En una elegante oficina se encontraba el menor de los Cobe, preparándose.
Enfundó dos pistolas con sus respectivos cargadores en sus piernas, granadas en su mochila y su espada envainada la recargó en su cinturón.
Estaba listo para cazar a su presa aprovechando que debería estar débil.
— ¿A dónde vas? — preguntó una voz conocida para él desde la puerta de la oficina.
— Pues a cazar vampiros. — responde Matt con seriedad, ya estando listo.
— Genial, te acompaño. — siguió hablando el joven delante de él con una sonrisa.
— Sebastián, en serio, no quiero que nadie más se entrometa en mis asuntos. — el adolescente frunció el ceño al notar que el nombrado bloqueaba su camino. — No tengo tiempo que perder.
Sebastián Blair parpadea dos veces. Él era un joven pelirrojo “una barba bien limpiada del mismo color” de cuerpo tonificado gracias a los duros entrenamientos en lo que era sometido para los cazadores, estaba vestido de forma casual. — Vas a buscar al famoso rey, ¿no?
— ¿Y cómo rayos sabes tú eso? — preguntó el chico afilando la mirada.
— No es un secreto, todos saben de tu hermano. — responde el cazador mirando con serenidad al Cobe.
— ¿Y por qué quieres ayudarme? — preguntó de vuelta el chico con desconfianza.
— ¿Es malo querer ayudar a un compañero?
— ¿Estás respondiendo mi pregunta con otra? — el Cobe frunce una ceja.
— Ehh, ¿sí? — volvió a preguntar Sebastián de forma burlona, tuvo que aguantar una risa al ver la mirada cabreada que Matt le ofrecía. — Sí que tienes poco sentido del humor.
El chico cruza los brazos. — ¿Cuál es tu objetivo real? Responde.
Sebastián suspira. — Muy bien, me atrapaste. Quiero conocer a ese rey, y más al saber que es tu hermano. — responde el hombre alzando las manos arriba, como si el chico delante de él lo estuviese apuntando con un arma. — Es que me mata la curiosidad.
Matt frunce el ceño.
— ¿Por qué no dejas que te acompañe? — habló una voz juguetona entrando a la oficina.
— Tío. — el chico apretó los puños al ver al Cobe mayor, no lo soportaba.
— Además, es bueno que Sebastián te acompañe de ahora en adelante. — contesta Jonathan con las manos cruzadas en la espalda. — Después de todo, eres el objetivo de los vampiros.
Matt alzó una ceja curiosa. — ¿Por qué dices eso?
Jonathan Cobe sonríe confiado, casi seguro de su respuesta. — Porque tú, querido sobrino, eres el punto débil de Liam Cobe.
***
El vampiro traidor estaba en una casa abandonada bastante lejos de la ciudad. Se encontraba en la sala de esa casa sentado en un sofá mirando el oscuro cielo.
Su sonrisa demostraba su alegría y entusiasmo.
— Dentro de muy poco— habló Tom acomodando su elegante sombrero. — …cumpliré con mi deseo.
Su sonrisa se ensanchó al reconocer dos presencias, las cuales llegaban rápidamente a su posición.
— Vaya, vaya, parece que Romina no pierde el tiempo. — reía entre risas sacando su abanico para agitarse aire elegantemente. En pocos segundos dos vampiros irrumpieron la sala al destruir la pared. — Oh, vamos. ¿Entran por la pared? ¿Es que acaso no saben entrar por la puerta?
El tono burlón cabreó a los presentes. — Hemos venido por tu cabeza, Tom. — amenazó Alicia con seriedad apuntándolo con su lanza.
— Mi cabeza, ¿eh? — decía el sombrerero burlonamente, guardando su abanico. — Le recomiendo que no lo intenten, yo no soy su enemigo.
— Basura. — lo insultó Ramón con frialdad caminando hacia él. — Aún tienes el descaro de decir eso.
El traidor suspira. — No digan que no se los advertí.
Ambos subordinados del rey vampiro detuvieron su avance al sentir un extraño temblor en toda la casa. — ¿Qué está pasando?
— ¿Quién sabe? — Tom se alzó de hombros, deleitándose al ver las miradas de desconciertos de los vampiros.
