Capitulo 17: Fiesta

2170 Words
Sandra está muriendo, es eso o está muy emocionada, sus chillidos parecidos a un animalito muriendo me tienen sin cuidado, no recordaba lo histérica que podía ser ¿Y por qué está así en ese estado tan... lamentable? La tipa llegó en la madrugada llorando por un drama coreano con el que se había desvelado. Casi muero del susto cuando abrí los ojos y la vi sentada en mi cama llorando a moco tendido porque su protagonista murió o algo así. James se había ido tipo dos de la mañana y lo agradezco porque Sandra se pone un poco agresiva cuando personas que no la conocen la ven llorando, es como una vaca cuidando a su ternero. Y ahora está revolcándose en mi cama con los ojos parecidos a los de un sapo escuchando mi pequeña aventura de anoche. —¡No puede ser, Jade! —hago una mueca de dolor al escuchar el grito agudo que salió de su garganta. Debería de entrar a la opera o al equipo de porristas de la escuela, con esas cuerdas vocales la aceptan a la primera. —No hagas tanto ruido, papá vendrá a preguntar si estamos sacrificando a un animal. La risa histérica de Sandra frena de golpe y me muestra el dedo del medio totalmente ofendida. —Es que no lo puedo creer —dice más calmada —él te hizo eso ahí. Sus enormes ojos marrones me miran fijamente aún sin poder creer lo que le acabo de contar. —Sí y se sintió de puta madre, el sexo es lo mejor —Sandra me sacude de hombros con emoción. —no soy una maraca, sueltame. —Es que no lo has entendido, Jade. No todos los hombres saben hacerlo, eso es un arte, tiene su ciencia... —volteo mis ojos ante su dramatismo —te digo la verdad, mi ex ni siquiera sabía por dónde vamos al baño las mujeres. Su expresión cambia a una deprimida de repente y hago una mueca de asco al oirla mencionar a su ex. Hace unos meses Sandra comenzó a salir con un tipo del equipo de baloncesto, no me acuerdo de su nombre, pero sí me acuerdo que tenía una horrible verruga en el cachete y que olía siempre a humedad, no sé cómo mi amiga hermosa se fijó en ese ser porque buenos chistes no contaba. El tipo prácticamente la forzó a tener su primera vez y luego le terminó con la excusa de que ella no era lo suficientemente "buena" para él. Hijo de puta, debí partirle las dos piernas en vez de una... solo digamos que fue un pequeño accidente con aceite, un balón de baloncesto y muchas ganas de joderle la vida a un calamar que se creía Poseidón. —Ese tipo no sabía ni dónde estaba la canasta por eso nunca lo metían a jugar —Sandra soltó una carcajada olvidando completamente su tristeza. —¡Hey, si lo metían a jugar! —defiende al tipo con diversión. Volteo a verla con una ceja levantada y solo la veo subir y bajar sus hombros —Cuando James ya había adelantado el marcador y faltaban cinco minutos para acabarse el partido. —Una pieza indispensable del equipo —digo con sarcasmo. Ambas nos reímos del tipo como cada vez que tenemos la oportunidad. Sandra toma su teléfono que no deja de vibrar desde hace un rato, su ceño se frunce y me mira con un extraño brillo en los ojos. Oh no... —Si sabes contar conmigo no cuentes —declaro antes de que comience con su parlotería interminable. —Ni siquiera sabes que te voy a decir —su tono acusatorio me tiene sin cuidado. —Diego nos invita a una fiesta de verano en la casa de Chris el amigo de tu novio. —No es mi novio —ella levanta una ceja con ironía —Al menos no todavía y te recuerdo que Chris y yo nos caemos muy mal, súper mal. —Exageras, ambos tienen la misma personalidad y por eso es que no sintonizan. —No somos radios y no iré, ya te lo dije esos lugares llenos de borrachos y gente... eh —finjo un escalofrío. —¿James irá? —la mención de mi NO novio llama mi atención. —No lo sé —reviso nuestro chat buscando alguna