Los días siguientes pasaron sin mayores inconvenientes. Proyectos, tareas, peleas con Logan, chats con Rome, conversaciones con mamá, nuevas ideas con Stanley. Fue una semana ajetreada pero, normal a fin de cuentas. El miércoles, un maestro me regañó por algo que yo no había hecho y como uno de mis grandes defectos es que no puedo quedarme callada, le respondí hasta que él me dio mi glorioso pase a detención. Allí estuve por dos largas horas, contando los golpes que daba con mi zapato en el suelo.
El jueves tuve prueba de inglés, exposición de biología y laboratorio. No fue la gran cosa.
Eventualmente, el día tan esperado, había llegado. Es viernes, estoy en el comedor de la escuela con el estómago convertido en un nudo ciego. Mi amiga y yo estamos tratando de idear un plan para conseguir ir a la fiesta esta noche. Si mamá estuviera aquí, todo sería más fácil porque tendría que conseguir su permiso el cual ella me daría de inmediato. Sin embargo, las cosas son distintas y Stan y yo debemos tomar medidas desesperadas.
—Logan tiene práctica después de clase —informo, revolviendo el puré de patatas que ha quedado en mi plato—. Después, suele compartir un par de cervezas con los chicos y no llega a casa hasta las ocho.
Stan se muerde el labio inferior, pensativa.
—Tenemos que pensar cómo nos libraremos de él... ¿Qué tal si le dices que iremos al cine? Normalmente, las últimas funciones son después de las diez y terminan pasada la medianoche.
Chasqueo la lengua —No. Demasiado básico.
—¿Qué tal si le dices que irás a quedarte a mi casa?
—Logan es capaz de llamar a media noche para asegurarse que estoy ahí y lo sabes.
—Lo sé. —suelta un resoplido que hace que el flequillo en su frente se eleve— ¿Y si le dices que irás a coger con un chico y ya?
—No me lo creería ni aunque le muestre un vídeo.
Ambas nos miramos y reventamos en carcajadas. Lo sé, por un momento la idea sonó tentadora pero, mi hermano y yo no tenemos la suficiente confianza como para decirnos esas cosas. Si yo le fuera con la verdad por delante, se reiría en un comienzo pero al darse cuenta, crearía la tercera guerra mundial. ¿Qué rayos pasa con los hermanos mayores? A veces, nosotras no queremos sentirnos protegidas por ellos. Nos reclaman que mentimos por todo y, ¡claro que lo haremos! Son una manga de viejos en cuerpo de jóvenes viviendo en los años cincuenta.
Suelto un suspiro quejumbroso y dejo caer mi espalda contra la silla.
—No sé para qué nos esforzamos tanto si ambas sabemos que terminaré escapando por la ventana.
—No sería la primera vez que lo haces.
—Y es mucho más fácil que estar avisándole al estúpido de Logan que voy a salir.
Como el receso acaba de comenzar, todavía varios chicos de diferentes grados ingresan por las puertas dobles sumidos en acaloradas conversaciones. Y, entre todos esos chicos hormonales, ingresa el capitán del equipo de fútbol con la misma sonrisa triunfal que ha portado en su rostro durante todo el día. Si tengo que confesarlo, me encantaría pensar que esa sonrisa se debe a todos los mensajes que hemos intercambiado. Las conversaciones que terminaban con un simple "Adiós, Luís" tomaron un cambio radical; él no espera a que yo le escriba. Es un chico totalmente generoso que comparte todo lo que está haciendo a través de las fotos, si saben a lo que me refiero...
—No puedo creer que te comerás semejante filete esta misma noche, amiga mía... —susurra Stan, con ojos soñadores—. Simplemente, te envidio.
Decido jugarle una broma.
—Si lo deseas, puedes ir tú. Él todavía no conoce a Lola y yo sé que tú secretamente también lo deseas.
—¿Qué clase de locura estás diciendo?
—Ya, no es para que te hagas la desentendida. Todo el mundo aquí se muere por él y yo no me creo el cuento de que tú eres la excepción.
—Ah, ya, creo que tanta foto del pene de Rome te está revolviendo el cerebro. ¿Te volviste loca o qué?
