El dúo camino nuevamente en dirección al solitario parque, sus pasos se mantenían en una concordancia que todo aquel que los viera se sorprendiera, aunque ella de por sí, era mucho más rápida que él al momento de caminar. Al momento de llegar al parque, Harper tomó asiento en un columpio. Keylan intentó imitar su acción, fallando. —¿Cómo puedes caber aquí? Esta cosa me va a quebrar la maldita espalda —se quejó Keylan tratando de salir del diminuto columpio, pero sus brazos se hallaban doblados y atrapados por la parte de hierro que le impedía salir. Hacía mucho que no se sentaba en esos oxidados columpios. El pelinegro iba a soltar una maldición, pero sus palabras se vieron detenidas al sentir unos suaves dedos empujar con sutileza su espalda, eran los dedos de Harper quien se había pue