invitación a la fiesta de su amigo, pero no hay ninguna. Raro. —de igual forma ya te dije que iré y no me harás cambiar de opinión. Me siento sobre mi cama con los brazos cruzados a la altura de mi pecho. Los ojos de Sandra no se apartan de mi rostro haciéndome sentir algo incomoda por un momento. Odio esa mirada manipuladora, lo hace desde que estamos niñas y siempre me hace ceder, pero no esta vez, mantendré mi postura firme hasta el final. Sí, hasta el final. —Me veo ridícula —bufo al ver mi reflejo en el espejo. Definitivamente el rojo no es mi color. —¿este vestido no me hace ver muy gorda? Sí, dije que no iba a ceder, pero Sandra prometió llevarme a la heladería cara del centro comercial. Ya eso compensa unas horas entre ruidos, chicos con apenas edad para embriagarse y uno que otro colado. —No te ves gorda, te ves bien. —Sandra se maquilla en el tocador mientras yo juzgo mi apariencia en el espejo grande. Miro el vestido de un tono rojo casi vinotinto que Sandra buscó especialmente para mí, apenas tapaba mi trasero y aunque me hacía ver unas curvas de infarto sentía un poco de inseguridad por mis lonjitas y ni hablar del escote, era mejor llevar las tetas afuera, eso les daría menos que imaginar. —Que vulgaridad —murmuro tratando de subir un poco más el vestido en mi pecho. —El vestido está perfecto y tu cuerpo también —ella se levanta y camina hacia mí. Abro la boca sorprendida de lo hermosa que se ve con ese vestido n***o pegado a su delgado cuerpo con curvas estéticamente hermosas, su piel morena brilla con unos pequeños destellos dorados, su cabello chino está perfectamente definido y ni hablar de su maquillaje. —Estas hermosa —digo sin ningún tipo de filtro. —Tú también lo estarás, vamos a arreglarte el cabello y a maquillarte —la tipa me jala en contra de mí voluntad hacia el tocador. —No entiendo por qué siendo tan hermosa decides estar como una indigente todo el tiempo. —Se le llama humildad, no puedo ir por la vida quitándole el protagonismo a otras mujeres, es un sacrificio para que otras puedan brillar —Sandra voltea sus ojos ante mi palabrería. —Sí, si claro, señora reguetonera —río ante el apodo —quieta, Diego pasará por nosotras en media hora y tienes que verte radiante para cuando llegue, serás la chica más hermosa de esa fiesta, tanto que te tomarán una foto y James irá corriendo a la fiesta solo para verte. —Ya basta —digo sonrojada —no soy tan bonita. —¡¿Qué?! —dice sorprendida —Claro que eres hermosa. —Si lo fuera los chicos se fijarían en mí y eso nunca ha pasado —mi voz se escucha tímida casi melancólica. Quizá es porque hablar de ese tema me genera mucha inseguridad, mi vida no gira en torno a la aprobación masculina de hecho normalmente prefiero que no se me acerquen, pero hay veces que simplemente deseo sentirme deseada. Justo como James me hace sentir. —Los chicos no se te acercan porque te tienen miedo, estás loca, Jade. No me ofende, ya lo he dicho antes, tal vez esa esa es la razón de mi falta de pretendientes. —No estoy loca. —¿Qué pasó con Shawn? —Tropezó en frente de mí y me burlé de él. —Después de que lo rechazaste. —No lo rechacé, me pidió mi número y le dije que no porque no sabía si vendería mi número para alguna estafa —me defendí. Oh, ese era el rechazo y me reí en su cara cuando se tropezó, soy una horrible persona. —Hola chicas —el perfume de Diego aromatiza mi cuarto apenas ingresa. —Wow, alguien se echó todo el perfume hoy ¿Crees que con eso la vas a poner, lindo? —me burlo. Diego tuerce sus ojos con fastidio tirándose en mi cama como perro por su casa. —Hola Jade, estoy bien Jade ¿Y tú cómo estás? —replica con sarcasmo. —Horrible ahora que veo tu cara fea —su dedo del medio me saluda con amabilidad. Sandra solo ríe mientras sigue