se trata de Lola sino que de alguien más. O sea, él me estuvo viendo la cara de estúpida todo este tiempo. En ese momento, recuerdo las palabras que él me dijo cuando estábamos en su casa, la forma en la que me hablaba y los rumores que Stan y yo habíamos escuchado en la escuela sobre él.
Así que él tiene novia...
Una mezcla de sentimientos explota dentro de mi pecho comenzando por la rabia y terminando en la tristeza. Sé que no soy quién para reprochar nada porque también lo he estado engañando pero, que él esté dañando a una persona totalmente inocente sólo para acostarse con alguien más es algo horrible. La rabia burbujea en mis venas y me hace querer salir de aquí e ir a encarar a Rome, lanzarle toda la verdad encima y decirle que es un completo canalla por engañar a su novia. ¿Qué él estaba comenzando a enamorarse de mí? Sí, claro. De mí y vaya a saber de cuántas más. Me da tristeza saber que por más lista que yo me creía, él terminó engañándome de igual forma. Diciendo las palabras que yo quería oír solamente para conseguir lo que quería. ¿Cómo es posible que sea tan mierda?
—Estás... —me aclaro la garganta cuando salgo de mi ensoñación. La mirada de Stanley sigue sobre mí—. ¿Estás segura?
Ella asiente —Sí. Hace semanas atrás te dije que iba a descubrir si esos rumores eran ciertos, ¿no? Pues lo hice. Revisé cada uno de los perfiles de los jugadores del equipo. Como no podía ver absolutamente nada en el perfil de Rome, no me quedó otra alternativa más que hackear el f*******: de Steve. Su clave es patética, por cierto. Revisé cada una de las reacciones en el perfil de Rome y me di cuenta que había una chica que le daba me encanta a todas sus fotos. Él no tiene ninguna foto con su novia, su información está oculta y ya entendemos por qué. Sin embargo, ella es todo lo contrario. Le muestra al país entero que está saliendo con el hijo de los Finnegan.
Todo esto suena tan irreal. El pecho me duele y estoy tratando de lucir serena aun cuando por dentro tengo unas terribles ganas de gritar y llorar.
—¿Quién es? ¿Estudia en nuestra escuela? ¿La conocemos?
—No. Su nombre es Kelsey y estudia en Los Ángeles. No suele visitar a Rome muy a menudo por lo de sus estudios y esas cosas así que mantienen un tipo de relación a distancia.
—¿Sabes cuánto tiempo llevan saliendo?
—Según lo que dice su perfil... —ella revisa su portátil y aprieta los labios, negando— hasta la fecha, llevan saliendo dos años.
El alma se me cae a los pies. Si nosotros nos estamos viendo desde hace casi seis meses, eso quiere decir que él llevaba saliendo con su novia un año y medio cuando nos conocimos y aun así decidió seguir con el estúpido juego. ¡Maldito infeliz!
Suelto un gruñido desde el fondo de mi garganta y mis manos se cierran en puños antes de golpear el colchón con fuerza. Estoy furiosa y necesito descargar la rabia de alguna manera antes de que termine haciendo una locura.
Me coloco de pie y camino hasta la ventana para tomar un poco de aire. De pronto, la temperatura de la habitación se eleva a los cielos y yo tengo que quitarme el cárdigan porque siento mucho calor. Inhalo y exhalo un par de veces, repitiendo en mi mente que no solucionaré nada si actúo de forma precipitada pero... ¡Odio que me vean la cara de estúpida!
Todo este tiempo yo me sentía culpable por estar engañando a un chico que patéticamente creía inocente pero que terminó siendo más mentiroso que yo.
Stanley sigue hablando pero es como si mi sentido de la audición se hubiera desconectado de mi cerebro. Esto es mucha información para procesar y aunque no quiera admitirlo, me duele haberme enterado. Siento como si mi corazón comenzara a quebrajarse de a poco, haciendo también que mis ojos comiencen a picar por culpa de las lágrimas. No quiero llorar. No voy a llorar.
—Oh, por Dios, ¿estás llorando?
Me paso las manos por las mejillas y respiro con profundidad, mirando hacia el lado Stanley está de pie junto a mí, sus cejas fruncidas y su mueca claramente refleja lastima.
—No llores, amiga —intenta abrazarme pero me alejo. Si ella me abraza terminaré convertida en un mar de lágrimas y me odiaré luego de un par de horas—, él no se merece tus lágrimas.
—Lo sé. —siento los labios hinchados por el llanto y me cuesta tragar saliva— ¿Cómo es la chica?
—Abed...
—Quiero ver si la conozco
Veo la duda reflejada en sus ojos pero finalmente asiente. La sigo hasta su cama y ambas tomamos asiento, una al lado de la otra. Stan toma su computadora y la apoya sobre sus muslos antes de comenzar a teclear. Escribe en el buscador de f*******: "Kelsey W." e inmediatamente ingresa al perfil de una chica. Le da clic a la foto de perfil y todo rastro de autoestima que yo consideraba parte de mí desaparece en el momento en que veo una de sus fotos. Porque, maldita sea, ella es hermosa. Y sin duda, es todo lo contrario a Lola. Si bien, Lola es baja, menuda y no tiene mucha gracia mientras que ella es el tipo del chica por el cual cualquier hombre moriría. Tiene el pelo naranja hasta la cintura, una piel libre de imperfecciones y los ojos de un azul increíble. Tiene una sonrisa colgate la muy perra.
—Es lindísima... —reconozco con los dientes apretados.
—Nah, tiene la nariz un poco chueca y si miras bien esta foto —ella busca entre los álbumes de la chica una fotografía en particular—, tiene un poco de celulitis aunque trate de ocultarlo.
