A un caminar algo lento para el gusto de Keylan, ambos muchachos por fin llegaron a la heladería; era un lugar pequeño, aunque no demasiado, matizado de una diversa gama de seductores colores, de entre ellos sobresalía el color rojo, el preferido de Harper, y aunque esta no lo sabía aún, aquel color también era el favorito de Keylan, luego del rojo se veía prevalecer el morado, y como no podía aquel feliz color mostrar ausencia, también se veía al amarillo acompañar a los dos colores con anterioridad mencionados. El lugar tenía una apariencia muy encantadora a la vista, bastante cómoda y colorida, Harper se sentía como una pequeña chiquilla al entrar a tal sitio, miraba todo, con gran fascinación resplandeciendo en sus pupilas, como lo haría alguien que por años había sido privado de luz y