en su labor de estilizar mis tres pelos que apenas y llegan al cuello con esfuerzo. —Wow, Sandra te ves muy hermosa hoy —dice Diego. Sandra se pone nerviosa por un momento quemando mi oreja con el rizador en el proceso. —Lo siento, Jade. —dice con pena. —Muchas gracias, Diego. Su tonta voz melosa me hace torcer los ojos con fastidio. —Coqueteen lejos de mí —ambos tipos se quedan callados algo incómodos. Genial, ahora me ponen incómoda a mí. —Tú también te ves muy hermosa, Jade —dice Diego tratando de romper la tensión —ese vestido rojo te queda de puta madre ¿desde cuándo tienes tanto pecho? —Si no dejas de mirarme las tetas tomaré una de las brochas de Sandra y te la clavaré en el ojo —Diego se echa un poco hacia atrás tomando la amenaza. Sandra suelta una pequeña risa. —Y listo, ya quedaste —la tipa se aleja dejando que me mire en el espejo. —Wow. —dice Diego al verme. ¿Esta soy yo? Me miro en el espejo sin poder reconocerme, mi cabello antes liso y sin ninguna forma, está peinado con unas pequeñas ondas, Sandra decidió pintar mis ojos en un hermoso smokey eye que me hace ver un poco mayor y el labial vino tinto es todo lo que se necesita para triunfar en esta vida. —Puta madre te la rifaste —exclamo sorprendida. —Lo sé, lo sé —Sandra me abraza por los hombros mirando mi reflejo en el espejo —te dije, eres hermosa. —Bueno, lindas —Diego mira su reloj con impaciencia —están muy hermosas lo admito, pero tenemos que irnos, ya son las nueve y los chicos deben de estar ya alocados. Sandra y yo tomamos nuestras bolsas y los tres bajamos las escaleras riéndonos del atuendo básico de Diego que consta solo de un jean n***o y una camisa clásica negra con unos botones abiertos mostrando orgullosamente su pecho grande por el gimnasio. Mi papá nos aborda en la entrada con el ceño fruncido y los brazos cruzados a la altura de su pecho, sus ojos nos escanean con una pizca de desaprobación. —Esos vestidos están muy cortos ¿No creen? —su voz llena de protección nos hace torcer los ojos. —Son del largo adecuado, viejo. Déjanos salir —le digo con un tono relajado. —Solo saldremos a divertirnos, seremos responsables, lo prometemos —completa Sandra con una sonrisa inocente. Sandra es como otra hija para mis padres, ellos prácticamente la criaron desde que Sandra estaba niña, ya que sus padres viajaban mucho y la mayoría de las veces estaba sola. Mis padres decidieron darle un hogar en el que estar, mientras sus padres trabajaban. —¿James irá? —pregunta desconfiado. —No lo sé, no soy su madre el tipo entrecierra sus ojos —andale pá, déjanos salir. —señor Duncan, le juro que su hija estará bien cuidada —interviene Diego al ver la actitud de mi padre. Este medita un poco y termina cediendo. —Ok, confío en ti, chico —el tipo abre sus brazos. Sandra y yo corremos inmediatamente a darle un abrazo —cuidense, si un tipo se pasa de listo lo castran. Sandra y yo reímos ante sus palabras y dejamos un beso en su mejilla manchandolo de labial. —¡Te amo, papá! —¡Nos vemos! Los tres salimos de la casa completamente felices subiendo de inmediato al auto de Diego. —Please, please, please. Don't prove I'm right —cantamos al ritmo de la canción mientras Diego maneja — And please, please, please. Don't bring me to tears when I just did my makeup so nice. —Mi canción —digo con sentimiento. —Ni has tenido novio. —se burla Diego. Pienso en James y me pregunto ¿Qué estará haciendo ahora mismo? Con todo el tiempo que tomamos arreglandonos y poniéndonos al día no pude escribirle para saber cómo estaba ¡Quiero verlo! Quiero que me vea así de bonita y se enamore más y más y más de mí. —Todavía —digo una sonrisa pícara. Sandra se muerde la uña emocionada. Todavía...
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