Ocho.

2725 Words
Ver a Rome en la escuela es extraño. No extraño de mala manera sino... agh, no sé cómo explicarlo. Es como si mientras estamos rodeados de personas, él se convirtiera en una estrella totalmente inalcanzable. Ambos seguimos nuestras vidas como era habitual y es un alivio. Las reglas que le impuse el sábado pasado se las estaba tomando al pie de la letra y es bueno. Un punto para él. Lo sucedido el viernes y sábado, ha sido comidilla entre Stan y yo en todo lo que va de semana. Lola sigue hablando con Rome y al parecer, mi especie de doble vida cual Hannah Montana a mi amiga le resulta de los más chistoso. A mí no me molesta hablar de ello, simplemente... a veces me aburre. Y también me asusta un poco porque, gracias a todo esto (el acostón y las pláticas con Stan), he pensado en Rome estos últimos días más de lo que lo he hecho durante estos tres años. No estoy reconociendo que tengo una especie de flechazo cliché por él pero, si tengo que ser precavida, me pondré el parche antes de la herida. Dejo mi tazón con café sobre la encimera y veo a Stanley como habla. Estamos planeando dónde me juntaré con Rome pasado mañana pero, ya no quiero seguir hablando de él. —Stan... Stan... —trato de hablarle pero ella está demasiado emocionada—. ¡Stanley! —¿Qué? Suelto un resoplido —¿Podemos dejar de hablar de Rome sólo por cinco minutos? Mi cabeza está que revienta y lo menos que quiero ahora es hablar de él. Oír su nombre me estresa. —¿Por qué? —Porque sí. Estás más emocionada que yo y eso es un poco extraño, si me lo preguntas. ¿Te gusta Rome? La buena vibra que había estado rodeando a Stanley desaparece en el mismo instante en que yo formulé la pregunta. Sé que a ella no le gusta Rome pero, su efusividad me confunde y, seamos sinceras, yo no sería capaz de acostarme una vez más con él si a mi mejor amiga le gusta. Muy bueno en el sexo podrá ser pero yo quiero a mi amiga y no estoy dispuesta a perderla por un idiota como él. —¿Cómo puedes preguntarme si me gusta Rome? —con su mano derecha empuja su cabello hacia atrás cual drama queen— Sólo estoy emocionada por ti, estúpida. —Lo siento —dejo caer mi espalda sobre la silla y me froto el rostro—, simplemente... no hablemos más de él por un rato, ¿vale? He pensado tanto en Rome durante estos días que me estoy asustando. —¿Piensas que puede empezar a gustarte en serio? —Sí y ese sería un gran problema porque no estoy dispuesta a salir con el corazón roto por un tipo como él. Muy guapo y todo pero en un futuro quiero un buen novio, no un puto. Stanley ríe —Creo que te estás adelantando demasiado a los hechos, Abed. Es normal que estés emocionada por cumplir tu sueño de acostarte con el que fue tu crush durante tres años. Eso no significa que te estás enamorando. Sólo relájate y no pienses tanto las cosas. Muerdo el interior de mi mejilla, indecisa. —¿Eso crees? —Por supuesto que sí —posa su mano sobre la mía y le da un suave apretón—. No pienses tanto las cosas. Arriésgate, ¿qué tienes que perder? Además, todo esto te hace ver como si estuvieras loca por él. Me horrorizo ante la idea. ¿Yo loca por Rome Finnegan? Pff. Sí, claro. —Por supuesto que no estoy loca por él. —Lo sé, Abed. Pero con tu comportamiento es justo eso lo que das a demostrar. Me quedo pensando en lo que ella me ha dicho por un rato. Stanley tiene la razón; yo no tengo nada que perder. Claro, si Rome no se entera de todo, él se dedicaría a hacer mi vida en la escuela un infierno pero ese ya es otro tema. No tengo novio y no le debo fidelidad a nadie. Por lo que sé, él no está saliendo con nadie y eso es un punto a mi