Keylan se escabullía como una impalpable sombra por los arbustos y demás obstáculos en la persecución a escondidas que mantenía con aquella muchacha. La vivienda de aquella chica se encontraba, por lo que la persecución le había dejado suponer, tan lejos del parque que, incluso Keylan, quien estaba dotado de una buena condición física, a veces se debilitaba y se veía obligado a frenar su cuerpo y rellenar sus pulmones con aire, perdía el aliento casi en totalidad, su corazón cabalgaba sin cesar ninguno en su pecho, como si de su caja quisiera liberarse, no recordaba la última vez que había corrido tan rápido. En algunas ocasiones estuvo a punto de perder el hilo de la persecución, a solo un filo, pero su deseo de saber era tan pujante e insistente que, aunque sus pies se crisparan, el no

