Haberle dicho todo eso a un hombre como él era lastimar su orgullo, y lo había hecho. Esas palabras rondaban por su mente cada maldito segundo en que conducía el auto; estaba enojado. Le molestaba el hecho de que, indudablemente, y absolutamente innegable, le había gustado joder, le había gustado mucho. Golpeó el volante con fuerza, logrando que casi perdiera el control del auto. No le molestaba solo el hecho de que le había gustado tocarla, besarla, y que deseó enfermisamente cogérsela; le molestaba más que eso lo que insinuó. Para deshacerse de ella, no necesitaba envolverla con sexo u otras cosas como enamorarla. Eso fue lo que quiso insinuar ella; en pocas palabras, lo hizo porque lo deseó. No había nada más detrás del deseo sobrehumano que sintió de entrar en ella, de cogérsela, de