favor, creo, porque no estoy interesada en enredarme con chicos con novias que vengan a hacerme escándalos. —¿En qué estás pensando ahora? —Stan corta el hilo de mis pensamientos— ¿Sigues pensando en lo que estábamos hablando? —ella suspira cuando yo asiento— Pensar mucho las cosas arruinará tu felicidad. Tú solo sigue adelante, haz lo que tengas que hacer y ya más adelante, si sientes que las cosas se están saliendo de control, lo cortas. Ahora, ¿podemos terminar la maqueta? No quiero tener un uno en artes otra vez por tu culpa. Me bebo el resto de mi té de un solo trago porque ya se ha enfriado y regresamos a la sala para ponernos manos a la obra. En lo que queda de tarde, no me detengo a pensar en Rome Finnegan ni un minuto más. Terminamos la maqueta hablando de diversas cosas y nos preparamos algo para cenar y después vemos un par de capítulos de La casa de papel. Finalmente, Stanley se va a su casa cuando son casi las nueve de la noche y Logan llega todo sudado media hora después. Le indico a mi hermano que le hemos dejado su cena en el horno y yo me voy a mi habitación. Al llegar ahí, reviso mi teléfono y veo que tengo un mensaje de Rome desde hace dos horas atrás. No le respondo. No tengo ganas de hablar justo ahora. *** —¡Si no te apuras vas a llegar tarde! El rugido de Logan desde el pasillo me hace perder la concentración y a causa de eso, termino con un horrible dolor en la rodilla ya que me he golpeado aquella zona con la punta de mi velador. Estoy más que atrasada. Anoche me quedé viendo la serie hasta altas horas de la madrugada y esta mañana no escuché el despertador. Sí, soy una pésima amiga porque le prometí a Stanley que no vería ningún capítulo sin ella pero, la serie está demasiado buena y ella también hizo lo mismo el año pasado con Grey's Anatomy. Trato de apurarme pero es un caso perdido. Yo soy el tipo de persona que mientras más intenta apurarse, menos lo logra. Doy vueltas por mi habitación buscando las zapatillas, mirando también si encuentro mi cuaderno de literatura por algún lugar. Tropiezo un par de veces, lanzo maldiciones a diestra y siniestra hasta que finalmente, puedo salir de mi habitación hecha un completo desastre. —¿Logan? —llamo a mi hermano en el pasillo, mis manos intentan hacer un rodete. Como no obtengo respuesta, reviso en su habitación pero no está. Bajo a la primera planta y la respuesta es la misma. Él se ha ido sin mí— Estúpido. Tomo la maqueta y salgo de la casa con quince minutos de retraso. El autobús tarda quince más y lo que tengo que caminar desde la parada a la escuela, son diez minutos. He perdido mi primera hora de clases, yay. Entro corriendo a la escuela, agitada, sudando y con un terrible dolor en las costillas. No me detengo a mirar a los chicos que están en los pasillos hasta que, por supuesto, choco con alguien y lo único que siento es mi trasero impactando contra el duro suelo. Por suerte, la maqueta sigue intacta entre mis manos y un poco dolorida, suelto un suspiro. Alzo la mirada y me encuentro al causante de mis pesadillas estas últimas noches. Rome Finnegan. Él me observa por unos segundos y cuando pienso que me va a ayudar como en las películas, estaba muy equivocada. Me lanza una mirada como diciendo "fíjate por donde caminas, pedazo de idiota" y luego mira hacia otro lado, siguiendo con su interesante conversación. ¿La caballerosidad? Se la metió en el culo al parecer. —¡Abed! —Stanley grita apenas sale del salón. Me quita la maqueta de las manos y me ayuda a colocarme de pie— ¿Qué diablos hacías ahí? La miro mal —Me gusta limpiar el piso con mi culo, Stanley. —Pensé