Matteo Cobe estaba frustrado mirando todo el lugar destrozado.
— Parece que llegamos algo…tarde. — expresó Sebastián mirando la casa completamente desmoronada, el joven se encontraba apoyado en el automóvil blindado con el que habían usado para viajar hasta ahí.
Estaban hasta altas horas de la noche patrullando hasta que fueron contactados por Jonathan, el cual les dijo que había algo anormal en las afueras de la ciudad. Ellos obedecieron, pero…
Todo se había vuelto nada.
El pasto y los árboles que rodeaban la destrozada casa parecían marchitos o… ¿contaminados?
Algo no olía bien.
— Matt, no te alejes mucho. — le pide con seriedad el cazador a su colega, el cual examinaba el lugar completamente alejado de él.
El Cobe seguía caminando por el lugar con seriedad ignorando a su compañero, mientras sus propios pensamientos lo tenían completamente irritado.
No sabía qué pensar sobre su hermano y su deber.
Su misión era matar vampiros.
Pero si era sobre matar a su hermano, él no sabía…
Podía odiarlo, sí. Pero matarlo ya era…
Frunció el ceño al sentir una extraña presencia en sus espaldas, tomó el mango de su espada y se giró con rapidez. Ahí, sentado cómodamente en un maltrecho sofá que se encontraba alrededor de los escombros de la casa, estaba el vampiro que había apuñalado a su hermano noches atrás.
— Tú eres el mismo gusano de la otra vez. — escupió el Cobe con cierto resentimiento poniéndose en guardia.
— Awww, no cabe duda de que son hermanos. — habló el sombrerero con una sonrisa burlona, agitando aire a su cara por medio de su abanico. — Como siempre, me insultan igual.
— No me compares con ese ingrato, basura. — la mirada de Matt se convirtió en verdadero desprecio. — ¿A qué has venido?
— Ow, ¿te ofendí? Mis más sinceras disculpas, pequeño humano. — la sonrisa del vampiro cambió a una de malicia, guardando su abanico. — Y la verdad yo ya estaba aquí, ustedes son los que están invadiendo mi propiedad; o bueno…— miró a su alrededor completamente destruido, para luego sonreír burlonamente. — lo que quedó de ella.
Sebastián caminó hacia Matt en silencio con su propia espada ya desvainada, sentía que debía ser precavido ante ese vampiro.
A pesar de parecer normal, había algo que no le cuadraba…
Normalmente él estaría tratando de evitar un conflicto innecesario, quizás preguntándole las razones del vampiro delante de ellos el por qué pelea, pero…
— Además; — siguió hablando, mientras ambos humanos se tensaban ante su presencia. — es una buena oportunidad. La debilidad más grande de Liam ante mí, casi pidiendo ser asesinado.
Sebastián frunció el ceño con desconcierto, esas mismas palabras eran las que Jonathan Cobe había dicho.
Y ahora entendía lo que quería decir, era que debían cuidarse de él…
De Tom…
— ¿Qué insinúas con eso? — preguntó con frialdad el cazador Cobe desenvainando su espada sin apartar la mirada del vampiro.
No Matt, no caigas en provocaciones…
El vampiro reía con gracia recostándose en el maltrecho sofá. — Me refiero que si te mato Liam fácilmente vendrá a mí.
El chico abrió los ojos con furia para empuñar su propia espada con brusquedad. — Ya hablaste suficiente y es tiempo de que mueras.
— Je…— tapó su boca para ahogar una risa burlona mientras movía su dedo índice de un lado a otro de forma juguetona, haciendo que el chico lo fulminase con la mirada. — No deberías lanzar esas amenazas, te hacen ver débil.
Las leves provocaciones hicieron efecto para el alma fiera del cazador, el cual se lanzó hacía el vampiro con velocidad.
— ¡Matteo, no! — exclama con preocupación el compañero del Cobe al notar como el nombrado había salido disparado hacía sombrerero.
Para la sorpresa de los presentes, una extraña sombra comenzó a resurgir del suelo. La sonrisa de Tom se ensanchó.
El Cobe se detiene abruptamente al notarlo también, era un enorme ente n***o con forma viscosa. — Ah, has despertado de nuevo…
Matt retrocedió, perdiendo toda mezcla de ira o instinto asesino al ver de frente a esa cosa que parecía retorcerse. — ¿Qué es…?
