El aire en el Altar de los Sacrificios era gélido, a pesar de que las antorchas de fuego azul ardían con fuerza en las paredes de piedra negra. El olor era insoportable: una mezcla de sangre vieja, magia podrida y el miedo que River emanaba por cada poro de su piel, aunque intentara ocultarlo tras una sonrisa demente. En el centro de la cámara, el pozo de lava burbujeaba con un sonido sordo, proyectando sombras alargadas que parecían bailar sobre el altar de piedra donde reposaba el amuleto de cristal rojo. Elijah y Astrid entraron en la cámara empapados, con el agua de los túneles goteando de sus ropas y la mirada fija en el hombre que les había robado la paz durante meses. River los esperaba de pie, acariciando el amuleto con una mano temblorosa. —Bienvenidos al final del camino —d

