Capítulo 11

4651 Words
Dayana se atragantó con su propia saliva al escuchar tal petición. — ¡¿Yaque?! — Si de verdad Liam es un vampiro, entonces pronto perderá el control. — hablaba con calma la chica mirando a su amiga. — Si haces eso tendrás que asesinarlo, así que por eso yo…— decía mirando el arma filosa de la cazadora, para luego bajar la mirada. — Yaque. — llamó Liam con seriedad, su plan en decirle la verdad a su amiga para que lo dejase tranquilo salió todo al revés. — No puedes estar hablando en serio. La rubia tomó las frías manos del vampiro con mucho afecto, causando que el aludido se sonrojase nuevamente. — Ya te lo dije, ¿no? Quiero compartir tu carga, no quiero que vuelvas a desaparecer. — Pero Yaque, si este chico bebe sangre…— quiso hacerla recapacitar Dayana con preocupación. — Si él recupera su fuerza, no habrá nada que podamos hacer. La rubia giró su vista hacia su amiga. — No tienes por qué preocuparte, Dayana. — le sonríe con dulzura. — Liam no sería capaz de lastimarnos. Aquella seguridad destrozó la determinación del vampiro en querer irse de su lado. — Yaque, yo… — Vamos, Liam. — lo interrumpe con timidez mirándolo nuevamente. — Este cuello es tuyo. El chico se sonroja ante las provocativas palabras de la tímida rubia, trató de todas sus fuerzas de no malpensar. La joven apartó su dorada cabellera para mostrar su hermoso cuello. Liam al verlo se le hizo agua a la boca, tuvo que tragar repetidas veces para controlarse. — ¿Estás segura? La rubia no respondió, pero su azulada mirada demostraba su seguridad y confianza. El chico volvió a tragar con inseguridad. Solo debía beber un poco. Solo un poquito. Tomó con mucho cuidado el cálido cuello de la muchacha y acercó su nariz para olfatearla con deleite. Pudo sentir como la piel de la chica se erizó ante eso. Dayana veía todo apartada con una mirada llena de inseguridad y con un sonrojo por la vergüenza, sentía que esto estaba mal. Sentía como si estuviese presenciando una escena pornográfica en vivo ante una estremecida Yaque y un extasiado Liam. El vampiro lamió con lentitud la suave piel de la chica, saboreándola. Para luego penetrar su delicado cuello con sus colmillos de forma extremadanamente sutil. Casi pierde la concentración al escuchar el suave gemido de Yaque al sentir como su sangre era poco a poco succionada por el Cobe. Exquisita, pensó el chico con placer. Fácilmente se haría adicto a ella. Las heridas del chico se regeneraban rápidamente, restableciendo poco a poco sus fuerzas. Separa sus colmillos del cuello de la hembra, para luego lamer los rastros de sangre que salían de las pequeñas marcas que el chico dejó por la suave mordida. Después de un rato se separa de la rubia para visualizar su marca y sonríe al notar que la mordida no se veía casi, aparte la chica tenía un chupón. El chico suspira satisfecho, aún tenía sed. Pero con lo poco que había bebido sería suficiente para aguantar unas horas más. — ¿Estás bien? — pregunta Liam con preocupación al notar callada a la chica. — S— Sí. — asiente penosamente la joven con el rostro completamente rojo. — ¿Tú estás bien? El chico miró sus manos, aún se sentía muy débil. Eso era extraño. Quizás era cierto que había tratado de beber muy poco, debía por lo menos tener fuerzas suficientes para no sentir mucha fatiga. Ya sus heridas se habían regenerado así que no tenía excusas. ¿Sería por la espada Drácula y su gran poder? ¿O sería algo más? Sentía que había algo realmente mal en su cuerpo, y eso le preocupaba. — ¿Liam? — volvió a llamar Yaque con preocupación al ver al chico divagando. — ¿Sucede algo? ¡Ah! ¿Acaso lo que bebiste no fue suficiente? Si