— ¡No nos tomes el pelo! — exclama Ramón saltando hacia Tom. — ¡Coronas Carmesí!
— ¡Espera, Ramón! — exclama la mujer tratando de detener a su amigo, pero en vano. De la mano derecha de Ramón había tres anillos, los cuales expulsaron una extraña niebla toxica hacía Tom. Aquella extraña niebla inundó todo el interior de la casa rápidamente, poco a poco todo comenzó a derretirse por la alta toxicidad de la neblina. Alicia tuvo que salir de ahí para evitar algún daño. — Ese tonto…
La casa de dos pisos en el que estaban ambos vampiros adentro comenzó a desmoronarse poco a poco, y de ella residuos de neblina salía hacia afuera. Era imposible que Tom pudiese sobrevivir a eso.
Oh bueno, eso pensó.
De repente su amigo salió disparado fuera de la casa y calló al suelo con fuerza. — ¡¡Ah, mierda!!
— ¡¿Ramón?! ¿Estás bien? — preguntó extrañada al verlo afuera, el hombre se reincorporó como si nada.
— Estoy… ¡argh! — gimió de dolor al sentir una puntada en sus abdominales. Al bajar la vista notó que había una extraña mancha negra. — ¿Qué es…? —
— Por eso se los advertí. — decía Tom en tono burlón saliendo de la casa por la puerta con tranquilidad con su bastón en mano. — Debieron haberme hecho caso.
Detrás del traidor emergió una extraña figura completamente negra de gran tamaño, el cual terminó por destruir la casa. Ambos vampiros miraban aquella extraña criatura con horror.
Era como si fuese una extraña sombra negra, pero a la vez era viscosa. La criatura cae al frente de Tom, el cual la miraba con una retorcida sonrisa. Esa cosa no tenía cara u ojos, pero sentían que podían ser observados por ella.
— ¿Qué es eso? — preguntó Alicia preparando su lanza, no quitaba su vista de aquella sombra.
Tom se tocó el mentón pensativo mientras aquella sombra se retorcía en el suelo. — ¿Quién sabe? Aún no le he preguntado su nombre.
— Bastardo. — la mirada de Ramón reflejaba odio puro, mientras sentía que la extraña mancha en su estómago comenzaba a quemarlo por dentro. — ¿Qué rayos es esa cosa?
— Oh, ¿no lo saben? — preguntó burlón el sombrerero, mientras aquella sombra delante de él se reincorporaba poco a poco. — Es conocido como “el mal de toda la humanidad”.
Alicia frunció el ceño sin entender. — ¿De qué hablas?
— Es normal que no lo sepan, después de todo esto es una creación de los humanos. — responde el traidor borrando su sonrisa. — O debería decir lo que los humanos “invocaron”.
Aquella sombra giró hacia Tom con un aura completamente intimidante, el sombrerero tuvo que retroceder un poco al sentirla. “El mal de este mundo” alzó su mano hacia el cielo y la azotó hacia abajo dirección de Tom, el cual pudo esquivarlo de milagro. El brazo al llegar al suelo creo una gigantesca explosión, lo cual levantó una gran cortina de humo.
— Increíble fuerza. — murmuro sorprendido Ramón sosteniéndose la marca negra de su abdomen. Ve con asombro el gran cráter que aquella criatura creó con fuerza física. Frunció el ceño al ver que de esa sombra emergieron incontables tentáculos de su espalda, los cuales volaron hacia ellos con gran velocidad.
— ¡Cuidado! — exclama Alicia lanzando su poderosa lanza hacia los tentáculos, pero grande fue su sorpresa que los tentáculos se enredaban en el arma de la mujer como si nada y poco a poco el arma era consumida por aquél viscoso ser. — Pero qué mierda.
— Es una belleza, ¿no lo creen? — Tom aplaudía maravillado al notar el escenario delante de él. — Es normal que tenga hambre, después de todo, acaba de nacer.
— ¡Corona Carmes…! — Ramón no pudo terminar de mostrar sus anillos ya que unos rápidos tentáculos perforaron su abdomen. — ¡Arrghh!
— ¡Ramón! — gritó preocupada al ver a su amigo empalado por cuatro tentáculos, no pudo correr hacia él ya que otros incontables tentáculos salieron disparados hacia ella. De un salto esquivó la lluvia de viscosas sombras, las cuales caían al suelo como martillos.