Sebastián, al igual que el Cobe, sintió un profundo terror. Eso se veía mal.
Debían escapar.
De aquella sombra viscosa comenzó a resurgir una pequeña mujer de cabellera rojiza pálido de su costado con un vestido n***o con bordes violetas y una lanza del mismo color.
Tom sonríe extasiado. — Bienvenida al mundo por segunda vez, Alicia.
La nombrada no respondió, se mantuvo de pie en silencio mirando a su alrededor. Sus ojos, antes rojos, se tornaron un brillante y frío dorado.
— ¡Matt, debemos irnos! — exclama Sebastián al nombrado con preocupación, había algo en esa extraña mujer que lo hacía temblar del horror.
Esa mujer de pálido cabello rojizo y ojos dorados ni siquiera parecía viva.
La mujer, de nombre Alicia, pareció reaccionar ante el grito del cazador y para sorpresa de ambos apareció con velocidad detrás del Cobe con su lanza en mano.
Sebastián con rapidez sacó un rifle de asalto, el cual se encontraba enfundado en su espalda, y con precisión le disparó a la mujer que estaba por apuñalar a su compañero. Alicia con facilidad esquiva los disparos del chico y retrocede con velocidad.
El hombre suspira aliviado al ver que pudo salvar al joven, pero seguía tenso.
El vampiro del sombrero aplaude maravillado desde su sofá. — Eso estuvo genial, tienes unos reflejos de acero para ser humano.
El Cobe fulminó al vampiro con ira, una capa de sudor comenzó a formarse en su frente. ¡Estuvo a punto de morir!
Sebastián Blair sonrió confiado y relajó su postura, mientras observaba a la mujer vampiro delante de él.
Podía con ella.
O eso creía.
Alicia de un rápido movimiento apareció ante ambos cazadores y con un elegante giro en su eje, causó múltiples tajos profundos en los costados de ambos humanos.
— ¡¿Ah?! ¡Mierda!
Sebastián trató de levantarse, pero rápidamente sintió como poco a poco perdía sus fuerzas. Se comenzó a formar un charco de su propia sangre.
Esa velocidad…no es de un vampiro común…
— Muy bieeeen, hermosa Alicia. Asesínalos. — ordenó juguetonamente Tom.
Matteo cerró los ojos, esperando lo peor.
— No…— habló la fría voz de la mujer, llamando la atención de los presentes. — No lo haré.
— ¿Perdón? — la sonrisa de Tom desapareció. — ¿Has dicho que no?
La sombra negra comenzó a rodear a la mujer, dándole un aspecto tétrico. — Se me ha ocurrido una mejor idea. — respondió con frialdad la mujer alzando su lanza hacía el cielo, unos tentáculos viscosos surgieron de aquella sombra y se enrollaron en los cuellos de los moribundos humanos. — Y estos humanos nos serán de utilidad.
...
Hacía calor.
Era el mismo sueño, revivía la misma escena docenas de veces. Él ya estaba acostumbrado.
Estaba en el auto junto a su mamá, el auto explota, su madre muere, él enfurece, mata a sus asesinos. Era un bucle.
Pero en ese sueño extrañamente tenía demasiado calor, quizás por el fuego que bañaba el auto que había sido destruido.
No lo pensó mucho. El fuego estaba lejos, no en distancia, sino en tiempo.
— Ahh, guh…
Su piel dolía.
Su garganta le ardía al respirar.
Su piel crujía al moverse.
Movía sus piernas tratando de escapar, pero estaban pesadas.
De verdad hacía demasiado calor, ¿pero por qué?
— Ah, ahora lo entiendo.
Ese lugar estaba caliente, realmente caliente. Pero a su vez estaba helado, terriblemente helado.
Pasó el punto de ebullición para llegar al punto de congelamiento.
La sangre ardiente se congeló y todo ante sus ojos se invirtió.
Todo estaba caliente.
Es por eso que hacía frío.
Pero, ¿qué era la causa de eso?
Miró arriba y ahí lo vio.
Era una extraña sombra negra del tamaño de un edificio que extrañamente tenía su silueta.
No sabía por qué, pero la sombra abrió enormemente su boca y se lanzó hacia el chico para tragárselo.
— ¡Ah! — exclama abriendo los ojos de forma abrupta, saliendo del mundo de los sueños.
Los primeros rayos del sol se asomaban en aquella ventana.
Su respiración era agitada.