quieres puedes beber más de mí. Liam se sonroja de pies a cabeza al escucharla, trató de no malpensar nuevamente. — Estoy bien, solo me quedé pensando. Ambos se levantan del suelo en el que habían estado por varios minutos sin apartar la mirada del otro. — Entonces me alegra que estés bien. — le sonríe Yaque con una suave sonrisa bastante encantadora tomando sus manos nuevamente. — Es gracias a ti, Yaque. — contesta el chico correspondiendo a la sonrisa y al gesto de la rubia. — ¡Cof, cof! — tosió falsamente la cazadora, llamando la atención de ambos. — Veo que ya estás mucho mejor, Liam Cobe. — Sí…eh…— el chico la miró con duda. — ¿Cómo era que te llamabas? La chica frunce el ceño ofendido. — Dayana Beaufoy, que no se te olvide mi nombre. — se presentó la chica cruzándose de brazos. Para su desconcierto, el chico sonríe burlón. — Cómo digas, humana. Alzó una ceja, ¿Qué pasó con el vampiro frío y despiadado? ¿De dónde salió el chico burlón y despreocupado que tenía delante de ella? Parecía más… ¿humano? Miró a Yaque y notó como Yaque veía al vampiro, también notó como ese vampiro miraba a su compañera. No pudo evitar sonreír. Ahora entendía todo. La mirada de Liam se afiló de pronto, llamando la atención de la cazadora. Pronto entendió el por qué dicha mirada. La ventana de la habitación se rompió de pronto y de ella entró una rápida silueta la cual iba disparada hacía el cuello de Dayana, la cazadora soltó la comida que aún seguía sosteniendo y para sacar otra daga. Grande fue su sorpresa al notar como Liam se posesionaba delante de ella con rapidez, encarando la sombra. La recién aparecida, la cual también tenía una daga en cada mano, fue detenida de pronto por el rey vampiro al sostener las dagas con firmeza, deteniendo así su avance. — Detente, Liz. — ordenó el joven con serenidad mirando a la nombrada, la cual no pudo evitar sorprenderse. — Pero mi rey, es la oportunidad perfecta para acabar a esa cazadora. — habló la vampira sin entender por qué el aludido la detuvo. El chico solo negó con la cabeza. — Aquí no. Liz, aún sin entender, seguía mirando a su líder con confusión. — Aun sí, me alegra verlo bien. — le dice sonriéndole con alegría, el chico también sonrió. Pero Liam no correspondió a esa sonrisa al notar las notables heridas que poseía aquella mujer, tampoco pasó desapercibido para él la enorme fatiga que ella llevaba encima. — Así que eres tú de nuevo. — habló Dayana con seriedad mirando a la arquera. La vampira la miró, pero se dispuso a ignorarla. — ¡Mi ventana! — exclamó Yaque con molestia mirando los pedazos de vidrió en el suelo. — ¡¿Acaso no sabes entrar por una puta puerta?! — ¡Ah! — la vampira se sonroja por la vergüenza. — Lo siento mucho, creí que mi rey había sido raptado así que… Liam se disponía a reír disimuladamente mientras Liz era regañada por Yaque. Fijó su vista hacia la ventana para notar una silueta muy conocida para él. Lucca miraba a Yaque con nostalgia desde la lejanía, Liam sonríe. Gracias por traerme aquí, hijo. *** Romina suspiraba con pesar. Toda su mansión había sido completamente destruida. A su alrededor había miles de vampiros con sed de venganza rodeándola. Ellos estaban furiosos. — Mi señora, por favor. — pedía uno de los vampiros a Romina con desesperación. — Permítanos ir a vengarnos de esos sucios humanos. Tenemos que vengar a nuestro rey. Todos gritaban positivamente ante la idea bajo la atenta mirada de Romina. — No sean estúpidos. — habló la antigua reina con seriedad. — Liam no está muerto, estoy segura que Lucca y Liz están con él. Y sobre los humanos… — ¿Qué deberíamos hacer? — preguntó Benny con seriedad, mirando a la vampira