La sala de juntas de la Envers Company mantenía un tenso ambiente debido a los sucesos de la noche anterior.
La elegante estancia con paredes de madera oscura y grandes ventanales, reunió a los socios que revisaban los reportes contables del mes anterior, pero sin lugar a dudas, los más importantes eran las cartas de tres inversionistas que podrían hacer temblar la estabilidad financiera de la compañía.
Araceli llamó la atención del grupo dando por iniciada la Asamblea, los que quisieron oponerse fueron callados recordando lo ocurrido la noche anterior, excusa perfecta para la ausencia de Hadriel, pero sobre todo, evidenciar que Maia era la culpable de semejante desbandada.
—La inasistencia de la señora Bazma es una muestra clara de su culpabilidad —argumentó Araceli haciendo que los paneles de las ventanas se cerraran para dar comienzo a la presentación que demostraba el grave estado de la empresa bajo la supervisión de Maia—. Nuestros inversionistas están huyendo. Las cifras no mienten: hemos perdido tres rondas de financiamiento consecutivas. Si no encontramos una solución, la empresa se hundirá.
Hadriel suspiró. Los balances contables daban un margen de seis meses para que la empresa no tuviese cambios drásticos en el manejo, pero las medidas que se tomarían debían comenzar lo antes posible.
—Bien, entonces ¿Cuál es tu consejo?
—Sacar a la señora Bazma de la empresa, sin ella se puede recortar personal, vender algunos activos, y mirar con detenimiento la oferta de SF e Hijos que busca fusionarse con nosotros desde hace meses.
—¿Esa es su propuesta? ¿Perder nuestra autonomía y dividir lo poco que quede cuando ellos intervengan? —esgrimió uno de los socios.
Araceli apretó la carpeta en sus manos, era claro que no sería fácil convencer a los que más cercanos a Maia, sin embargo, tampoco podía aceptar en voz alta que el hombre acertó en su apreciación.
Simón Fernández, la contactó para ofrecerle garantías que ni siquiera su amigo Hadriel le propuso en todos los años que llevaban de conocerse.
—No podemos seguir como hasta ahora. Necesitamos una estrategia audaz. ¿Qué tal si lo que nos ofrecen revitaliza a Envers Co.? —Hadriel frunció el ceño, sin duda eso significaba ver que la empresa, y por ende, su fortuna se debilitaban. La exhalación de Araceli atrajo su atención de nuevo—. A veces debemos sacrificar el control para sobrevivir.
Los ojos marrón de Ara se encontraron con los verdes de Hadriel, era el representante legal de la compañía, así que él debía dar la orden para la votación. Román vio la indecisión de su amigo, Ara le hizo un gesto que le pedía dar el empujón final. La oportunidad estaba en la mesa, sin Maia y Cristóbal, la manipulación daría el resultado que esperaban.
Finalmente, Hadriel asintió.
—Está bien, Ara. Estudiaremos la propuesta de Fernández. Lo único que quiero que quede claro, es que no permitiré que la empresa de mis padres y el legado de Leila se pierda, una condición es que el 51% de las acciones no se tocaran.
La puerta se abrió antes de que Ara diera alguna respuesta, Cristóbal analizó la expresión de los socios y como voltearon a ver a la mujer que dirigía la reunión.
—Cabe recalcar que cualquier decisión tomada hasta ahora, no tendrá validez hasta que la presidenta, es decir, la señora Bazma, revise que sea legal y cumpla con los objetivos de la empresa.
Maia saludó a los socios que le dieron la bienvenida dándole a conocer lo que se había hablado hasta el momento. Los ojos grises buscaron los de Hadriel, el hombre lucía como si no hubiera dormido. Su marido apartó la mirada con vergüenza, al menos algo de decencia le quedaba, pensó antes de voltear hacia Araceli que hizo un gesto de fastidio.
Araceli era una mujer ambiciosa y astuta. Poseía un gran conocimiento del mundo empresarial, su relación con Hadriel y las habilidades de persuasión con las que contaba, la llevaron rápidamente a ocupar un puesto importante en la compañía. Envers estaba encantado de tener a su cuasi-hermana cerca, pero Maia no compartía su entusiasmo. Las reuniones de la junta directiva se convirtieron en campos de batalla, siempre chocaban por decisiones estratégicas.
Maia prefería un enfoque conservador, calcular los riesgos y mantener aliados comerciales que favorecieron a la Fundación brindándoles una reducción en el pago de sus impuestos como la ley lo permitía. Por su parte, Araceli abogaba por incluir nuevos integrantes en la dirección de la empresa, restarle autoridad e independencia a Envers Co., y reducir personal.
Pronto Hadriel se encontró atrapado en el medio, tratando de mantener la paz entre las dos mujeres, que alegaba, eran las más importantes de su vida, situación que empeoró cuando la junta directiva puso de condición que la presidencia fuese entregada a Maia Bazma por cinco años más, cuando su contrincante era la misma Araceli.
