Diez.

2466 Words
Rome's POV.  Aprieto el teléfono con mi mano sintiendo como el enojo comienza a burbujear dentro de mi cuerpo. ¿Quién demonios se cree ella que es para tratarme así? No le basta con decirme un montón de mierda, también actúa como una perra y me bloquea. Estoy tentado a llamarla pero una mano en mi hombro me detiene. Miro hacia el lado encontrándome con Steve. Él sujeta un vaso de ponche, sus labios crean una línea recta. Niega despacio. No hace falta que yo le diga lo que está ocurriendo, el idiota me conoce lo suficiente como saber qué pasa y esa es su manera para decirme que no haga el ridículo. Suelto el aire por la nariz y bloqueo el teléfono, guardándolo de vuelta en mi bolsillo. Agarro la botella de tequila y dejo en el olvido el caballo, sirviéndome alcohol en un vaso más grande. Lo bebo de un trago y no es hasta que la última gota traspasa mi garganta que todo el bullicio de la gente y la música penetra en mis oídos. Estoy en casa de mi mejor amigo compartiendo unas copas y como es de costumbre, llegó más gente de la que nosotros mismos habíamos invitado. Mi humor había ido genial todo el día pero, sólo bastó que Lola me mandara a la mierda para que todo empeorara. Lo peor de todo es que no sé absolutamente nada de ella. Lo único que me dijo fue que estudiaba en Princeton pero hay demasiados alumnos inscritos allí y estoy seguro como el infierno que Lola no es su nombre real. No sé dónde vive, no conozco a sus amigos ni los lugares que frecuenta. ¿Quieres saber algo de ella para ir y hacerle un escándalo? Adivina la voz en mi cabeza y es exactamente lo que haría. ¿Cree que puede darme la patada en el culo cuando se le ocurra? Apareció de la nada y se fue de la misma manera. Estúpida perra... —No dejes que esa chica arruine tu noche, R. Dejo el vaso sobre la mesa y le lanzo una mirada a Steve. —Tenía ganas de follar, ¿bueno? —escupo. —Puedes hacerlo con quien quieras —extiende su brazo y señala a nuestro alrededor con su mano—. Puedes elegir a cualquier chica. Relamo mis labios y niego. —Tenía ganas de follar con Lola. —completo la oración. Él está a punto de decir una palabra más pero lo interrumpo con un gesto. No estoy de humor para sus malditos comentarios mordaces. Me dedico a beber el resto de la noche y a mirar mi teléfono, verificando si en algún momento Lola me desbloquea del chat pero la respuesta es la misma siempre. Llevo la mitad de la botella de tequila y los ojos comienzan a pesarme, veo borroso y cuando me coloco de pie todo me da vueltas. —¿Dónde vas? —Steve se coloca de pie e intenta sujetarme por los brazos pero lo aparto— Rome... —Déjame en paz —balbuceo, balanceándome un poco. Busco apoyo en la mesa pero termino botando el alcohol que quedaba en mi botella—. ¿Ya ves lo que ocasionas con tus estúpidas preguntas? —Puedo conseguirte otra si quieres. —¡Quiero tres! —le grito y lo aparto de un empujón. Sé que no debería beber demasiado pero siempre es lo mismo conmigo. Tengo un serio problema con el alcohol pero no sé controlarme a la hora de beber. Siempre digo que tomaré una copa pero termino perdiendo la consciencia en algún lugar. Me abro paso entre las personas, lanzando palabrotas en contra de lo que no me dejan pasar. Salgo de la casa de Steve y el viento hace que el alcohol me nuble totalmente los sentidos. Yo no soy consciente de lo que hago hasta que me doy cuenta que estoy con el teléfono pegado a la oreja, afirmado en una pared para no perder el equilibrio y caer de bruces al suelo. Después de un rato de escuchar los pitidos, alguien coge la llamada desde el otro lado. —¿Hola? Apenas escucho su voz, suelto un suspiro. Sin embargo, toda la calma que había sentido desaparece en el mismo momento en que recuerdo que ella me ha dejado. —¡Por qué me dejaste! —le grito entre balbuceos. La escucho gruñir— ¡Por qué me dejaste y me bloqueaste del chat! Muy en el fondo de mí sé que estoy haciendo el ridículo, sé que luzco patético llamando a las cuatro de la mañana a una chica que apenas conozco pero que con sólo un par de sesiones de sexo me dejó vuelto loco. —Rome, ¿qué demonios quieres? —pregunta, su tono irritado— ¿Llamas a esta hora sólo para molestar? —Lola, escúchame... —No, Rome, escúchame tú —me interrumpe en seco—. Nosotros no somos nada, nunca fuimos algo así que no te