de cabellera plateada. — Lo primero será refugiarnos en el otro escondite que tenía preparado para estas emergencias. — responde la mujer con serenidad sorprendiendo a la vampira delante de ella. — Una mujer prevenida vale por dos. — dice burlonamente al ver la cara desconcertada de Benny, la cual bufó con disgusto. — Lo siguiente será buscar a Tom. — Buscar a Tom. — repitió Benny apretando los puños. — Yo lo haré, me encargaré de hacerlo pagar. Ella sentía ira, impotencia, frustración. No solo los había traicionado, de hecho, ni le asombraba eso. Lo que más le molestaba era que se había atrevido a herir a su amigo. Lo odiaba tanto. La antigua reina niega con la cabeza. — No seas imprudente, los que buscarán a Tom serán Ramón y Alicia. — decía mirando a los nombrados, los cuales asintieron con seriedad. La mujer frunció el ceño, no gustosa por lo escuchado. — Qué fiasco. — dijo por lo bajo para luego chasquear los dientes.  Entonces buscaré a Liam, mi deber es protegerlo. La mujer de larga cabellera plateada suspira ante la mirada de Benny, ambas compartían el mismo sentimiento, pero… — No, Liz y Lucca se encargarán de protegerlo. — contestó la Drack con serenidad mirando fijamente a la otra vampira. — Pero Romina, yo… — Tú deber será buscar a Jonathan Cobe, Benny. — la interrumpió frunciendo el ceño. La aludida parpadeó dos veces por la impresión. — ¿Buscar a Jonathan Cobe? ¿Por qué? Romina sube la mirada para observar a la media luna en el cielo. — Hay algo que me preocupa. Benny siguió mirando fijamente a la mujer esperando que le contase su preocupación, pero al notar que no lo haría suspiró. — Entendido. — contesta con seriedad. — ¿Qué haré una vez que lo encuentre? Sin titubear, Romina abrió la boca y dijo: — Mátalo. — ¿Y si me consigo con Matteo Cobe? Romina la mira por unos momentos en silencio. Ellas sabían el profundo amor que Liam le podría tener a su hermano menor, aunque lo negase. Sin embargo, primero estaba sus deberes, ellas debían proteger al inexperto rey. Era su deber y su deseo más preciado. Protegerlo de todo mal y peligro, aunque fuese odiada al final. Después de todo, su tarea era eliminar los enemigos de Liam. — Si te encuentras a Matteo Cobe, mátalo también. *** En una casa abandonada, en las afueras de la ciudad. Una puerta era abierta y de ella entraba una persona, su mirada vaga por todo el lugar hasta encontrar a la persona que buscaba. Ahí, delante de él, estaba Jonathan Cobe con una sonrisa en los labios. Casi parecía que lo estuviese esperando. — Llegas tarde. — decía Jonathan burlonamente mirando a su hermano gemelo. — Tuve un contratiempo. — respondió. — Bien, supongo que has venido a preguntarme algo. — hablaba el capitán Cobe de manera casual, sentándose en uno de los muebles desgastados de aquél abandonado lugar. — Y dudo mucho que vengas a preguntarme por Matt. — ¿Por qué dejaste escapar a tu hijo? — preguntó al grano, tal y como el aludido esperaba. — Me da igual. Nunca le tuve ningún apego. — responde sin perder la calma, a pesar de sentir esa afilada mirada hacia su persona. — Solo démosle su bendición. — ¿Bendición? — el hombre delante de Jonathan se veía molesto. — ¿A qué exactamente? — Pues al nacimiento de un nuevo ser, algo que no es un humano o un vampiro. — responde Jonathan alzando su mano, como si estuviese vislumbrando una luz al final del túnel que pudiera tocar. — Eso al que llaman “todo el mal de este mundo”. Algo creado por lo seres humanos, pero a su vez siendo repudiados por ellos. — El hombre miraba al capitán cazador con seriedad, entrecerrando sus ojos. — En lugar del bien y el mal. En vez de buscar una respuesta, ¿qué pasaría