No podía dejar de verla, y su cuerpo acurrucado al suyo, completado con el aroma que escapaba de su cabello, solo lo invitaba a despertarla y volver a follarla de nuevo. Se estaba conteniendo tanto que tuvo que levantarse de la cama, sintiendo que no podría aguantar más si seguía a su lado. Ella estaba dormida profundamente. Ambos habían tomado un baño en el cual se habían tocado un poco, pero nada más. La sangre en la cama y en su entrepierna, mezclada con sus fluidos, demostraban que él había sido el primero en profanar su cuerpo, y eso le llenaba de orgullo, como si hubiera sido la primera virgen que había follado. Debía dejarla descansar, y lo sabía, aunque su cuerpo le exigía con ansias volver a entrar en ella. Estaba sentado en una silla al lado de la cama, viendo lo preciosa que