debo ningún tipo de explicación. Te lo dije hace rato: me aburrí de lo que teníamos y listo, se acabó. —Pero... —Pero nada. Búscate a otra chica y supéralo de una vez, ¿quieres? Déjame de molestar porque no tengo intenciones de andar perdiendo el tiempo cambiando mi número. Déjame en paz. —Lola... ¿Lola? —me aparto el teléfono de la oreja y lo vuelvo a acercar— ¿Aló? Ella me cortó, por supuesto. Después de esa humillante llamada telefónica, no recuerdo mucho lo que pasó. Creo que intenté llamarla dos o tres veces más (por no decir que fueron más veces de las que yo quiero admitir) pero ella declinó cada una de mis llamadas. Me concentré en beber el resto de la noche como un típico chico con problemas de corazón. Discutí con Logan, me peleé con Steve y terminé cayéndome en la entrada, perdiendo la consciencia. *** Cuando despierto, siento un fuerte dolor en la cabeza. Intento abrir los ojos pero la luz me lo impide así que me doy vuelta, dándole la espalda a la ventana. Siento como si me hubieran apaleado la otra noche porque me duele desde la uña de los pies hasta la punta de los cabellos. ¿Qué mierda pasó anoche? Con ayuda de mi brazo me siento en la cama y suelto un gruñido, sobándome la cabeza. La parte derecha de mi frente es lo que más duele, paso mis dedos por el área y siento un pinchazo. —Ay, mierda. —Eso fue exactamente lo que dije yo cuando te encontré en el piso. Inconsciente. Muevo el cuello con brusquedad hacia el lado haciendo que el dolor se intensifique en mi cabeza. Steve está sentado en la esquina de la habitación con los brazos cruzados, su rostro levemente iluminado cual asesino en una película. Lo que más me llama la atención son las paredes y es ahí donde me doy cuenta que esta no es mi habitación. La vergüenza se desplaza hasta mi rostro tiñendo mis mejillas de rojo. —¿Qué fue lo que pasó? —le pregunto en voz baja, sobándome la cabeza con cuidado. —Porque mejor no me preguntas "¿qué no pasó anoche?" Intento recordar pero es en vano. Sólo recuerdo los momentos antes de comenzar a beber como un loco. Después de eso, todo se vuelve confuso. —¿Puedes explicarme qué pasó anoche? Steve se coloca de pie. Cuando su rostro queda al descubierto por completo siento una pequeña pinchada de culpa en la cabeza porque sus ojos están adornados por grandes y oscuras ojeras. Está pálido, con el pelo alborotado y la ropa manchada con algo que no puedo detectar justo ahora. —Llegamos a la fiesta y todo estaba bien, ¿no? —comienza, con voz neutra— Pensé que esta vez te ibas a comportar y no ibas a actuar como un crío pero, estaba totalmente equivocado. —¿Por... qué? —trago saliva y el sabor a alcohol en la boca me produce una arcada. —¡Porque bebiste como un idiota! —alza la voz y yo me quejo— Comenzaste a llamar a esa chica e hiciste el ridículo. Logan llegó con una chica que, según tú, era igual a ella y comenzaste un escándalo. —Dios... —froto mis sienes con cuidado. Sin alzar la cabeza lo miro, arrugo un poco mi frente pero debo relajarme de inmediato porque me duele como el infierno—, ¿por qué no me detuviste? —¿Crees que no lo hice? —se acerca más a mí y logro ver un círculo rojo alrededor de la comisura de su labio y una pequeña cortadura en él. Steve se señala el labio— ¿Cómo crees que me hice esto? Y si eso no fuera poco, seguiste bebiendo. Querías conducir a tu casa, diciendo que no estabas borracho y saliste. Por supuesto, no llegaste muy lejos porque caíste por la escalera y ese fue el momento en que recién pude descansar. Me muerdo el labio inferior y cierro los ojos, sintiéndome completamente avergonzado. Tenía el presentimiento de haber hecho algo anoche pero, jamás me imaginé que iba a quedar frente a todos como un idiota que además de tener problemas de alcohol no supera el hecho de que lo han dejado. Le pido disculpas a Steve en un murmullo y él dice que no importa, que me disculpará cuando vaya a tomar un baño porque realmente apesto y es verdad. Mi ropa huele a alcohol y a vómito. ¿Me vomité encima también? Sinceramente, no me sorprendería. Me meto al baño y mientras me ducho intento recordar alguna cosa pero todo está en n***o en mi mente. Recuerdo haber llamado a Lola antes de emborracharme como un estúpido, cuando ella no quería contestarme los mensajes pero las siguientes llamadas no las