Reviendo en carcajadas porque todavía es increíblemente fácil hacer enojar a Stanley. Creo que de toda la población femenina de esta escuela, ella es la única que no se acostaría con Rome. Sí, lo encuentra atractivo y no tiene ningún problema en reconocerlo pero, de ahí no pasa. A Stanley le gustan los chicos más intelectuales, que no se estén acostando con una chica diferente cada fin de semana y pues, Rome Finnegan está súper fuera de los estándares.
—Sólo estaba jugando contigo, Stinie.
—Muy graciosa. —finge reír y lanza una cascara de naranja en mi rostro.
Y como si la vergüenza del otro día en mi casa no hubiera sido poco, Rome me mira justo en el momento en que la cáscara choca gloriosamente contra mi nariz.
Trágame tierra y escúpeme en Corea del Sur para ver a mis coreanos hermosos bellos.
***
Son las nueve con cuarenta y cinco de la noche y yo estoy hecha un lío. Mi estómago está sumamente apretado y tengo ganas de vomitar. Miro la mochila que está sobre mi cama y el estómago se me revuelve otra vez. ¿Qué estoy a punto de hacer? Hace un par de horas atrás, yo estaba decidida en llegar hasta el final pero ahora los nervios me están haciendo dudar.
¿Y si Lola no le gusta? ¿Y si él se ha creado expectativas demasiado altas? ¿Y si no soy lo que está esperando? ¿Y si no le gusta cómo lo hacemos? ¿Y si se da cuenta que Lola en realidad es toda una mentira? ¿Y si se da cuenta que soy la hermana de Logan?
Usualmente, no soy así de insegura. Tiendo a hacer las cosas antes de procesar toda la información pero, nunca antes me había hecho pasar por otra persona sólo para cumplir un estúpido capricho. ¿Lo que estoy haciendo está mal?
No me vengas con mierdas moralistas a esta altura del partido, Abed. Tienes que ir y follártelo porque es lo que has querido desde hace tres años. No te acobardes ahora. Disfruta de Rome por una noche y ya después desapareces de su vida así tal cual apareciste: de la nada.
Asiento, haciéndole caso a mi consciencia. No tendría que estar dudando, ya he llegado demasiado lejos como para dar marcha atrás. Sin embargo, no he sabido absolutamente nada de Rome durante el día. Él me dijo que iba a confirmarme y por una muy buena fuente (Stanley) me enteré que hoy sus padres celebrarán su aniversario y como lo hacen todos los años, llevan a Rome a una aburrida cena a uno de esos restaurantes caros que solo personas con mucho dinero como ellos pueden ir.
Salgo de mi habitación como si no tuviera planes para esta noche. Cuando estoy a punto de bajar la escalera, Logan sale de su cuarto también, luciendo como un modelo de Calvin Klein después de veinte cirugías mal hechas.
—¿Vas a salir? —inquiero, mirándolo de arriba abajo.
—No, me he bañado y vestido para acostarme —escupe con sarcasmo. Ruedo los ojos—. Por supuesto que voy a salir, estúpida.
—¿Y a dónde vas?
—¿Y a ti qué te importa?
Se planta frente a mí y yo tengo que echar la cabeza hacia atrás para poder sostenerle la mirada.
—Tú quedas a cargo por esta noche. No quiero chicos en casa, ni fiestas, ni alcohol, ni drogas, ¿oíste?
Ruedo los ojos —Sí, papá.
Él sonríe de forma socarrona y me alborota el cabello como si yo fuera una mascota. Logan baja la escalera de dos en dos y luego de unos segundos, desaparece, el ruido de la puerta es lo último que deja su presencia. Espero a que pasen cinco minutos para asegurarme que no regresará y cuando me doy cuenta que efectivamente estoy sola, corro hasta mi habitación para coger el teléfono y marcarle a Stanley.
—Tienes que venir a mi casa. Logan ha salido y tienes que ayudarme con el maquillaje. ¡Tenemos la casa sola, perra!
Stan suelta un grito que casi me deja sorda.
—¡Voy para allá!
Mientras espero a que mi amiga llegue, tomo una relajante ducha y repaso mis piernas con la máquina de afeitar. Sí, mis zonas nobles también las depilo. Tomo mi tiempo para aplicarme crema con aroma a fresas por todo el cuerpo y comienzo a colocarme la lencería negra. Me cepillo el cabello y lo seco pacientemente, repasando el plan para esta noche.