Miró alrededor del cuarto, su mente seguía dormida.
— Fue un sueño. — suspira aliviado, notando la gran capa de sudor que había en su rostro. — Pero fue tan nítido.
Sus huesos estaban calientes.
Estaba acostumbrado a tener pesadillas todo el tiempo desde ese fatídico día.
Sus recuerdos del evento eran terriblemente solidos de aquel momento, pero a su vez eran algo borrosos.
Sus sueños eran nítidos, incluso se había acostumbrado en presenciar la muerte de su ser querido y saber que estaba en un sueño.
Pero había algo extraño en el sueño esta vez.
¿Qué rayos era esa sombra? ¿Por qué se sentía tan familiar?
Se siente enfermo.
Se marea cuando trata de pensar en eso.
El cortocircuito de su mente salta, diciéndole que no recuerde eso jamás.
— Debo lavarme la cara para despejar mi mente. — habló para sí, sintiendo su cuerpo sudado, quizás a causa del sueño. Su ropa está húmeda de sudor y su cabeza se siente ligera, su vista rápidamente se vuelve nublosa. — ¿Huh?
Sus brazos se sienten pesados.
Se da cuenta que ni siquiera tiene fuerza para levantarse.
— ¿Qué me sucede? — se preguntó con lentitud, incluso hablar requería esfuerzo. Colocó su mano en su frente y notó que estaba ardiendo. — ¿Sigo con este resfriado? — se pregunta sorprendido a pesar de que sabía que eso no era un resfriado común.
Tenía sentido sentir tanto calor en ese sueño, ya que su cuerpo realmente estaba ardiendo.
La puerta de la habitación se abrió, y de ella entró Yaque con una gran sonrisa en los labios. — Buenos días.
Su sonrisa desapareció al ver el estado del chico.
Estaba completamente sonrojado y sudoroso.
Rápidamente, con termómetro en mano, le mide la temperatura al vampiro. El chico permanecía en silencio detallando cada movimiento de la rubia, no pudo evitar sonreír.
— A pesar de darte medicina tu fiebre no bajó. — se quejó por lo bajo la rubia al mirar el termómetro y cruzándose de brazos, miró rápidamente al vampiro. — ¿Y entonces? ¿Te duele algún otro lugar? ¿Tu cabeza o garganta? — el aludido negó ante las preguntas de su enfermera, la chica hizo una muestra de alivio. — Eso es bueno. Por otra parte, podrías no haber notado el dolor porque eres del tipo que simplemente lo acepta. Tendré otras medicinas, por si acaso.
Yaque saca un botiquín que permanecía al lado de la cama del invitado y de ella saca unas pastillas. Se dirigió rápidamente a la cocina por un vaso de agua y regresó como rayo para entregársela al chico. Liam tomó el agua junto a la píldora.
— Gracias, Yaque. — le sonrió con suavidad el vampiro, la nombrada se quedó embobada ante la sonrisa del chico. — Pero creo que es algo tarde, deberías irte a la universidad.
— No seas bobo. Me quedaré aquí contigo, además estamos por terminar un semestre. — contestaba la chica sentándose a un lado de la cama sonriendo también. — Dayana me hizo el favor de llevar a mi hermanita a la escuela y Liz está… ¿vigilando afuera? Así que solo me quedo yo a cuidarte.
Liz, el chico mostró una mueca de preocupación al pensar en ella. La mujer ya había hecho demasiado por él, se estaba sobre exigiendo mucho. Quizás ni había dormido.
La culpabilidad en su vida no hacía más que aumentar.
Y la sombra del sueño volvió a su mente una vez más.
— Yaque. — llamó a la rubia a su lado, la cual lo miró de inmediato. — ¿Serías capaz de perdonarme si me convierto en una mala persona?
La humana parpadeó repetidas veces ante aquella pregunta sin entender. — ¿Eh? — su mente había quedado en blanco, pero al ver la seria mirada del vampiro reaccionó. — No. Si haces algo malo me enojaría más que nadie y te sermonearía sin parar. — contestó con honestidad mirando directamente a los grisáceos orbes del chico.
Probablemente ella sería la primera en regañarlo.
— Ya veo, me alegraría que hicieras eso. — contesta con una sonrisa llena de alivio, cosa que intrigó a la rubia.
Ella no sabía el porqué de esa pregunta, pero sentía que si preguntaba temería por su respuesta.