— ¡Alicia, huye! — le grita a su amiga con dolor, poco a poco una sombra viscosa comenzó a rodear su cuerpo, mientras los tentáculos en su interior contaminaban sus órganos. Él sabía que estaba acabado. — ¡Romina y Liam, debes buscarlos a los dos y decirles esto!
— ¡No puedo dejarte! — contestaba molestia dando unas volteretas en el aire, logrando esquivar otra ronda de tentáculos.
— Yo ya estoy acabado, pero tú aún puedes…— decía el hombre perdiendo el conocimiento poco a poco, mientras que la sombra lo engullía casi completamente.
— ¡¿Ramón?!— miró a su amigo con preocupación al ver que no era más que un gran cumulo de esa cosa viscosa rodeándolo. Sin querer bajó la guardia y no notó que una enorme estaca negra salió de sus pies, cortándole de tajo la pierna izquierda. — ¡¡Arrrghh!!
La vampira cayó al suelo, mientras sentía que se creaba un charco de su líquido vital por culpa de su herida.
Trató de reincorporarse, pero en vano. Volvió a caer al suelo.
— ¿Necesitas una mano? — preguntó el sombrerero en tono burlón apareciendo delante de ella. — O mejor aún, ¿necesitas un pie?
La mujer lo fulminó con la mirada ante aquellas sucias bromas.
— Eres despreciable.
El traidor sonríe ante ese insulto. — Es normal que me odies, ¿pero sabes algo? — su sonrisa se volvió macabra. — Deberías odiar mucho más al rey que proteges. — antes de que la mujer pudiese al menos sorprenderse ante sus palabras, una gran ola negra se dirigía hacia ella con ferocidad. — Adiós, Alicia Thompson. Espero que disfrutes ser devorada y contaminada por él.
Con esas últimas palabras, el vampiro traidor desapareció con velocidad. Momentos después la ola viscosa de color n***o revolcaba a la vampira con furia y la consumía en la más profunda oscuridad.
— Rey Liam, ayuda…
...
Había pasado una hora desde que Liam había entrado en ese baño.
Jesse seguía charlando con Dayana, Liz se encontraba preparando la habitación de invitados “para ella y para Liam” y Yaque estaba recostada en su sofá individual.
La rubia meditaba todo lo que había pasado en su entorno, parecía que todo hubiese sido sacado de una historia de ficción.
En su casa habitaban vampiros, ¡vampiros!
Suspira cansada.
De inmediato pensó en Liam y se preguntó el por qué tardaba tanto en bañarse.
— Debe estarse tomando su tiempo. — se respondió a sí misma mirando el techo.
Pero incluso que, si se está tomando un baño, una hora es demasiado. No era nada saludable cuando recién se había recuperado.
Frunció levemente su ceja, sentía que debería ir a verlo por si acaso.
No olvidaba que el chico estaba por colapsar del agotamiento en la cena.
Se levantó de su sofá y camino por el pasillo de su hogar, rumbo al baño. — Liam. — lo llamó desde el pasillo.
No hay respuesta en el vestidor.
No, ni siquiera una presencia se podía sentir ahí.
— ¿Liam? ¿Estás ahí? — llamó a la puerta. Gradualmente comenzó a llamar más fuerte y antes de darse cuenta ya estaba golpeando la puerta. — ¡Hey, Liam! ¡Di algo, por favor!
Su ansiedad y preocupación se vuelve una fría certeza.
Algo anda mal.
No podía entrar, así que tendría que llamar a Jesse, a Liz o Dayana, ¿o debería llamarlos a los tres…?
—¿Yaque? — escuchó una voz adormilada desde el otro lado, relajándola momentáneamente.
— ¿Liam? Me alegra escucharte por fin. Es que me preguntaba si algo andaba mal, has estado ahí por un largo rato. — responde la rubia tratando de sonreír a pesar de que el aludido no pudiese verla.
— ¿Un largo rato? — preguntó de vuelta el vampiro, su voz reflejaba confusión e intriga. — Eso es extraño, ¿he estado mucho tiempo aquí?
Yaque alza una ceja desconcertada.
Liam sonaba distraído.
Suena como perdido en sus pensamientos, como si acabara de despertar.