si buscara aquello que me lo propusiera? — siguió hablando el hombre completamente perdido en sus mundanos deseos. Tenía una profunda curiosidad del mundo, de su origen, de los vampiros, del poder, de la inmortalidad. — La respuesta está cerca. Todo lo que le causaba placer era el sufrimiento ajeno. El asesinato de los demás, el amor y el odio de los demás, sus decadencias. Conceptos negativos semejantes era lo único que le provocaba felicidad. Jonathan Cobe comprendió que él no encajaba con el mundo, quiso e hizo lo mejor que pudo para enmendarlo llevando una vida normal. Pero el resultado fue una tragedia. Vivió de manera modesta, pero no pudo encontrar mayor placer que la agonía de otros. El placer de cometer crímenes. El placer de desgraciarle la vida a su propia familia. A su propio primogénito. — Estás demente, Jonathan. — habló nuevamente ese hombre, sacándolo de sus pensamientos. — Es tu hijo, por Dios. El hombre entrecierra los ojos nuevamente ante la mirada perdida de Jonathan. La expresión del cazador era como la de alguien sin intereses o deseos — Padre es el que cría, no el que engendra hermanito. Así que debo agradecer que lo hayas adoptado, supongo. — habló el capitán sin observarlo. Sus ojos ya no mostraban burla o alegría. — Además, también es tu culpa de que ese vampiro y yo queramos ver el nacimiento de ese extraño ser, después de todo me ayudaste con aquel experimento cuando el niño nació, ¿no lo crees, Ricardo? Al volver a posar su mirada en el nombrado, no pudo evitar sonreír una vez más al notarlo arrepentido. ... En ambiente de la casa de Yaque era extraño. El rey de los vampiros se encontraba cenando con Liz, Yaque, Dayana y una pequeña rubia igual a su amiga. ¿En qué momento todo se tornó así? Escuchó el suspiro de Liz, se notaba arrepentida. — De verdad, lamento mucho lo de tu ventana. La rubia le sonríe. — No te preocupes, discúlpame a mí por haberte gritado. — se disculpaba la joven negando con suavidad. — Es que últimamente todo ha sido muy…wow. Volver a ver a alguien querido que no habías visto por un largo tiempo y encima enterarse de que esa persona es un vampiro, digamos que aún no sé cómo reaccionar. Dayana miraba la escena con exasperación. ¿Cómo es que una cazadora de vampiros estaba tomando la cena con vampiros? Si supiera ella que aparte de todo, este chico es el rey de ellos, pensó la cazadora con los ojos en blanco. — ¿Vampiros? ¿De qué hablas, hermana? — preguntó la pequeña rubia que estaba al lado de Yaque con curiosidad. Yaque reaccionó ante eso. — ¡Ah! Emi, olvida lo que estaba diciendo. Son cosas de adultos. — Pero hermana…— se quejó la niña pequeña haciendo un puchero. Liam no pudo evitar sonreír al ver eso, recordó a su hermano. Su hermano… Frunció el ceño con pesar, estar con Yaque le estaba haciendo sentir aquellas sensaciones humanas que tanto había evitado. Sentía que se estaba ablandando. Los presentes siguieron su comida con platicas triviales “entre Yaque y Liz, mientras que Dayana le lanzaba miradas llenas de molestia a un Liam que ignoraba todo su alrededor” mientras que la hermana menor de Yaque miraba con cierta curiosidad al rey vampiro. — ¿Cómo te llamas, joven? — preguntó la niña al aludido, el cual lo tomó por sorpresa. El chico al notar el enorme parecido de Yaque con su hermanita sonrió enternecido. — Me llamo Liam. — ¿Liam? — la niña parpadeó varias veces al musitar el nombre del chico. — ¿Eres el novio de mi hermana? Los presentes mostraron sorpresa ante la directa pregunta de la niña, un bonito sonrojo adornó las mejillas de la rubia. — No, solo somos amigos. — respondió sin dudar. — Entieeeendo. — responde la niña