— Bu— Bueno, tengo que comprar ciertas cosas para bajarte esa fiebre. Es algo diferente a mi hermana, así que me ocuparé de comprar medicamentos fuertes. Prometo no tardarme mucho. — informó la chica nerviosa levantándose de la cama ante la mirada del Cobe, el cual asintió con tranquilidad.
La rubia salió de la habitación y en la sala se encontró con la mujer vampiro, la cual se veía cansada. — Oh, buenos días, Yaque.
— Buenos días, Liz. — saludó con amabilidad la rubia. — Iré a comprar unas cosas para la fiebre de Liam, ¿quieres acompañarme? Es aquí cerca.
La rubia pensó que se negaría, después de todo había notado que la mujer delante de ella era muy sobreprotectora con Liam. Pero…— Me parece muy bien.
Para su sorpresa, la vampira aceptó.
Le extrañó un poco, pensó que ella no quería dejar solo a Liam con esa fiebre.
Quizás necesitase salir un poco.
— Vamos entonces. — dijo volviendo a sonreír, cosa que la vampira correspondió amablemente. Ambas salieron de la casa rumbo a la farmacia más cercana.
Liam se quedó solo en la habitación, pensativo.
— ¿Está haciendo frío hoy? — él se estremece al tocar su frente, estaba ardiendo. Su cuerpo se está quemando y tiene que luchar para mantenerse consciente. Con movimientos perezosos se reincorpora de la cama, el esfuerzo que conllevó hacerlo fue inmenso. — Estoy bien, esto no es nada comparado con lo que he pasado hasta ahora. — sin querer vuelve a pensar en la muerte de su madre hasta su situación actual, recordando todo lo que había aguantado.
— Vaya, vaya, te ves algo enfermo…mi rey. — habló una voz burlona de pronto, haciendo que el chico se sobresaltase de pronto. Giró su vista para encontrar al vampiro que lo había traicionado recargado en la ventana que estaba al lado de la cama. Hooooolaaaaa.
Su ceño se frunció hasta no poder. — Tom.
— Vaaaaaaamos, ¿he venido a visitarte y así me recibes? No seas tan rencoroso, Liam. — hablaba con burla el nombrado sonriendo entre dientes entrando a la habitación. — Rayos, estás muy rojo, ¿tienes fiebre?
El chico trató de levantarse, pero en vano. Su cuerpo era demasiado pesado. — ¿Qué quieres, gusano?
La sonrisa de Tom se ensanchó. — Ni estando débil pierdes la calma, ¿eh? No esperaba menos de mi rey. — respondió haciendo una reverencia con un falso tono de respeto. — Qué fácil me resultaría asesinarte en estos momentos.
Liam sonrió con arrogancia sin dejarse intimidar con esas palabras. — Si esperas que ruegue por mi vida, estás muy equivocado. — habló con tono seguro.
— No, no, noooo. — negó suavemente el sombrerero sacando su abanico. — No he venido a pelear, he venido a informarte algo.
El chico alzó la ceja confundida. — ¿Tú, informarme algo?
El hombre sacó una foto de su traje y se la mostró al rey de los vampiros. — Tengo en mi poder a tu hermano menor, Matteo. — Liam al ver esa foto sintió que el mundo se le caía encima y palideció completamente. En esa foto se veía a su hermano completamente atado junto a otro cazador, ambos se veían bastante heridos…
Y tal como predijo Tom, Liam perdió rápidamente la calma. — ¡Eres un hijo de…!
— Prometo no hacerle nada al chico con una condición. — lo interrumpió rápidamente agitando su abanico de forma casual. Sus palabras causaron incertidumbre y temor al Cobe. Como se esperaba, Matt era el punto débil de Liam.
El chico se quedó en silencio por un largo rato. Apretó los dientes con frustración, sus manos “vueltas en puños” le temblaban de impotencia. — ¿Qué clase de condición? — preguntó tratando de mantener la cordura.
El hombre sonríe malicioso, estaba excitado. Ver la desesperación del que era su arrogante y poderoso rey era demasiado éxtasis para su retorcida mente. — Ve a esta dirección, el niño está ahí. — saca una tarjeta de su traje y se la entrega al chico, el cual la toma con dificultad. — Cuando estemos reunidos te pediré qué es lo que deseo.
De la nada el hombre se esfumó, dejando a solas a un iracundo Cobe.