— ¿Te quedaste dormido?
— Quizás. Estaba tan relajado que creo me adormilé un poco.
— Bobo, no me asustes de ese modo. — hablaba de vuelta la rubia dando un suspiro de alivio.
Se escuchó la suave voz del vampiro al escucharla. — Saldré ahora mismo.
— Sécate y vístete rápido antes de que pesques un resfriado. — le pedía la joven apoyándose en la puerta, no pudo evitar sonreír juguetonamente al imaginarse a un vampiro resfriado.
Al final no resultó ser nada, pero le alegraba que el chico estuviese bien. Él estará como nuevo cuando tenga una buena noche de sueño.
Pero al escuchar el sonido de algo pesado cayendo causó que saliera de sus pensamientos.
Vino del otro lado de la puerta.
— ¿Liam? — no hay respuesta, se preocupó de nuevo. — ¡Liam, voy a entrar!
La preocupación y la ansiedad opacaron la vergüenza, así que entró al vestidor del baño.
Ahí, vio a un Liam sin camisa tirado.
— ¡Liam! — corrió hacia el nombrado para sostenerlo en sus brazos, se veía tan frágil. Su cuerpo estaba sorprendentemente caliente.
El chico no parecía estar consciente, pero gemía de dolor. Su mano agarraba su pecho, como queriendo enterrar sus uñas. — Haah, Haah.
Él jadeaba.
La rubia se sonroja al ver su situación. Notó los marcados músculos del vampiro en sus brazos, no recordaba que el chico tuviese su cuerpo bien definido “quizás porque nunca lo vio sin camisa”.
Sacudió su cabeza con vergüenza, no era el momento de ver el cuerpo del vampiro.
Incluso considerando que Liam acabara de salir del baño, su temperatura no era nada normal. Y más al recordar que normalmente el cuerpo del vampiro siempre se mantenía frío.
Además, una simple anemia no lo haría agarrarse así mismo de esa forma.
— ¡Liam! ¡¿Estás bien?! Respóndeme, por favor.
El chico abrió sus ojos con dificultad, su visión era nublosa. Los mechones de su cabello pegadas a su frente caen a un lado. — ¿Por qué estás aquí?
— ¡Deberías haberme dicho que te sentías mal! — le reclamó con preocupación sin dejar de notar el sonrojo del vampiro, quizás por su elevada temperatura.
Liam abrió un poco más los ojos, su cansada mirada mostraba confusión. — ¿Estoy enfermo?
Su voz era demasiado suave, casi un susurro.
— Intenta sentir tu frente, ¡estás ardiendo! — le responde la joven acariciando la frente del aludido.
— ¿En serio? — preguntó de vuelta el vampiro sin siquiera notar que estaba en el suelo y con la chica que le gustaba tan cerca de su rostro. — Qué raro, no me siento mal.
La chica imaginó que Liam debía seguir medio dormido, ya que se veía aturdido.
Escucharon pasos acercándose.
— ¡Liam! — exclama Liz entrando al baño, reflejando sorpresa al ver al nombrado en los brazos de la rubia. — ¡¿Liam?!
La vampira llegó a su lado rápidamente. Jesse hizo lo mismo. — ¿Qué pasó? — preguntó el humano con preocupación al ver a su amigo jadear.
— Colapsó. — respondió Yaque con seriedad sin quitarle la vista al vampiro. — Ayúdenme a llevarlo a la cama.
Los presentes asintieron. Liz con facilidad cargó el cuerpo de su rey y se angustió al sentir su temperatura corporal.
Liam estaba ardiendo.
Yaque llevó a los vampiros a la habitación de huéspedes en los cuales había dos camas, recostaron al chico en una de ellas y se quedaron observándolo con preocupación.
Incluso Dayana se veía preocupada. El chico delante de ella se veía enfermo y según ella sabía, los vampiros no se enferman.
***
Rato después.
— Veamos. Tu temperatura está un poco sobre los 37 grados, es más baja de lo que pensé. — Yaque bajó el termómetro para observar al enfermo, el cual se encontraba en silencio viendo el techo. — Quizás sea un resfriado.
Jesse cruza los brazos frunciendo una ceja. — Estúpido, eso te pasa por quedarte dormido en la bañera. — le reclamó burlón a su mejor amigo.
