Pasaron cinco semanas después eso. Me junté con Rome todos y cada uno de los fines de semana y debo decir que estar con él era sorprendente. No había incomodidades ni inseguridades. Las risas después del sexo eran lo mejor. Ese condenado sí que sabía hacer reír a una chica. Llevar la doble vida me costaba un poco porque Logan no se despegaba de mí, literalmente respiraba en mi oreja todo el tiempo. Mamá nos llamó para decirnos que se quedaría una semana más con su hermana enviándome de vacaciones a la bahía de la miseria.
La primera semana después de que nos acostamos con Rome, todo fue viendo en popa. Él respetó mi espacio, siguiendo una de las reglas que le di al pie de la letra. Sin embargo, desde la tercera semana se volvió en algo realmente insostenible. Él me pedía juntarnos en los días de semana aun cuando yo le decía que no podía y que se acordara de las reglas. Hablábamos mucho cuando él dejaba el modo intenso de lado. Hablábamos tanto que yo estaba comenzando a confundirme. Me gustaba estar con él, me gustaba tener sexo pero no quería ni necesitaba un melodrama de película en mi vida. No quería comenzar a sentir cosas por él porque era consciente que nada bueno saldría de ello, por eso, comencé a alejarme de a poco. Si antes le respondía los mensajes en cinco minutos, ahora me demoraba quince. Empecé a distanciarme de a poco pero el idiota es inteligente y se dio cuenta de lo que estaba pasando. Me preguntó sin rodeos qué era lo que me pasaba y yo le mentí sin remordimientos, diciéndole que estaba teniendo una semana de mierda en la universidad. Hizo la pregunta unas tres veces más y yo siempre le di la misma respuesta.
—Abed, ¿me estás escuchando?
Parpadeo, dejando a un lado todos mis pensamientos. Stanley y yo seguíamos en mi habitación, sentadas en mi cama una frente a la otra. Mi amiga me mira con el ceño levemente fruncido. Esbozo una pequeña sonrisa.
—Lo siento, me distraje en la mitad. —miento. Realmente no había escuchado absolutamente nada de lo que me había dicho.
—¿Qué tienes?, ¿peleaste con Logan otra vez?
—No.
—¿Entonces qué es lo que pasa? Has estado comportándote de forma extraña desde hace un par de días. No quise preguntarte nada antes porque pensé que andabas con la regla pero, veo que esto va más allá de los cambios de humor producidos por la regla.
Muerdo mi labio, sintiéndome de pronto totalmente abrumada. Miro mis manos, pensando en cómo decirle esto sin lucir ni sentirme patética.
—¿Esto tiene algo que ver con Rome?
Alzo la mirada y miro sus ojos llenos de preocupación. Asiento despacio como si temiera por su reacción.
—¿Qué te hizo ese bastardo?
—Nada. —muerdo el interior de mi mejilla y dejo escapar un suspiro por mi nariz antes de comenzar a hablar— Voy a dejar de verlo.
—¿Por qué?
—Porque estoy confundida. A veces pienso que siento más por él de lo que yo misma quiero admitir.
—A ver, para un poco porque me perdí. ¿Estás diciendo que te gusta Rome?
—Creo que me gusta. —la corrijo.
—¡Es lo mismo! Ya no tienes las cosas igual de claras como al inicio y eso está haciendo que dudes. Estás pensando más de la cuenta en Rome y no está bien.
—Lo sé... —lloriqueo y dejo caer mi cuerpo sobre la cama—. ¿Sabes lo terrible que fue para mí aceptarlo? Tuve que tragarme mi orgullo para reconocer que estoy pensando más de la cuenta en Rome Finnegan y decir esto en voz alta es totalmente vergonzoso.
—¿Por qué?
Abro los ojos y ladeo la cabeza para mirarla.
—¿Tengo que repetirte una vez más que fui yo quien escupió al cielo, diciendo que jamás en la vida se fijaría en alguien como él? —vuelvo a mi postura anterior y froto mi rostro, apartando el cabello de mi cara sin ninguna delicadeza— Fui yo misma quien le recalcó muchas veces a él que no quería nada serio. Dije mil veces que jamás podría sentir algo por alguien como él. Y mírame ahora... —suelto un resoplido, enfadada conmigo—. Soy patética. ¿Puedes golpearme para hacerme reaccionar?
Ni siquiera pasa un segundo cuando siento una bofetada en mi mejilla que voltea mi rostro hacia la derecha. La piel me arde por el golpe y cuando miro a mi amiga, ella está con expresión neutra.
—¿Qué diablos fue eso? —escupo, sobándome la mejilla.
—Tú me dijiste que...
—¡No lo dije de manera literal! —espeto, interrumpiéndola.
—Ah, pues... lo siento pero, te lo merecías por estúpida.
La miro ofendida —¿Disculpa?