Su temperatura sube a medida que su cerebro procesaba todo lo que sucedía.
No es disgusto o molestia temporal.
El chico finge no darse cuenta de que es fruto del odio que siente.
Él no puede perdonar a nadie que lastime a alguien importante en su vida.
A pesar de que su cuerpo no respondía a sus órdenes correctamente, él se levantó de la cama gracias a un esfuerzo sobrehumano y una increíble voluntad.
El odio y el amor son motores increíblemente poderosos.
Su agotamiento y fatiga eran enormes. Sabía que no podría dar siquiera un mísero puñetazo. Estaba mareado.
Pero…
— Matt, aguanta un poco más. — hablaba caminando poco a poco, cada paso era más difícil que el anterior. Su respiración era agitada. — Tu hermanito va a salvarte.
Tomó su espada debajo de la cama, estaba agradecido con Liz por haber traído consigo su arma nuevamente.
Sus ojos se tornaron rojizos y con las pocas fuerzas que le quedaban saltó por la ventana de la habitación para aterrizar en la calle. Caminó poco a poco sumergido en su fatiga y en sus pensamientos sin darse cuenta de que era seguido por alguien más.
...
Una poderosa vampiresa se notaba de mal humor, mirando el cielo con frustración a través de un gran ventanal de una elegante sala de estar.
¿Alicia y Ramón, murieron?, se preguntó mentalmente Romina con incertidumbre y una mezcla de molestia. Habían pasado horas desde que ambos vampiros se habían comunicado con ella.
Ella actualmente se encontraba en una mansión algo alejada de la civilización humana, su arquitectura era más pequeña que la mansión anterior, pero era sumamente cómoda. Había ordenado a su ejército de chupasangres que se dispersasen en la ciudad hasta nuevo aviso, solo se quedaron los vampiros más confiables a su mando.
Dos de ellas se encontraban al frente de la mujer, las cuales trataban de no mostrar expresión alguna ante la mirada iracunda de la peli plateada.
Romina suspiró por onceava vez en esa misma hora, sin saber qué hacer.
¿En qué enemigo debería enfocarse? ¿Tom o Jonathan?
Sin duda Tom sería un enemigo más tedioso por enfrentar por el hecho de que él sabía los límites de sus fuerzas y sus debilidades.
Pero Jonathan Cobe también era peligroso, no era un cazador cualquiera. Había algo en él que le preocupaba bastante.
Y ella nunca había sentido necesidad de sentirse así por un humano antes.
¿Qué debería hacer?
— ¿Aida? — la poderosa mujer miró a la nombrada, la cual alzó la vista con tranquilidad. — ¿Puedo contar contigo?
La nombrada pensó por un momento antes de responder. — La verdad quisiera evitarme de problemas innecesarios. — responde la mujer desviando la mirada. — A diferencia de ti, no siento ninguna pizca de afecto por el nuevo rey vampiro.
Aida era una mestiza al igual que Lucca con una cabellera rojiza. Vestía una larga blusa blanca con una chamarra de cuero negra encima, unos pantalones mezclilla gris y botas negras.
La antigua reina intercambió miradas con la pelirroja, la cual no se dejaba intimidar ante aquella pesada presencia.
Aunque en el fondo, se sentía amenazada por la Drack.
Romina sonríe con burla, desconcertando a Aida. — Lucca está allá, ¿no quisieras ayudarlo?
La aludida da un respingo ante aquella insinuación. Frunció el ceño con molestia al comprender lo que trataba de hacer la anterior reina de los vampiros.
La estaba manipulando.
Ella lo sabía; pero la idea de compartir con Lucca era sumamente tentadora.
Suspira con fastidio.
— Vale, vale, ya lo alcanzó. Solo debo proteger al niño, ¿no? — se cruzó de brazos Aida, bastante disgustada.
— No, no. — negó la Drack con una sonrisa más relajada. — Deseo que busques a Ramón y Alicia, después de eso quisiera que busques a Tom junto a Elle. — luego miró a la susodicha con serenidad, la cual se mantenía apartada. — ¿Quisieras hacerlo, Elle?
La nombrada miró a la mujer con tranquilidad. — Al igual que Aida, no siento nada hacía Liam Cobe. Además de que también me da… ¿fastidio? — responde después de un minuto en silencio. — Pero el hecho de que me hayas buscado para pedirme ese favor quiere decir que estás bastante…mal. — le sonríe burlonamente al decir esto último, causando que la Drack alzase una ceja ofendida. — Así que permíteme ayudarte, Romina.