Cristóbal solicitó el avance del acta de la reunión, la secretaria de Hadriel leyó lo hablado hasta el momento y como se iba a dar comienzo a la votación para la aprobación de la propuesta de fusión.
Maia sabía muy bien quién era el ganador incluso sin ser nombrado por la castaña, no comprendía la necesidad de destruir la empresa que significaba tanto para Hadriel, y menos que quien moderará la propuesta fuese la mujer en quien él confiaba ciegamente.
—Solicitó dialogar con el representante legal, el cual, como escuché en la lectura, ya accedió a la propuesta.
La mayoría de los socios accedió a pesar de las quejas de Román y los que apoyaban a Araceli, Hadriel se levantó e indicó la sala anexa que les daría privacidad. Una vez dentro, Maia preguntó.
—¿Por qué Araceli tiene tanto poder?. Este es tu negocio, tu herencia familiar, luchaste por levantarlo, no permitas que ella lo arruine.
El azabache suspiró y miró a su esposa.
—Sé que es difícil de comprender, pero Araceli es como mi hermana, me ayudó en el pasado, no puedo simplemente ignorar sus ideas cuando siempre ha buscado lo mejor para nosotros.
Maia asintió, pero recordó la actitud de la mujer la noche anterior y como envenenó el corazón y la mente de Leila, así que dejó de lado los sentimientos de Hadriel para hablar como la presidenta de la empresa.
—La señora Pozo presentó un plan de expansión arriesgado que podría catapultar a la empresa a la cima o hundirla en la bancarrota —el tono frío de Maia indicó a Hadriel que estaba furiosa por algo que él desconocía—. ¿Estás dispuesto a arriesgar todo porque ella es alguien especial para ti?
Envers miró a su esposa con tristeza.
—Maia, es por mi familia. No quiero perderla a ella, ni a Román, los Pozo son… ellos son demasiado importantes para mí.
La rubia, por más dolor que sintiera al darse cuenta que jamás fue lo suficientemente valiosa para el hombre con quien llevaba veinte años casada, comprendió lo frágil y vulnerable que Hadriel podía sentir ante la posibilidad de carecer de la aprobación de sus seres queridos.
—Si quieres hacer la votación, hagámosla, pero después de escuchar los motivos de mi llegada tarde.
Hadriel aceptó, cuando iban a salir, detuvo a Maia tomándola de la mano. La mujer se estremeció bajo su toque.
—Déjame explicar lo de anoche, yo…la verdad es que yo te necesito, me perderé si no estás a mi lado.
Bazma se burló de la frase, sin embargo, aceptó porque era lo mejor para determinar en qué punto estaba su relación sentimental y financiera. Una triste sonrisa adornó el rostro de Hadriel, luego salieron del despacho.
Cristóbal dio inicio a la presentación pasando las carpetas con lo que Maia logró en horas de la mañana tras el bochornoso incidente de la noche anterior, y los intentos de sabotaje llevados a cabo con los posibles inversores por parte de uno de los miembros de la compañía, diciendo esto último con los ojos clavados en Araceli.
En pantalla apareció el contrato que se firmaría con el corporativo de Terence Noir de ser aceptado por la junta.
Los puntos claves que eran los riesgos y mitigación, el retorno de la inversión y los términos de esta, dieron una visión general a la junta sobre lo que quería Bazma con la expansión de Envers Co.
—Empecemos la votación —el mulato sonrió a Román que apretaba el papel en sus manos—, sólo la pregunta cambia, en vez de ser a favor o en contra de la fusión, lo haremos por la opción de la señora Pozo, o por la opción de la presidencia.
Araceli salió furiosa del lugar, un aplastante 80% demostró el apoyo a Maia, Román se quedó atrás esperando al causante de la humillación a su esposa.
Cristóbal aguardó a que los demás salieran, sabía lo que venía, siempre era igual con ellos. Alcanzó a esquivar el golpe cayendo de espaldas y evitando uno nuevo en el suelo.
Con agilidad colocó sus piernas alrededor de la cintura de Román para girarlo y aplicar una llave de judo.
—Última vez que te lo advierto, soy mucho más que el mejor amigo de Maia, sigan tratando de acabar con Envers Co, y de hacerle daño a ella, y sabrán lo que es morir lentamente.
El golpe de la cabeza de Román contra el suelo, fue fuerte, pero no lo suficiente para romperla. Cristóbal acomodó su costoso traje y recogió las cosas sobre la mesa, miró al hombre que se levantaba y sonrió.
—Trata de no inventar nada sobre ese golpe, todo está grabado y tienes más que perder ante la corte que yo.
Lanzándole un beso, se retiró.
Román golpeó con el puño la mesa, estaba jodido.