❛PROMESA❜
—¿Cómo la estás pasando, cariño?
Después de haber tenido un día bastante movido y extenso en su trabajo, Ulysses llegó a casa demasiado agotado. Se había tomado un baño y recalentado el almuerzo de hoy en el microondas. Aprovechó ese momento y durante la cena, llamó a Emily.
Ver su sonrisa y el brillo en sus ojos en la video llamada, hizo que su cansancio se disipara un poco.
Emily rió y exclamó—¡Excelente papá!
—Parece que te has divertido mucho cariño, tanto que se te olvidó echar de menos a tu pobre padre.
La culpa en su rostro fue inmediata.
—Lo siento papá, no fue mi intención.
Ulysses rió y negó con la cabeza, mientras bebía una lata de cerveza.
—Estoy bromeando amor.
—¡Eres malo papá!
—Por cierto—el semblante masculino se volvió más serio—¿En dónde estás ahora? ¿Y quiénes son esas personas con quiénes estás?
Él sabía, sabía quiénes eran ellos, la familia Pons, una familia de clase media-alta, familia del actual ministro de Londres. Esta familia al parecer estaba totalmente desvinculada con el político, la razón por la que había sido difícil relacionarlos. En cuánto a la hija del aclamado ministro, hacía un buen trabajo en pasar desapercibida.
Esa no era su incumbencia, si no porque su hija ocultaba la relación que tenía con esta familia, ¿Por qué se lo ocultó?
La sorpresa fue tan evidente en su rostro, estaba totalmente pálida, pero fue breve antes de tener el descaro de parecer ofendida.
—Papá, acaso tú… ¡¿Me estás espiando!?
Sin darse cuenta, lo había admitido. Al darse cuenta de su error, Emily se había quedado entumecida y no era capaz de formar alguna frase coherente.
—¡No cambies de tema!—Le regañó.
Emily estaba acorralada, finalmente dió un suspiro de resignación, y desvió la mirada a cualquier parte de su entorno menos a él.
—Lo lamento papá, quería decírtelo, pero…
—No estoy enojado porque te relacionaste con ellos, hija—la interrumpió—estoy enojado porque me lo ocultaste, ¿Que habría pasado si estas personas fueran muy peligrosas? ¿Siquiera eres consciente de los riesgos que corres? ¡Este no era el plan!—estalló.
—¡Lo sé papá! te desobedecí y lo siento—ella en su desesperación, también había alzado la voz.
—El plan era que visitaras todo los lugares que quisieras con el guía privado que contraté, pero no solo no has hecho eso—sus ojos oscuros, exhiben tanta decepción como enojo—si no que al parecer ya no frecuentas en el hotel.
El silencio fue mutuo, Emily le dió la razón en silencio.
—Papá—Musitó ella, como si temiera que hablar en voz alta haría enfurecerlo más—Estas personas son familiares de mi mejor amiga, no han sido más que amables conmigo, son honestos y muy trabajadores, la señora Matilde es muy dulce y siempre se preocupa a que coma bien.
Sus orbes de avellana adquirieron un brillo de nostalgia.
—De alguna manera, me recuerda a mamá.
Su voz se quebró y Ulysses no pudo permanecer con su semblante serio por mucho tiempo. El dolor y la nostalgia abarcó en su mirada, ambos compartiendo un mutuo dolor permanente.
—Desde que ella murió, no has sido más que sobreprotector conmigo hasta el punto de ser sofocante—sus ojos se humedecieron, dándole una punzada de culpa.
—Siempre controlas con quién me junto, siempre intimidas a mis amigos, por esa razón no quería decírtelo porque sabía que jamás aceptarías a Idara, no le hubieras dado una oportunidad para ver qué ella no es más que amable conmigo.
La culpa fue insoportable para Ulysses, a pesar de que fue sus errores ella aún lo miraba con esa amabilidad. ¿Que tan extrema fue su sobreprotección al punto en que ella tratará de salir de su sofocante comportamiento?. Se sintió como el peor padre del mundo, pero escalando más a fondo en su corazón, se encontraba el miedo irracional de perderla, así como perdió a su amada esposa: Amanda.