La nombrada le sonríe. Elle era una mujer de apariencia joven “al igual que Aida” con un largo y hermoso cabello Avery platinado, con unos hermosos ojos azul zafiro. Portaba una hermosa capa blanca con capucha, con la cual la ayudaba para ocultar sus armas y su ropa.
— Entonces cuento con ustedes. — dijo la mujer sonriéndoles con confianza, ambas asienten sonriendo también.
La Drack sentía que, si no actuaban rápido y encontraban al traidor, quizás se convertiría futuramente en una amenaza para Liam.
Y ella no quiere eso.
Da un largo y profundo suspiro, captando la atención de las presentes.
Tom, era un hombre incomprensible a veces.
¿Qué intenciones trae?
Tenía un mal presentimiento desde hace días, que rogaba que no se hiciese realidad.
...
Mientras tanto, Yaque y Liz compraron lo que debían comprar y salieron de la farmacia, la cola que se hacía para pagar había sido algo larga. El camino fue corto pero placentero. Liz era muy buena conservadora y eso a Yaque le alegraba.
De un momento a otro la vampira se detiene abruptamente, afilando su mirada. Se veía aterradoramente intimidante.
Podía sentir el olor y el aroma del cazador que había intentado asesinarlos. Dirigió su afilada mirada a un restaurante delante de ellas.
El humano estaba solo, era la oportunidad perfecta.
¿Sería coincidencia?
No.
No es una coincidencia que ese desagradable hombre estuviese desayunando justamente cerca de donde se estaba quedando Liam.
— ¿Qué sucede? — preguntó Yaque con preocupación al notar la mirada de la mujer.
— Quédate aquí. — respondió la vampira caminando hacia ese restaurante, preparando sus dagas rápidamente.
— ¿Huh? Espérame, Liz. — la rubia siguió caminando para seguir a la nombrada, la cual entró al lugar ignorándola.
No sabía por qué cargaba con una gran adrenalina en su ser por entrar a un restaurante.
En una de las tantas mesas se encontraba Jonathan Cobe comiendo casualmente su desayuno. El cazador no pudo evitar sonreír juguetonamente al notar la presencia de la vampira. Hizo una seña para que se acercara a él, mientras seguía comiendo.
Liz hizo caso y caminó con cautela, poniéndose en guardia rápidamente.
— Ah, finalmente estás aquí. — habló el cazador Cobe con tranquilidad pegándole un mordisco a su sándwich. — Llegué temprano, así que empecé a comer. Aunque la verdad pensé que el primero en descubrirme sería Liam.
Estaba sin palabras.
¿Por qué estaba ese hombre en ese lugar?
¿Por qué seguía comiendo con tranquilidad a pesar de que ella estaba ahí, con dagas y dispuesta a matarlo?
Yaque llegó a su lado y reconoció rápidamente al hombre delante de ellas, era el profesor que solo dio clases un día y luego desapareció.
Pero al notar lo tensa que estaba Liz se preocupó, ese hombre debía ser peligroso.
Jonathan traga su bocado, para mirar a las chicas con curiosidad. — ¿Qué sucede? No se queden simplemente de pie, siéntanse. — habla mientras da otro mordisco, terminándose su sándwich. En su mesa había tres más, así que agarró otro.
La vampira con precaución se sentó delante de él. Yaque se sienta a su lado rígida y completamente confundida con lo que pasaba a su alrededor. Pero sentía el aire que desprendía ese hombre.
A pesar de ser un simple humano, el Cobe tenía algo que le hacía temerle. Es como si tuviese un cartel escrito en la frente que decía “peligro”.
Liz sentía que debía ser mucho más cuidadosa con él que con Tom.
De repente, el cazador deja de comer.
Sus miradas se cruzan nuevamente.
— Relájate, no creo que quieras comenzar una pelea con Liam cerca del lugar. — habló el cazador sin borrar su sonrisa, causando un escalofrió en ambas mujeres. ¿Cómo es que él sabía que Liam estaba cerca? — También vine a felicitarlos por haber sobrevivido exitosamente.
Estaba mintiendo.
— Qué raro. Siento que tus palabras son demasiado buenas. — contestó la vampira con frialdad sin dejar de vigilar cada movimiento que hacía el cazador. — ¿Qué es lo que quieres?
