No importaba cómo pasaran las cosas; siempre parecía haber algo que causara una brecha entre ambos. Habían pasado días y, aunque había solucionado los problemas que en su momento le robaron la tranquilidad, ahora, en vez de estar en paz, sentía que era todo lo contrario. Había resuelto el problema de Kira y ahora estaba más cerca de los turcos, que habían sido el motivo principal, entre otros, para llevar el matrimonio acabo con Dasha. Andrey caminó por su oficina, llevando ambas manos al bolsillo de su pantalón, mientras intentaba pensar en algo que cortara la tensión que había entre él y su esposa. Pero, maldición, ¿qué podía hacer? No solía tratar con mujeres más allá de lo pasional; sexo, lujuria y lascivia eran el lenguaje que hablaba con ellas. Si eran sus favoritas, uno que otro