La cosa es bien sencilla. Stanley y yo iremos a la fiesta en la playa y daremos una vuelta por si vemos a Rome. Si lo encontramos en el primer intento, es hora de separarnos. Si las cosas no resultan como lo esperábamos, bebemos una copa y le envío un mensaje. Damos una segunda vuelta y cuando lo encuentre, me acerco a él y me presento como es debido. ¿Qué pasa si él no llega? Pues, ninguna de las dos pensó en eso. Tenemos las expectativas demasiado altas y si él es realmente como dice ser, va a llegar. Si no lo hace, bye bye, señor Finnegan.
—Me lleva la que me trajo...
Escuchar la voz de Stanley de aquella manera me hace soltar el secador, golpeándome la cabeza.
—Gracias al cielo no tengo pene porque si lo tuviera, ya me lo habrías puesto duro.
Río.
—Ven, ayúdame a terminar de secarme el cabello.
Mientras ella hace eso, yo me pinto las uñas de un color azul eléctrico que hacen lucir mis manos un poco más blancas. Reviso de vez en cuando el teléfono, obteniendo siempre la misma respuesta: nada.
—Tranquila, él va a estar ahí.
—¿Y si no aparece? —la duda se refleja en mi voz— Él dijo que iba a confirmar.
—Yo sé que va a estar ahí. Sólo... no pienses negativo y concéntrate en pasarlo bien esta noche.
Asiento decidida. Stan me ayuda a maquillarme, yo cierro los ojos y dejo que ella haga su magia una vez más, quedando finalmente como una persona totalmente diferente. No me miro al espejo hasta ponerme el vestido n***o asquerosamente apretado que jamás usaría para ir a la escuela. Calzo mis pies con unos tacones que son ridículos para ir a la playa pero no puedo usar otra cosa que pueda combinar con el vestido. Stan acomoda la peluca con horquillas para que no se suelte.
Me paro frente al espejo y es como si estuviera viendo a una persona totalmente distinta. Mis ojos han sido reemplazados por un intenso color azul, mis pecas han desaparecido bajo una capa de base y mis labios están pintados de un color rojo mate intenso. La peluca me llega hasta los hombros desnudos y el vestido se adhiere a mi cuerpo como una segunda piel. Estar parada frente al espejo vestida así me hace sentir como una persona completa y totalmente diferente. Abed nunca se atrevería a utilizar este tipo de vestidos tan cortos que dejan poco a la imaginación. Pero, esta noche no soy Abed. Soy Lola y se siente jodidamente bien.
—Lola es como tu alter ego —Stanley adivina mis pensamientos, mirándome a través del espejo—. Atrévete a hacer cualquier cosa. Nadie te conoce, amiga.
Esbozo una gran sonrisa.
—Hagámoslo.
¿Se me permite decir que venir a una fiesta en la playa usando tacones es la idea más estúpida? Y fíjate, a nosotras sí que se nos han ocurrido ideas estúpidas desde que somos amigas pero, esta ha sido una de esas donde dices: la idiotez humana no tiene límites.
Porque sí, he tenido que quitarme los tacones y andar trayéndolos en la mano porque el puto tacón se hundía en la arena.
La fiesta está en su máximo esplendor. Hay chicos sudorosos bailando, saltando, gritando. Todos beben y fuman, algunos se están quitando la ropa para irse a bañar mientras que el DJ mezcla la música sin parar. Puedo oler el tabaco y la m*******a en el aire y aunque la mayor cantidad de chicos son universitarios, he visto a unos cuantos de la escuela. Es una fiesta libre, puede venir quien quiera. No obstante, esta es la segunda vuelta que Stan y yo damos por el lugar y no logro encontrar a Rome.
—¿Lo ves por alguna parte?
Miro hacia el lado y suelto una risotada. Stanley no quiso disfrazarse y creyó que pasaría desapercibida sólo si se ponía lentes de sol. El problema es que son de esos que usa Willy Wonka.
—Quítate esos lentes, por favor. Luces ridícula.
Ella hace un ademán.
—A mí me encanta como se me ven, ¿a que no son cool?