—Lo que oíste —alza la barbilla—. Desde que me dijiste que querías acostarte con Rome supe que sería una mala idea y te lo dije pero tú insististe con que no sentirías nada por él y mírate ahora. Estás convertida en un manojo de nervios por tu culpa. Yo sabía que esto iba a pasar pero estabas tan cegada por la calentura que no escuchaste más allá de lo que querías oír. ¿Te das cuenta de lo que provocas, Abed?
—Stanley... —susurro incrédula por su vómito verbal.
—No, tú me vas a escuchar —sigue hablando sin parar. Su rostro comienza a tornarse rojo por el enfado—. Vas a tener que olvidarte de todos esos sentimientos estúpidos porque, escúchame bien, jamás serán correspondidos. Rome Finnegan te está usando de la misma manera que lo usaste tú y eso tendrías que haberlo tenido claro desde un principio. ¿Te visualizas con él en el futuro? —pregunta y yo me quedo en silencio— Responde, Abed. ¿Te visualizar con Rome en el futuro?
—No. —trago con dificultad.
—¿Por qué, Abed?
—Porque él sólo utiliza a las chicas y su regla número uno es no involucrarse con una estudiante de la escuela.
—¿Cumples con sus estándares?
—No.
—¿Crees que le gustarías si supiera la verdad?
—No.
—¿Rome se habría acostado contigo si supiera que eres su compañera de salón?
La garganta se me cierra en un nudo. Las palabras de Stanley son duras pero se lo agradezco porque es la única forma en la cual yo puedo entender. Tanto ella como yo no tenemos tacto para decir las verdades.
—No. —respiro profundo, tragándome las ganas de llorar que me asaltaron— Él jamás se habría acostado conmigo si supiera que yo soy Abed Möller.
Luego de reconocer aquello, su expresión vuelve a ser la misma. Creo ver un deje de lástima en sus ojos.
—¿Ya ves porque no quería que hicieras esto? No quería ver sufrir a mi mejor amiga por un estúpido chico como él. Rome Finnegan no se merece que una chica tan increíble como tú se fije en él. Es un cerdo superficial que utiliza a las chicas como un objeto s****l. No vale la pena, amiga.
Asiento porque sé que ella tiene razón. Nunca tuve que haber comenzado a sentir algo más por él porque Rome está lejos de cumplir con los estándares de mi chico perfecto. Sin embargo, si lo que siempre soñé fue sentirme atraída por un chico cuyos propósitos fueran distintos, que se preocupara por los demás y que tuviera nobles sentimientos... ¿por qué diablos terminó gustándome alguien como él?
—Creo que lo mejor es que deje de ver a Rome... —murmuro, mirando mis manos.
—No lo creas. —Stanley habla con firmeza. La miro sin alzar la cabeza— Eso es lo que tienes que hacer.
***
Suelto un quejido cuando veo que el teléfono ha sonado producto de un mensaje enviado por Rome. Stanley se fue hace media hora y yo estoy tendida en mi cama, escuchando música y haciendo lo que mejor sé hacer: nada.
Miro la vista previa del mensaje y suspiro. Me llega un segundo mensaje de él y decido leerlos.
Rome: Lola, nos vemos hoy?
Rome: Es sábado y tengo algunas cosas en mente para esta noche ;)
Desisto en responderle pero él vuelve a enviarme otro mensaje.
Rome: Te estoy hablando, por qué no respondes??
Rome: Lola...
Lola: Estoy ocupada, Rome. No puedo esta noche.
Rome: Eso fue exactamente lo que me dijiste ayer
Rome: Qué estás haciendo que estás tan ocupada si se puede saber?
Lola: No, no puedes saberlo
Rome: Qué diablos pasa contigo? Estás siendo completamente borde justo ahora
Bendito Dios, ¿qué puedo decirle a este chico para terminar todo tipo de relación con él sin tener que exponer lo que creo estoy sintiendo?
De pronto, me asalta una idea que, si bien me hará quedar como una total perra, estoy segura que hará desaparecer el insistente interés que él tiene por Lola.
Lola: Ya me aburrí de acostarme contigo, Rome
Lola: Fue divertido y todo pero ya no quiero más
Rome: Disculpa?
Rome: Crees que puedes lanzarme esa mierda después de que fuiste tú la que comenzó con todo esto?
No le respondo y al darse cuenta que no tengo intenciones de hacerlo, él comienza a llamarme. No lo hace una ni dos veces. Me llama seis veces y cada una de ellas las desvío al buzón.
Rome: Responde el maldito teléfono
Él vuelve a llamar y yo desvío la llamada una vez más.
Rome: QUE RESPONDAS EL PUTO CELULAR
Lola: Deja de actuar como un idiota, ¿sí?
Lola: Nos acostamos y fue bueno mientras duró pero ya no más
Rome: Estás terminando conmigo?
Lola: ¿Terminar contigo? Jamás empezamos algo, Rome
Él sigue mandando mensajes que yo no me molesto en leer, simplemente, le escribo:
Lola: Deja de actuar como un chiquillo de secundaria y madura ya de una vez.
Lola: Ah, lo siento, en realidad eres un chiquillo de secundaria inmaduro.
Y bloqueo a Rome Finnegan de mis contactos en w******p.