que ya no ibas a venir —ignora olímpicamente mi sarcasmo—. Estaba a punto de preguntarle a Logan por ti. —No me nombres a ese ser despreciable. —gruño, sobándome el trasero. —¿Por qué te atrasaste tanto? Ambas ingresamos al salón. —Me quedé dormida. ¿Pasó algo interesante mientras yo no estaba? —No pero, he escuchado un chisme... Todo en mí se pone en modo alerta. —¿Qué chisme? Stanley mira hacia ambos lados y cuando se asegura que no hay nadie prestándonos atención, se inclina para susurrarme al oído: —Antes de ingresar a clases, oí a unos chicos hablar sobre Rome. Supuestamente, él está saliendo con una chica llamada Elyssa. Frunzo el ceño. —¿Elyssa cuánto? —No tengo idea pero, lo mejor que puedes hacer es preguntarle. —¿Eso no me haría ver como una patética chica celosa? —¡Por supuesto que no! —chilla en susurros— Sólo estamos asegurándonos que no seas la otra, Abed. Aquella idea me revuelve el estómago. Yo siempre he sido bastante abierta de mente y pienso que cada uno puede hacer lo que quiera con su vida pero, estoy completamente en contra de las personas que se involucran con alguien que tiene pareja. Yo no conozco a mi padre (mi hermano sí), pero he oído lo suficiente de él como para aborrecerlo por destruir una familia y largarse, dejándonos, con aquella mujer y hacerse responsable de hijos que no son suyos. —¿Estás segura que oíste bien? No quiero meter las patas, Stan... —Mira, es normal que tengas ciertas dudas porque... Rome no es el chico más tranquilo que digamos. Respiro hondo y asiento. Aprovechando de que aún faltan un par de minutos para la siguiente clase y que Rome está en el pasillo, desbloqueo mi teléfono y le escribo un rápido mensaje. Lola: Hola, ¿estás por ahí? Como Rome está de lo más entretenido con sus amigos en los pasillos, tarda un poco en responder. Mientras tanto, me dedico a copiar los apuntes de Stanley. No es hasta que Rome ingresa al salón y se sienta en su pupitre que me responde el mensaje. Rome: Hola, pensé que te habían raptado los ovnis jaja Rome: Cómo estás? Estar hablando con él y tenerlo a menos de tres metros de distancia hace que mi estómago se apriete en un nudo. Coloco el teléfono bajo el pupitre y le escribo. Lola: Muy bien, gracias. ¿Puedo hacerte una pregunta? El teléfono de Rome suena. Le pido a Stan que lance un vistazo hacia atrás para cerciorarme qué están haciendo los chicos. —Rome y Steve están en sus móviles. —informa ella, acomodándose en su asiento. Rome: Claro... ¿? Lola: Mira, hace unos días leí unos rumores en f*******: de que estabas saliendo con una chica llamada Elyssa. No la conozco ni tampoco me importa conocerla, lo único que quiero preguntarte es si esos rumores son ciertos Lola: Si los rumores no son verdad, lo pasamos bien un rato más pero, de lo contrario, prefiero dar un paso al lado porque, sinceramente, no estoy de ánimos para meterme en enredos por un chico Escucho la ronca risa de Rome Finnegan a mi espalda y tengo que recurrir a todo mi autocontrol para no pararme e ir hasta donde está a preguntarle qué le parece tan chistoso. Doy una rápida mirada hacia atrás y lo veo, sus ojos verdes brillan con una chispa juguetona y se mordisquea el labio inferior intentando ocultar una sonrisa; su mirada pegada en el móvil. Rome: Estás celosa, Lola? Creo un pequeño circulo de confidencialidad con Stanley y le digo: —El idiota cree que estoy celosa. —Ese chico tiene serios problemas con su ego —asiento ante su comentario. Lola: ¿No has leído? Por supuesto que no estoy celosa, no seas chistoso. Rome: Entonces por qué me estás preguntando eso?? Lola: Te lo he dicho