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Fue difícil para ella contener las lágrimas, se había formado un nudo en su garganta y ver la tristeza y culpa en los ojos de su padre, la hizo querer retractarse de sus palabras por un segundo. ¡Sólo quería un poco de libertad! Ella ya era una joven adulta y se suponía que debía valerse por sí misma, no merecía ser encerrada en una burbuja de protección creada por su propio padre solo por el temor a perderla.
—Papá, solo pido que confíes en mí, no me vas a perder, siempre estaré contigo.
Lo vio suspirar y pasar sus dedos en su corto cabello. Bebió vehemente esa lata de cerveza hasta terminarla.
—Lo sé cariño, lo sé, yo…
—Papá te ves muy cansado, debes dormir. Mañana hablaremos.
—¡Espera hija!—la detuvo antes de que quisiera cortar la videollamada—¿Siempre estás con tu amiga, no es así?
Ella titubeó.
—Si, ¿Por qué?
—Mañana que regreses al hotel—Aseveró.
—Pero papá…
—Te estoy diciendo que vuelvas al hotel, no que dejes de ver a tu amiga.
Su semblante deslumbró y sus labios se extendieron en una gran sonrisa de oreja a oreja.
—¡¿De verdad!? ¡Eso es increíble! Eres el mejor papá del mundo, ¡Ti voglio bene!
Ulysses enarcó una ceja, confuso.
—¿Qué?
—¡Te amo en Italiano!—ella rió—Estoy aprendiendo papá, es un idioma...
Emily calló cuándo escuchó unos pasos presurosos acercarse a ella y rápidamente levantó la mirada. La conmoción y el pasmo vino a ellos como agua fría sobre sus espaldas.
Idara estaba allí con la expresión más ilegible que jamás había visto. El asombro continuó después y el shock como una ola pesada recorrió su cuerpo rígido cuándo Idara llevó ambas manos debajo de su ropa.
Sacando desde su vientre bajo, dos armas Silverballer del calibre 45 con silenciador. Sus ojos en ningún momento se apartaron de Emily, y entonces, extendió ambas manos, apuntando a su amiga.
El horror de Emily fue de inmediato y soltó un aullido. Todo parecía suceder como en cámara lenta.
Sus dedos se tensaron en el gatillo y antes de disparar, exclamó:
—¡Abajo!
Una descarga de adrenalina se inyectó por todo su ser, que no la hizo pensar y obedeció, Emily se agachó de cuclillas y cerró los ojos con fuerza, cubriendo su cabeza con ambos brazos protegiéndose, mientras escuchó un ruido sordo y gritos masculino agónicos, justo detrás de ella.
Con respiraciones temblorosas, vacilante miró hacia atrás quedando en absoluto shock cuándo vió a dos hombres muertos, enmascarados, totalmente en n***o y con armas en sus manos.
Aturdida y todavía en shock, se dejó arrastrar por Idara quién la había tomado del brazo, obligándola a levantarse, pero estaba tan rígida que no se movía.
—¡Maldita sea! ¡Levántate si no quieres morir!
Emily temblaba, y comenzó a sollozar fuertemente. Ulysses quién todavía estaba en la videollamada gritaba su nombre horrorizado y exigiendo a Idara que era lo que estaba sucediendo.
—Idara… armas, ella me...—la joven intentó explicar pero con la mente nublada de pánico y miedo no fue capaz de explicarlo correctamente.
—¡Dame eso!—Idara le quitó el teléfono y lo arrojó contra el asfalto, destrozandolo en el acto—Este teléfono es rastreable, y lo último que quiero es que nos persigan hasta a dónde vamos—trató de explicar.
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—¡¿Emily!? ¡Emily!
Si desesperación fue palpable y arrebatado por la furia combinada, arrojó todo lo que había sobre la mesa. Su impotencia se podía respirar y sentir a flor de piel así como el pavor gélido carcomerle hasta los huesos.
Su hija estaba en peligro.
Se repitió eso como un eco en su mente. Su paranoia le dió la razón y lo primero que hizo fue sacar un pasaje al primer vuelo a Italia. Encontraría a su hija, y haría pagar a esa perra. Aquella promesa tachaba como espada afilada expresada en su mirada decidida.
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