Su piel era bastante clara y su cabello caía enrolado en las puntas, esto le adicionaba aún más esplendidez a su persona. Sus ojos eran vertiginosos, aunque no exorbitantemente grandes, él no sabía si era ella la dueña de aquello, pero en aire había un muy encantador olor, que, aunque no lograba identificar, ya lo había olido antes. Sus labios apenas se movían cuando él le preguntaba algo, se observaba tan incomoda, incluso hasta disgustada. Ambos estaban sentados en unos bancos de aquel pequeño parque; cuando se aproximó a ella, Keylan la reconoció de manera casi inmediata, pese a que la muchacha estaba más delgada que la ultima vez que la vio, bastante más delgada, de hecho, la supo reconocer, pues la mirada de la chica era bastante particular e inolvidable. Se había acercado, había ha