recuerdo. Suelto un jadeo avergonzado. Me conozco perfectamente y sé que bajo la influencia del alcohol no me importa hacer el ridículo. Steve me ha dejado un poco de su ropa mientras me estaba bañando así que no necesito salir del baño para vestirme. Cuando estoy secándome el cabello, me doy cuenta que en mi frente tengo un chichón descomunal y toda la zona está raspada demostrándome que, efectivamente, me he sacado la mierda anoche. —Tienes que dejar de beber un poco, pedazo de idiota. —me reclamo y salgo del baño. Cuando salgo a la habitación otra vez, Steve ha desaparecido. Mi teléfono está en la mesa de noche y decido revisarlo. Lo primero que hago es irme al chat y me encuentro con que el entrenador ha dejado un mensaje en el grupo que tenemos del equipo, avisando que hoy hay práctica y que debemos confirmar. Con el dolor de mi alma escribo un simple "ok" y lo envío antes de revisar el chat de Lola. Su foto ya no me aparece, enviándome a la triste realidad de que sí me ha bloqueado. Pensé que ella y yo estábamos bien. Me esmeré completamente en seguir sus estúpidas reglas al pie de la letra pero no tengo idea de qué pudo haber pasado para que ella decidiera desaparecer de esa manera. Creo que en ningún momento la ofendí y supuse que el sexo entre nosotros era bueno. —Lo mejor es que des vuelta la página, Rome. Miro hacia atrás, encontrándome con Steve perfectamente limpio. Yo le había contado acerca de Lola un par de veces pero jamás he entrado en detalles. Sin embargo, ahora necesito conversar esto con alguien. Me siento como un empollón enamorado y es extraño. Tal vez no enamorado pero sí que estoy desilusionado. —Lo sé pero... —bajo la mirada al móvil por un segundos—, no entiendo qué pudo haber pasado con ella, Steve. ¿Crees que a lo mejor se aburrió de mí? —Lo mejor es que no te obsesiones con esto, Rome. Río —No lo haré. —Te conozco y sé que comenzarás a pensar en esto una y otra vez porque no soportas el hecho de que ella te haya dejado sin antes haberte dado una explicación. —Pero es que no entiendo. —lloriqueo. —Sólo piensa que ella consiguió a otro chico con el cual acostarse y listo. Es lo que haces tú cuando te aburres de una chica, ¿no? —asiento cabizbajo— Entonces ahora no te quejes. Deja de actuar como un enamorado y sigue tu vida. Porque... no estás enamorado, ¿verdad? Steve me mira, asustado ante mi falta de respuestas. —Porque no estás enamorado... ¿verdad? —repite. —¡Por supuesto que no! —me coloco de pie como un crío caprichoso y me acerco a la puerta— Será mejor que me vaya. Muchas gracias por todo. Me despido de él y Steve me entrega las llaves de mi coche. Salgo de su casa para encerrarme en mi auto y ahí me quedo por unos minutos, mis manos sobre el volante y mis ojos fijos en la nada. ¿Realmente luzco como un idiota enamorado? Sacudo la cabeza. No puedo estar enamorado de una chica a quien ni siquiera conozco en realidad. Lo que pasa es que no estoy acostumbrado a ser dejado por eso actúo de esta manera, ¿verdad? Siempre había sido yo el que abandonaba a las chicas, es por eso que estoy bastante sorprendido y no sé cómo asimilar el hecho de que ella se me ha adelantado. El resto de la mañana, me la paso durmiendo. Voy al entrenamiento pero no puedo concentrarme y me gano un par de reclamos tanto del entrenador como de mis compañeros. Culpo a la resaca y el horrible golpe que me he dado en la cabeza el cual me ha dejado un chichón. En mitad del entrenamiento, el entrenador me llama a un lado y me dice que si no me concentro de una vez, yo estaré en la banca el próximo partido. Le prometo que me enfocaré esta vez pero el tiempo restante me la paso en la luna. Una vez que el entrenamiento ha terminado, lo primero que hago es revisar el teléfono con esperanza pero, la desilusión golpea mi rostro para reírse de mí a carcajadas. Ella aún me tiene bloqueado. Mis compañeros de equipo quieren que hagamos la típica reunión desde de cada entrenamiento pero, no estoy de ánimos para ello y dejo a Steve a cargo. Estoy con un humor de perros y lo que menos quiero ahora es escuchar un montón de mierda. Refutando en mi contra, voy hasta los camarines y mientras estoy tomando una ducha, acepto lo que había estado negándome durante todo el día... Me gusta Lola.
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