—No, no he visto a Rome. —respondo su pregunta anterior porque no hay caso con ella y los lentes. Son sus favoritos— Yo creo que no va a venir.
—Relájate, mujer. Ya te dije que hoy tenía la aburrida cena con sus padres.
—¿Y si te equivocaste?
—¡Lo escuché de su propia boca! —alza la voz en reproche— Además, yo jamás me equivoco. Mejor, vamos a servirnos una copa. Yo invito.
Ella no espera mi respuesta. Simplemente, sujeta mi muñeca y comienza a arrastrarme entre medio de la multitud. Hay tantas personas aglomeradas, tantos olores combinados, tanta arena bajo mis pies que apenas puedo caminar. Siento un par de golpes intencionales en mi trasero, yo lanzo patadas a ciegas golpeando a personas. No sé si he golpeado a los culpables... espero que sí.
—¿Qué vas a querer?
Miro a mi mejor amiga y me encojo de hombros.
—Un poco de agua.
—¡Dos orgasmos, por favor! —grita Stan y los chicos a nuestro lado ríen.
Comienzo a revisar mi teléfono, viendo la última conexión de Rome. Él no se ha conectado desde hace tres horas y ni siquiera me envió un mensaje avisándome si vendría o no. Los días anteriores, me habían mantenido entusiasmada al cien por ciento pero ahora cuando me doy cuenta que él posiblemente no aparecerá creo que sólo fueron una pérdida de tiempo.
—Creo que lo mejor es que nos vayamos, Stan. ¿Stan?
La busco por todos lados pero ella simplemente ha desaparecido. Resoplo y miro su trago intacto sobre la barra. Menuda mejor amiga me he conseguido...
Tomo el vaso y me bebo el contenido de un solo trago. El alcohol produce un ardor en mi garganta, arrugo mi rostro sin poder evitarlo. Como Stan no ha regresado, me tomo el de ella también pero el segundo vaso ya pasa un poco más suave. Estoy a punto de dejar el vaso sobre la barra cuando mi teléfono vibra en mi mano; lo miro y mi corazón se salta un latido. Titanuim resuena por los grandes parlantes y es como si me nublara la razón. Mis ojos están fijos en el teléfono, los tragos me han mareado un poco y la música resuena en mis oídos con fuerza. Siento el pecho vibrar. Quiero creer que es por culpa de la música y no porque Rome Finnegan me está llamando justo en este momento.
Deslizo el dedo por la pantalla y cuando me acerco el móvil a la oreja me doy cuenta que mis manos están frías.
—Hola.
—Jamás pensé decirlo pero... tu trasero luce malditamente bien bajo ese vestido n***o.
¿Cómo diablos se respira? ¿Qué tengo que hacer ahora?
Miro hacia todos lados y como una posesa, me giro encontrándome a Rome a un par de metros más allá en la misma posición que yo pero a diferencia de mí, él está sonriendo y la poca iluminación hace que sus ojos luzcan más oscuros. Deslizo la mirada por su cuerpo y sufro de inmediato un orgasmo visual porque él luce jodidamente caliente. Me he quedado muda y todo comienza a ir en cámara lenta cuando él empieza a caminar en mi dirección.
Trago saliva. Él se detiene a menos de un metro de distancia y se aparta el móvil de la oreja. Como mi cuerpo y mi cerebro han dejado de conectar, es él quien tiene que quitarme el móvil de la oreja y para mi sorpresa, lo guarda en el bolsillo de su pantalón. Estoy perpleja, emocionada, un poco asustada y totalmente dispuesta a hacer todo lo que pueda con él durante la noche.
Es ahí donde entiendo el porqué de la desaparición de Stan. Ahí, envuelta en el magnetismo que irradia Rome, con los sentidos nublados gracias a la voz de Sia, me doy cuenta que mi mejor amiga debe haberlo visto y se ha alejado antes de que él la viera. Maldita perra...
El chico de ojos verdes desliza la punta de sus dedos por mi brazo hasta que llega a mi mano y toma con firmeza mis dedos.
—¿Bailas conmigo, Lola?
Me relamo los labios y sonrío.
—Pídeme lo que quieras y lo haré. —le respondo, haciéndolo sonreír con plenitud mientras que de sus ojos destella un brillo malicioso.
Esta jodida noche será inolvidable.