No, no fue por eso, pensó Liz con una mirada analítica. Ella esperaba notar algún indicio de algo fuera de lo normal, pero efectivamente parecía un resfriado común.
Cosa que debía ser completamente imposible para un vampiro.
Dayana se encontraba alejada de los presentes mirando todo con atención. Su ceño fruncido reflejaba su desconcierto.
Algo le olía mal.
Eso no era un resfriado o una fiebre común.
— Dejaré algo de agua en la mesa, así que no salgas de aquí, ¿de acuerdo? — hablaba la rubia colocando una manta algo gruesa sobre el chico por si acaso y apagó las luces.
— Sí, mamá. — respondió burlón el Cobe sin dejar de ver el techo.
La rubia sonríe. — Bien, vendré mañana en la mañana a despertarte. Así que descansa hasta entonces.
El chico asiente sin dirigirle la mirada, se veía pensativo.
Yaque comenzó a salir de la habitación, siendo seguida por Dayana y Liz. Sin embargo, Jesse se quedaba quieto, causando curiosidad en las chicas.
— ¿Jesse? — preguntó Dayana mirando al nombrado con intriga, el cual veía al rey vampiro con seriedad.
— ¿Pueden dejarnos a solas un momento? Al rato las alcanzo. — dijo sin verla, notando como el Cobe le devolvía la mirada que reflejaba sorpresa.
La cazadora se quedó en silencio mirando al vampiro con seriedad. Sabía que ambos habían sido mejores amigos, así que no era posible que Liam le hiciese algo al chico, ¿verdad?
— De acuerdo, date prisa. Es tarde y debes ir a casa. — la cazadora le sonríe al aludido, el cual sonrió burlón.
— ¿Me estás corriendo? — preguntó Jesse con voz juguetona, causando risas en la cazadora.
Liam se sintió incomodo, ese ambiente era muy... ¿raro?
La cazadora sin más se dio la vuelta y salió de la habitación, dejando a los jóvenes a solas.
Habían pasado cuatro minutos exactamente, pero ninguno seguía sin decir nada. Sabían que debían hablar, pero no sabían cómo.
— Así que esa mujer y tú. — habló Liam con voz suave, se veía pensativo.
— ¿Qué insinúas? — preguntó el chico sonrojándose poco a poco, desviando la vista del vampiro.
— Que jamás pensé que tuvieses novia antes que yo. — responde el chico con una sutil sonrisa, mirando el techo de manera nostálgica. — Entre los dos, yo siempre fui el genial.
— No es mi novia…— contestó bajando la mirada con vergüenza. Para luego subirla con molestia. — Y no hables como si yo fuese el más estúpido del dúo.
Liam sonríe burlonamente, había extrañado tanto hablar con él. Sentía tanta paz. — Eso es lo que eras. — habló el vampiro ignorando la mirada de su amigo mientras sonreía para seguir burlándose. — Tú eras algo así como Patricio estrella y yo era Bob esponja. Nuestra relación era algo así.
— ¿No sería al revés? — preguntó Jesse alzando la ceja ofendida ante las burlas de su amigo. — Yo siempre era el que te defendía de las peleas, eras una nena.
— Eh, eh. Hablo del estilo, no de la fuerza. — negó el Cobe sin borrar su sonrisa. Jesse sonrió burlón también.
Se sentía realmente bien hablar como si nada hubiese pasado.
Como si nunca se hubiesen distanciado.
— Ja, no me hagas reír. — el humano se cruza de brazos, bufando con disimulo. — Si tú eras el consentido de mami mientras yo era el macho.
Trató de bromear.
En serio, trató.
Pero rápidamente entendió que decir eso último fue completamente errado al notar la mirada de Liam.
Realmente la cagó.
Metió la pata hasta el fondo.
No le hubiese extrañado que le hubiese gritado, insultado o hasta golpeado. Después todo su amigo había perdido a su madre hace un mes y venía él de insensible para recordársela.
Se sentía tan basura.
Pero no fue ni uno, ni lo otro.
Solo recibió una mirada completamente llena de tristeza y de un profundo dolor por parte del Cobe.
Eso lo hizo sentir aún peor.