— Vaya, vaya. Supongo que no hacía falta adulación trivial. — respondió Jonathan burlonamente cruzando sus manos en la mesa. — Entonces déjame ir al grano. Ese vampiro, Tom, los ha traicionado, ¿no?
— Sí, ¿y eso qué? — habló Liz.
— No sé si esté relacionado, pero ayer en la noche desaparecieron dos de mis más valiosos subordinados misteriosamente. — respondió el hombre con tranquilidad mirando el plato de sus sándwiches, seguía con hambre. — Pienso que fue ese tal Tom, pero no estoy seguro.
— ¿Y eso qué me puede importar? — volvió a preguntar la vampira, mientras Yaque miraba todo en silencio. Pero ya tenía una clara certeza de que el hombre delante de ella era un enemigo de Liam.
Tenía miedo.
— Además, ¿por qué me estás contando esto? — volvió hablar Liz.
El hombre ríe juguetón. — Quizás a ti no te importe mucho, pero a tu rey tal vez sí. Uno de los cazadores que desapareció fue Matteo Cobe.
Aquella fue una gran revelación para las dos, más para Yaque, la cual conocía al susodicho.
— Solo estoy meramente compartiendo información, después de todo tenemos un enemigo en común. — siguió hablando el cazador cerrando los ojos, mostrándose pensativo. — El objetivo de ese hombre es Liam, sin embargo, Liam Cobe me pertenece. Así que no puedo permitir que él me lo arrebate.
Ambas mujeres fruncieron el ceño al escuchar como ese hombre trataba a Liam como a un objeto.
¿Pero qué quería decir con que es su objetivo?
— Bastardo…— Liz apretó los puños al tratar de aguantar su molestia.
— Vine a decirles que protejan al niño, está en peligro. — abrió sus ojos, borrando su sonrisa. — Si Liam cae en manos de Tom, significaría la destrucción total de todo el mundo.
Liz frunce el ceño al entender lo que el hombre delante de ella explicaba, básicamente estaba diciendo que Liam podría convertirse en una especie una bomba de tiempo, que dependiendo de la situación podría erradicar a una r**a o a la otra.
O todas por igual.
Yaque sintió un escalofrío, tenía un mal presentimiento.
A pesar de que no entendía nada, lo único que quería era estar con Liam. — Liz, vámonos.
La nombrada asintió, sintiéndose igual que la humana.
Sin decir nada se levantaron ante la atenta mirada del cazador y caminaron hacia la salida. — Tom Drack, qué intrigante sujeto…
Liz se detiene con sorpresa, para voltear y encarar al cazador. — ¿Cómo es que…
El hombre sonríe juguetón. — …sé eso? Ah, pues, muy sencillo la verdad. Es una ventaja tener influencias en la organización de cazadores. — la interrumpió tomando otro sándwich. — El hermano menor de Vlad Drack, el anterior rey. Un hombre que proviene de la realeza de la r**a vampiro, ¿qué puede querer alguien así de un niño como Liam? Te dejo que lo pienses como tarea, Liz.
La nombrada palideció al escucharlo, sintió un terrible presentimiento. Sin más tomó a Yaque de la mano y ambas salieron del lugar a toda prisa.
El hombre sonrió malicioso una vez que ambas chicas desaparecieron de su vista.
Qué interesante se había tornado todo.
Yaque seguía a la vampira con una mirada perdida, el camino de regreso fue completamente en silencio.
De pronto la rubia se detiene, causando que Liz se detuviese también. — Liz.
— ¿Sí? —
— ¿En qué problema está metido Liam? — preguntó la chica con seriedad mirando fijamente a la aludida.
La vampira suspira con pesar. Debía ser sincera a la que estaba ayudándolos, además de que ella escuchó la conversación. — Sabes que Liam y yo somos vampiros, ¿no? — la rubia asiente. — Para resumirte todo, Liam es el rey de los vampiros. Los vampiros están en guerra con humanos que cazan vampiros, él hombre que acabas de ver es uno de sus enemigos más problemáticos.
Yaque frunció el ceño y bajó la vista, era mucha información de pronto. — ¿Liam es un rey?
— Lo primero será buscarlo e informarle esto. — le responde la vampira a la chica, la cual asintió. — Luego te contaremos lo demás.
Ahora entendía varias cosas.