burlona al notar la reacción de su hermana. — Y ella… ¿te gusta? El vampiro por poco se atraganta con la comida ante esa nueva pregunta, y más al notar la atención que Yaque le ponía ahora. Quizás esperando su respuesta. Liz sonríe burlona al notar el leve sonrojo de su rey. — Yo…— es interrumpido por el sonido del timbre de la casa. Haciendo que Liam suspirase aliviado. — Yaque, la puerta. — Voy. — se levanta de la silla con pesadez y se va directo a la puerta de la casa. Emi chasquea los dientes con molestia por la interrupción, Liam no puede evitar alzar una ceja ante eso. Cómo cambian los niños hoy en día, pensó con una sonrisa nostálgica al recordar nuevamente a su hermano menor y sabiendo que él no era así a su edad. Qué cosas. En la sala entra Yaque seguida por otro joven, Liam palideció al saber de quién se trataba. — Buenas noches a todos. — saludó con una sonrisa. Era su mejor amigo el que estaba delante de él. ¿O ex mejor amigo? Ya ni sabía. La mirada de Jesse conectó con la de Liam. Ante eso, la sala se llenó de completo silencio. Jesse sonríe nuevamente. — Hola. Tiempo sin vernos, Liam. — lo saludó como si nada, caminando hacia el nombrado. Ante eso Liz se tensó, quizás estando en guardia. — Lo mismo digo, Jesse. — contesta el vampiro algo incómodo desviando la mirada. Él no entendía nada, ¿Qué hacía él ahí? Recordó vagamente las últimas veces que estuvo estudiando con él y con Yaque, ambos se la pasaban juntos últimamente. ¿Será que sí salían juntos? No sabía por qué, pero sintió un profundo dolor en su corazón. — ¡Hola, Daya! — exclama de buen humor Jesse saludando a la cazadora. La aludida le sonríe con suavidad. — Hola, Jesse. — saludó con cariño, levantándose de la mesa para abrazarlo. Tanto Liz como Liam se extrañaron al notar eso, más cuando notaron también el sonrojo de Jesse. No era necesario ser muy perceptivo para saber que ambos se gustaban. Liam sonrió ante eso, alegrándose por su amigo. Quizás había malinterpretado todo. Después de ese afectuoso abrazo, Jesse se sienta al lado de Liam. — Y cuéntame, hombre. ¿Cómo has estado? ¿Qué has hecho? Siendo un rey que mataba a los humanos por venganza, querer gobernar el planeta con puro poder. Neh, cosas típicas, respondió sarcásticamente el chico en su mente al bajar la mirada. Él se sentía mal, se sentía culpable. Recordó el momento en el que lo trató mal solo para alejarlo cuándo recién se volvió vampiro. Y ahora venía él a tratarlo como si nada… ¿Entonces por qué? ¿Por qué dolía? — He estado bien…— respondió sin más, después de un largo rato. Jesse lo miró fijamente, claramente sabía que el chico le mentía. Eran mejores amigos desde niños, por Dios. — Me enteré lo de tu madre, lo siento… Liam apretó con suavidad la taza de té que tenía en sus manos. Su madre. — Gracias, Jesse… Los presentes miraban al vampiro con diferentes emociones. Dayana ya medio entendía el tema por medio del mismo Jesse y Yaque, recordando que le relataron que un amigo de ellos había desaparecido de pronto. Yaque miraba observaba la escena de ambos amigos con preocupación, le dolía ver que la mirada de Liam reflejase tanta soledad. Liz y Emi miraban con atención sin entender nada. — Supongo que me he perdido de muchas cosas. — volvió hablar Liam con una sutil sonrisa. — Pues claro amigo. — contesta alegre Jesse al ver que Liam continuaba la conversación. — Te has perdido de muchas clases también. — le relataba sonriendo. — Tampoco te he contado que conocí a una chica increíble. — dijo mirando de reojo a Dayana, la cual se sonrojó. — Y sí, definitivamente te has perdido de muchas cosas. Pero mejor dime, ¿qué has estado haciendo en todo