— Seguro debes odiarme. — habló Liam dirigiendo su mirada al techo, aquellas palabras causaron sorpresa e intriga en el muchacho. — Después de todo, yo los alejé de mi vida por egoísmo. Quise cargar con todo yo solo sin importarme lo demás. Quizás, solo quizás, si me hubiera apoyado en ti y en Yaque el resultado de todo sería algo diferente. Yo no hubiera terminado así.
Jesse miraba al chico con total atención, con la confusión plasmada en la cara. — Liam, ¿qué tratas de decir?
El nombrado sonríe nostálgico, ignorando la pregunta de su amigo. — Me di cuenta de eso hace rato gracias a Yaque, ¿sabes? Lo fácil que es volver a caer en la calidez humana.
Él sentía arrepentimientos.
Se sentía culpable por todo. Y no de sus acciones desde que se volvió un vampiro, sino de mucho antes.
Se arrepiente de no haberle prestado la suficiente atención a su hermano menor para notar el por qué él había cambiado con su persona, para notar que él sufría mucho más de lo que sufrió él cuando era humano.
Entendía su odio. Matt no es que fuera ignorado por sus padres, sino que la atención que le tomaban a él no era la misma a la de Liam.
Desde muy niño Liam era muy poco saludable, solía pasar mucho tiempo en cama cuando era pequeño ya que se enfermaba mucho. Él sabía que en ese sentido era una molestia, así que decidió que para enmendar eso debía ser más inteligente y muy buen hijo.
Tanto así que hasta le compraron una motocicleta.
Tan ensimismado estaba en ese objetivo que nunca notó el sufrimiento de su hermano.
Si lo hubiese notado entonces él…
No solo eso. Sino que después de volverse un vampiro decidió alejarse de todos, cosa que ahora sabe que no debió haber hecho.
Quizás si hubiera hablado y si se hubiera apoyado en alguien entonces su madre…
Tragó pesadamente sintiendo ganas de llorar.
Llorar todo lo que él no pudo llorar cuando se volvió vampiro.
Llorar por todo lo que tuvo que aguantar.
Llorar por la muerte de su madre.
Llorar porque ahora el ser que más amaba, su hermano, lo odiaba tanto.
Pero él sabía que no podía hacerlo. Hacer eso sería caer en lo humano, sería terminar de derrumbarse y volverse completamente débil.
Y él no debía ser débil. No porque fuera el rey o el vampiro más fuerte, sino porque tenía una carga que soportar y quería llevar hasta el final.
Hacer un cambio en ese mundo, concretar finalmente su venganza y gobernarlo todo. Con la fuerza y el terror conseguiría la paz necesaria en el planeta.
Llorar significaría tirar todos sus esfuerzos a la mierda.
O eso pensaba él.
— ¿Sabes? — la voz de Jesse deshizo el mar de pensamientos que tenía en su ya cansada mente. — Desde que éramos bien pequeños tú siempre fuiste débil, un idiota, necio, manipulable y bastante llorón. — enumeraba cada palabra con una sonrisa nostálgica. — Es por eso que…decidí ser tu amigo.
— Jesse…— a pesar de su tristeza el chico pone un gesto de disgusto, completamente ofendido.
— Yo me propuse que aceptaría tu tristeza y compartiría tus alegrías. — continuó ignorando la queja del vampiro caminando hacia la cama del chico, sorprendiéndolo con esas palabras. — Si te extraviaras del camino te corregiría, si te equivocases te perdonaría y cuando estuvieras en problemas entonces estaría ahí para ti.
Sí, él no sabía por todo lo que su mejor amigo tuvo que soportar solo. Pero lo único que por ahora Jesse quería, era que aquél Liam que parecía que había empezado a odiar al mundo, volviera amarlo algún día.
Liam estuvo en silencio ante las palabras de aquél mejor amigo que tanto quiso alejar. Sus palabras le dolían y al mismo tiempo lo conmovían.
Jesse le extendió la mano una vez que estuvo lo suficientemente cerca, Liam la vio por largos segundos con duda para luego sonreír y estrecharla.
Ya no eran necesarias más palabras.
Ambos amigos comprendían el dolor del otro desde pequeños, y ese día no era la excepción.
Liam no le diría nada.
Jesse no le exigiría una respuesta a su actitud todo este tiempo.