Una sonrisa triste curva mis labios. Es enternecedor el hecho de que ella intente levantarme el ánimo. No era lo que me esperaba que dijera pero, diablos, prefiero enterarme de todo esto por su boca y no por alguien más.
Stanley cierra su portátil y lo deja a un lado de su cama. Entonces, rodea mis hombros con su brazo y deja suaves caricias en mi bíceps.
—Siento mucho haberte dado esta mala noticia, amiga. Pero, estoy segura que hubieras preferido que yo te lo dijera antes de que pasara más el tiempo y que lo descubrieras por ti misma. Además, no te mereces que un hijo de puta como él te vea la cara de estúpida.
—Es que lo he sido —se me escapa una risa nasal y limpio la comisura de mi ojo cuando una lágrima se me quiere escapar—. Pensé que era lista, que estábamos jugando mi juego pero resultó ser todo lo contrario. ¿Y sabes lo peor de todo? ¿Sabes lo que me da más rabia? Porque no es el hecho de enterarme que él tiene novia porque, vamos, Rome Finnegan es capaz de muchas cosas y no me sorprende que ponerle los cuernos a su novia sea algo nuevo en él. Lo que realmente me llena de coraje es que pensé que él era sincero. Le creí cada maldita palabra que me dijo, me hizo sentir especial el muy pedazo de mierda cuando sólo estaba diciendo lo que yo quería escuchar con tal de darle lo que quería.
—No tienes que culparte por eso. Es decir, sí, comenzaste con esto a base de mentiras pero decidiste dar un paso al lado cuando comenzabas a sentir cosas reales por él porque incluir tus sentimientos no estaba en tus planes. Sin embargo, él insistió y te engatusó. Sólo fuiste una víctima.
Niego, observándola. Así como Rome había cometido un error garrafal, yo también lo había hecho. Me acerqué a él a base de mentiras sólo para acostarme con él porque era plenamente consciente de que si me acercaba a él como yo no me miraría ni para lanzarme un gargajo. Creé una identidad falsa y me presenté frente a él como la más hipócrita de las chicas.
No quiero que nadie me vea como una mártir porque sé perfectamente que no lo soy. Sin embargo, me había ilusionado con algo que, por supuesto, para él no tenía real importancia. Me había tragado cada uno de sus cuentos como una ilusa, pensé que yo (bueno, Lola) realmente le gustaba.
—¿Qué vas a hacer ahora?
Tomo una larga respiración como si estuviera preparándome mentalmente para decir:
—Voy a terminar con todo esto.
—¿Estás segura? —frunzo el ceño en su dirección— Quiero decir, estoy de tu lado, obviamente pero, ¿no te has puesto a pensar por qué lo habrá hecho Rome? Ponerle los cuernos a su novia, me refiero.
—No me importa si lo hizo porque ella no le cumplía en la cama o porque es un bastardo adicto al sexo. Soy una pequeña mierda mentirosa pero jamás me ha gustado la idea de ser la otra. Tú mejor que nadie sabes cuánto lo detesto.
Ella asiente, entendiendo perfectamente mi postura. Papá nos abandonó cuando yo apenas tenía dos años y no fue hasta que cumplí los diez que Logan me contó que él se había ido con otra mujer y había formado una nueva familia. Desde ese instante, yo me juré jamás en la vida ser la otra porque no quería que alguien más pasara lo que nosotros pasamos. Está bien, Rome y esa chica no están casados ni tampoco tienen hijos pero estoy haciendo el papel de canalla justo en este momento.
Mi amiga es quien intenta cambiar de tema y aunque lo consigue un poco, yo no puedo dejar de pensar en lo ocurrido. Intento mantener el hilo de la conversación pero no logro concentrarme. La tristeza que sentí un rato atrás ha sido sustituida completamente por la rabia y no veo la hora de juntarme con Rome y lanzarle todo esto a la cara. No pretendo desaparecer de su vida sin darle a conocer que he decidido cortar con todo este rollo porque me enteré que está saliendo con otra chica. Yo no voy a hacerle las cosas tan fáciles.
Después de un rato, llega la mamá de Stanley y decido que es hora de volver a casa. Me despido de ella y le agradezco por todo, mi amiga me hace prometerle que no estaré llorando por ese idiota y le aseguro que no lo haré porque sé perfectamente que él no se lo merece en lo absoluto.
Abrazo mi cuerpo de inmediato cuando salgo de su casa. Decido irme caminando y aclarar un poco mi mente antes de llegar a casa y darle cara a mi hermano y a mamá, no quiero que ellos me vean con esta cara de culo y comiencen a hacer preguntas.
Mientras que voy caminando por la acera, yo trato de idear un plan para encarar a Rome pero mi mente está en blanco y cuando eso ocurre, normalmente decido optar por la improvisación así que, sin darle muchas vueltas al asunto y sin querer esperar más tiempo, saco el teléfono de mi bolsillo y le marco, ignorando sus malditos mensajes en el chat. Él se tarda un poco en contestar pero finalmente lo hace.
—Lola. —su voz se oye alegre. Puedo escuchar el bullicio de muchas personas hablando a la misma vez— No esperaba tu llamada, ¿cómo estás?
—Bien. Oye, seré breve: necesitamos hablar.
—¿Sobre qué?
—Prefiero hacerlo en persona. Te espero a las siete en la playa. En el mismo lugar donde nos vimos por primera vez.
Él duda —Creo haberte dicho que estaré ocupado todo el día. Si quieres, podemos juntarnos en la noche y yo te aviso la hora para que...
—No me importa, Rome. Te veo a las siete en la playa.
No le doy oportunidad para responder algo más porque corto la llamada. Obviamente, a él como le gusta quedarse con la última palabra, empieza a llamarme pero se da por vencido en la séptima oportunidad al darse cuenta que no tengo intenciones de responder.
Imbécil.