este…? ¿Liam? El chico detiene su larga charla al ver que el nombrado no le prestaba atención. Se extrañó al ver que de un momento a otro la mirada de Liam se tornó… ¿vacía? ¿Sin brillo? — Oye, hermana. — llamó la pequeña a su hermana, llamando su atención. — ¿Le pasa algo a tu amigo? Todas giraron su vista hacia el Cobe, el cual cerraba sus ojos con lentitud. — ¿Liam? — llamó Liz a su lado preocupada, pero al notar que el chico seguía igual su preocupación aumentó. — ¡¿Liam?! Aquella exclamación pareció reaccionar al nombrado, el cual miró a las chicas extrañado. — ¿Qué pasa? — Eso te preguntamos a ti. — responde Yaque igual de preocupada. — Pareciera que estuvieses a punto de colapsar. — ¿En serio? ¿En qué momento? — preguntó el chico alzando una ceja, eso causó desconcierto a las mujeres delante de él. ¿Acaso él no lo notaba? — Será mejor que pasen la noche aquí. — dijo Yaque de pronto frunciendo el ceño, Dayana la miró con cara de wtf. — ¿Estás segura? No quisiéramos causar problemas con tus padres. — Liz se sonroja de vergüenza al recordar la ventana rota. — ¿Qué? ¿Piensas romper algo más? — preguntó Dayana con burla, haciendo que la vampira la fulminase con la mirada. — Oh, no te preocupes por eso. Mis padres suelen viajar mucho, así que por eso es que Dayana vive conmigo. Para hacerme compañía. — contestaba la rubia ignorando completamente la burla de su amiga hacia su interlocutora. — Además, Liam no se ve muy…estable. El nombrado bufó. — Ya has hecho suficiente por mí. — contesta el aludido mirándola con molestia. — Ya he perdido mucho el tiempo aquí, debemos irnos. No quería seguir ablandándose. — Liam, he dicho que se quedan aquí. — habló la rubia frunciendo el ceño exageradamente, fulminando con su azulada mirada al nombrado. El aludido sintió un escalofrío. — Pero… — Liam. — habló la rubia mirando afiladamente al nombrado. — Mande. — No te lo estoy preguntando. — lo cortó con seriedad, sorprendiendo a Liz y a Dayana. El vampiro bufó con molestia y desvió la mirada con los brazos cruzados. Su fría y afilada mirada cambió a una dulce y suave. — Ahora, ¿por qué no te das un baño? El vampiro alza una ceja ante la pregunta. No solo una humana le ordenaba al rey de los vampiros a quedarse, ¿también lo mandaba a bañarse? — Sí, señora. Y lo peor de todo, ¿por qué carajos obedecía? La rubia asiente gustosa al notar que el chico obedientemente se levantaba de la mesa casi como berrinche. — En el baño está una muda de ropa de mi padre, puedes usarla con confianza. Así que tenía todo preparado, qué manipuladora. A pesar de sus pensamientos, el vampiro más poderoso de la actualidad se da media vuelta y camina rumbo al baño ante la mirada de su subordinada, de su mejor amigo y la cazadora. Una vez el vampiro desaparece de la sala, Liz rápidamente mira a Yaque con sorpresa. — Enséñame hacer eso, maestra. — ¿Hacer qué? — preguntó la rubia inocentemente mirando a la vampira. — ¡Eso! ¿Sabes cuantas veces a Benny o Romina les hubiesen encantado controlar a Liam así? — hablaba Liz con risa, sorprendiendo a la rubia. — ¿Quiénes son ellas? — pregunta Jesse sin entender. La vampira cae en cuenta y les sonríe. — Unas amigas mías. — Liz. — llamó Yaque mirando a la nombrada con seriedad. — Por favor, te pido que me expliques todo. — ¿Explicarte todo? La rubia asiente bajando la mirada. — Quiero ayudarlo, ayudarlos. — se corrigió rápidamente. — No quiero que él vuelva a sentir tristeza. He sentido que ha estado llevando una carga muy pesada por sí solo, así que quiero… — Entiendo. — contesta la vampira con una sonrisa. — No sé si esté bien que les cuente esto. — decía la mujer suspirando, para luego