Pero sabían que hablarían de eso pronto, después de todo así eran.
— Vaya cursilería acabas de decir. — dijo Liam de pronto. Una vena gruesa palpitó en la frente de Jesse.
— Lo digo porque eres una nena que necesita ser consolada. — se defiende el humano ofendido, soltando la mano de su amigo con disgusto.
Liam ensanchó su sonrisa, su mirada reflejaba toda su gratitud. — Gracias por todo, amigo.
— De nada. Ah, y veo que Yaque y tú ahora son muy cercanos. Noté las miraditas, eh. — Jesse le sonríe juguetón al notar el sonrojo de Liam. Sí, se sentía genial devolverle su broma. Se dispone a voltearse y dirigirse a la entrada de la habitación. — Como sea, yo me largo. Vendré mañana.
El enfermo se despidió en silencio y lo vio marchar. Una vez ya en soledad, dejó escapar un gemido de dolor que había estado aguantando hasta ahora.
Su respiración se volvió agitada.
— “Rey Liam, ayuda…”
En su mente llegaron esas palabras.
Ciertamente no se dio cuenta cuando se durmió en el baño, pero aquel sueño se sintió tan real.
Vio a Ramón y Alicia siendo consumidos por una extraña cosa negra.
Pero, ¿de verdad habrá sido un sueño?
Poco a poco sus parpados comenzaron a cerrarse y se dejó llevar al mundo de los sueños una vez más.
***
Benny se encontraba en la azotea del edificio más alto de la ciudad mirando el cielo estrellado.
No había tenido éxito en su búsqueda, pareciera que Jonathan Cobe hubiera desaparecido por completo del mapa. El único lugar era la organización de los cazadores, pero esa información la poseía Liam y Tom.
Alzó una ceja con ese pensamiento.
Debería buscar a Tom y sacarle información a la fuerza antes de que sea asesinado por Alicia y Ramón, pensó con pesar.
— Es una buena vista, ¿no te parece? — escuchó una voz a su espalda, sonrió al reconocer esa presencia.
Se giró rápidamente para ver a la peli plateado con una sonrisa. — Es bueno verte vivito y coleando, Lucca.
— Hierba mala nunca muere. — contesta el aludido burlonamente.
La sonrisa de la vampira se vuelve burlona también. — ¿Tú usando una frase de los humanos? Qué inesperado. — su sonrisa se desvanece con lentitud. — ¿Cómo están Liam y Liz?
El hombre se cruza de brazos. — Ellos están bien, por ahora.
— ¿Por ahora?
El vampiro asiente. — ¿Tú qué haces?
— Busco a Jonathan, tu hermana quiere que lo capturemos lo más pronto posible. — responde la chica con serenidad, dirigiendo su mirada hacia la gran ciudad. Se podían apreciar los peatones en la lejanía. — Tengo un mal presentimiento si no lo encontramos pronto.
— Yo no me preocuparía mucho por él. — habló Lucca con seriedad. — El más preocupante ahora es Tom.
— Ramón y Alicia fueron en su búsqueda, en estos momentos él ya debería estar siendo asesinado por ellos.
En circunstancias normales sería así, pero ninguno de los dos estaba seguro de eso. En estos momentos ya no era una guerra de humanos contra vampiros.
— Romina me informó que perdimos contacto con ellos…
Benny frunce el ceño. — No vas a decirme que fueron asesinados, ¿o sí?
— Lo más probable. — responde sin más el hombre con serenidad.
La mujer baja la mirada con seriedad.
Esos dos eran los más confiables de Romina, nunca habían sido derrotados. Pero el problema es que el enemigo no eran los cazadores, era Tom.
Y Tom era más peligroso que toda la organización de cazadores.
— Yo me ocuparé de cuidar de Liam mientras se recupera. — dijo el hombre después de largos minutos de silencio. — Puedes venir a verlo si así lo prefieres.
La mujer le sonríe. — Después de cumplir con mi deber con gusto lo veré.
El hombre le sonríe también y así como llegó, desapareció.
La mujer miró al cielo nuevamente, pensando en su amigo. Lo más correcto sería buscar a Tom, había algo que no le cuadraba.
Sin más, saltó y desapareció en la oscuridad de la noche.
Ya pronto amanecería.