arriba, Rome. Rome: Importaría realmente si estoy saliendo con alguien? Además, por qué debo responderte? Fuiste tú quien dijo que nada de preguntas personales... Lola: Esto es una excepción Lola: ¿Estás saliendo con esa chica sí o no? Rome: No, Lola. No estoy saliendo con nadie Rome: Y tampoco quiero salir con alguien. Sólo quiero sexo ¿Ya ven a lo que me refiero? La mayoría de los chicos son iguales. Nos usan a nosotras como un objeto s****l. No es que yo quiera a Rome o algún otro chico para algo serio en estos momentos pero me enferma que sean tan descarados. Además, ¿por qué ellos pueden reconocerlo a viva voz mientras que para las mujeres es todo un tabú? Rome: Qué hay de ti, Lola? Estás saliendo con alguien? Lola: No, Rome. No estoy saliendo con nadie. Abandono su chat y no vuelvo a ingresar aun sabiendo que él me ha mandado un mensaje. Es demasiado arriesgado estar chateando con un chico que no sabe que eres tú en el mismo salón. —¿Qué fue lo que te dijo? —susurra Stan, acercándose a mi oreja. Estoy a punto de responderle, pero la profesora de biología ingresa al salón. —Luego hablamos, ¿vale? Recuerda que las paredes tienen oídos aquí. Me responde con un asentimiento. La clase comienza pero, yo no puedo poner atención a lo que comienza a explicar la señorita Green. Siempre pensé que Rome era el tipo de chico que no andaba en busca de algo serio y que si en algún momento se le presentase, huiría de inmediato. Nunca escuché comentarios de que estuviera saliendo con alguien y eso es extraño porque los rumores en esta escuela corren más rápido que cualquier otra cosa. Además, ¿qué chico en su sano juicio aceptaría que está saliendo con alguien cuando lo único que quiere es acostarse contigo? Exacto: ninguno. * —Muy bien, cuéntamelo todo. Stan y yo hemos decidido salir a comer al patio. Hace un día precioso y es agradable comer afuera. Elegimos una mesa apartada, no es como si muchos estudiantes decidieran salir a comer aquí pero, es mejor prevenir. Yo dejo mi bandeja sobre la mesa de madera oscura y me acomodo en el asiento justo frente a ella. —¿Qué crees que me dijo? —entrelazo mis dedos y afirmo el mentón en ellos, mirando a mi amiga atentamente— Sinceramente. —Sinceramente, creo que lo negó todo. —comenta y yo extiendo mi mano en su dirección, indicando de esa manera que se ha respondido sola— ¡No puedo creerlo! —¿Qué harías tú si estás saliendo con un chico pero quieres acostarte con otro? —Escondo la relación, por supuesto. —¿Y si este otro chico te pregunta si estás saliendo con alguien?, ¿Qué le han llegado rumores? —Le digo que es mentira, obviamente. —Eso fue exactamente lo que dijo él. Quizá es mentira, quizás no lo es. Lo que me complica aquí no es que Rome esté saliendo con otra chica... sino que no estoy interesada en estar metida en enredos, ¿me entiendes? —¿Te refieres a que, si existe la chica, se entere? —Síp. No quiero estar recibiendo mensajes acosadores ni ver mi puerta rallada por una maniática. Stanley ríe —No te preocupes. Tú sigue con esto si quieres, yo investigaré un poco. —Claro —abro mi botella de agua y le doy un trago—, se me habían olvidado tus habilidades detectivescas. —No te burles, Abed. Sabes que si quiero descubrir algo, lo hago. ¿Cuándo dejará de tener la razón? Porque, diablos, las habilidades de Stanley con la computadora son jodidamente asombrosas. Desde que nos conocemos y yo le he dicho que me gusta un chico, ella ha investigado absolutamente todo. ¿Tengo sospechas de que me está engañando? Sólo tengo que decírselo a Stan y ella lo averigua.
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