mirar a la cazadora. Estaba segura que ella no perdería el tiempo en cortarles la cabeza sin bajan la guardia. — Yo también quiero saber. — pidió Jesse con seriedad. — Mi amigo es estúpido, pero quiero ayudarlo. Quiero suavizar su carga, aunque sea un poco. — ¿Aunque eso signifique recorrer un camino peligroso? — preguntó Dayana con seriedad, mirando a sus dos amigos. — No es necesario meterse en problemas innecesarios. A veces es mejor vivir en la ignorancia. — Dayana…— Jesse miraba a la nombrada con sorpresa. — Lo siento. — habló la vampira nuevamente. — No puedo decir nada a menos que Liam lo considere necesario. Jesse frunció el ceño para mirar nuevamente a la cazadora, la cual rehuía de su mirada. Yaque tan solo suspiró agotada, ya le preguntaría al chico después. Liam se encontraba recostado en la bañera completamente llena disfrutando del agua caliente. El rey de los vampiros miraba el techo pensativamente. Su mejor amigo, su hermano, la chica de la que está enamorado. Su mente estaba en esas tres personas. Suspira cansado, sentía que estar mucho tiempo con los humanos lo ablandaría demasiado. Suspiró al pensar en Yaque y no pudo evitar sonreír. Puedo ser lo suficientemente feliz con solo mirarla, pensó bajando la mirada. Pero sabía que él tenía que alejarse, él no podía convivir con ellos. Ahora menos que era el objetivo de Jonathan y de su hermano. No quiere repetir nuevamente lo de su madre. Yaque es mucho más de lo que creo merecer. Una gran ansiedad comenzó a embargarlo y apretó los dientes con frustración. Él se negaba a llorar. Volvió a subir su mirada al techo. ¿Cuánto puede soportar un alma inocente de tanto sufrimiento sin terminar quebrándose en el proceso? ¿Por qué él tenía que pasar por todo eso? ¿Cuál fue su delito? ¿Nacer? ¿Vivir? Él negó con la cabeza bruscamente, él no podía pensar así. Se mordió el labio inferior. Estaba por caer en una crisis, pero es que no podía evitarlo. Él solo quería llevar una vida normal. Sonríe con ironía al imaginarlo. Llegaría exhausto del trabajo, se sentaría en el sillón, besaría a su futura esposa en los labios y abrazaría a cada uno de sus hijos. Quería tres exactamente, pero sabe que esas cosas no se pueden planear. Volviendo al tema, llegaría la hora de cenar y hablaría con sus hijos de cómo les fue en la escuela, su hijo preadolescente y rebelde le diría quizás que no era de su incumbencia, ahí diría la muy practicada frase de los padres: “soy tu padre y merezco respeto, jovencito. Mientras vivas en mi techo, se hace lo que yo diga”. Ahí sentiría toda la autoridad competente de mandar a sus hijos a dormir, caería la noche y mientras sus hijos dormían él y su esposa estarían en el trabajo del niño número 4. La haría sudar, jadear y verla suplicando por más, cosa que haría con gusto otra vez. Al finalizar ese acto, le daría un dulce beso en los labios para luego abrazarla por detrás y dedicarle un “buenas noches, amor”, luego depositar otro beso en el cuello para después cerrar sus ojos y caer rendido en un sueño, y así sería su rutina. Sopla burlona. Hasta el momento no sabía que él pudiese tener una imaginación tan creativa y pensamientos tan cursis. Pero le encantaría vivir así, una vida normal con familia normal. Sin guerras, sin muertes, sin peleas. Quería vivir una vida así junto a Yaque. Sonríe más tranquilo, quizás imaginar tonterías calmó su ansiedad. Se estaba relajando, quizás demasiado. Sentía sus parpados pesados, los cuales poco a poco comenzaron a cerrarse. Rayos, no puedo dormirme aquí…, fue su último pensamiento al cerrar los ojos, perdiendo la consciencia.
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