Él no sabía por qué la situación había cambiado tanto.
Todo empezó normal, él ordenó que capturasen a un cazador. Sus subordinados cumplieron la misión con éxito, sin saber qué serían seguidos por los humanos. Mientras torturaban a dicho cazador, los humanos asaltaron su mansión.
Nada que él no pudiera solucionar con su propia fuerza.
Entonces, ¿por qué todo estaba resultando mal?
¿Cómo es que Tom estaba apuñalándolo por la espalda?
Los presentes estaban sin habla.
Jonathan miraba lo que sucedía completamente maravillado, Dayana estaba confundida, Liz desconcertada. Matteo miraba como aquél supuesto subordinado apuñalaba a su hermano. Dentro del joven cazador embargó un sentimiento de ira.
¿Cómo se atrevía apuñalar a su hermano?
El hermano mayor se encontraba con un sinfín de preguntas mentales, pero sin ninguna respuesta. El punzante dolor de su pecho hizo que el chico saliese de sus pensamientos.
La hoja de la espada que estaba atravesando al rey estaba completamente bañada de su propia sangre, la cual comenzó a gotear y caer al suelo, creando un charco del mismo.
— ¿Th— Tom? — la moribunda mirada del joven rey detalló la sonrisa morbosa del nombrado. — ¿Qué crees que haces?
— ¿Qué clase de pregunta es esa? — preguntó burlonamente el vampiro aun sonriendo sacando una jeringa de su traje, su contenido era un líquido rojo con un pequeño y diminuto huevecillo. — ¿Acaso no es obvio?
El chico no pudo responder ya que de un movimiento rápido de traidor le inyecto la jeringa en su cuello, sobresaltándolo. — ¡Ah! — da un rápido salto hacia adelante para alejarse rápidamente del sombrerero, logrando desclavar el filo de la espada de su pecho. Al estar lo suficientemente apartado del hombre retiró la jeringa de su cuello de un tirón.
Pero para su horror, el contenido que tenía dicha jeringa había desaparecido. Eso quería decir que lo que sea que tuviese esa inyección ya estaba dentro de su sistema nervioso.
Y eso lo aterró.
— Vaya, reaccionas rápido. — mencionó el sombrerero sin desaparecer su sonrisa de burla al notar la desconcertada y aterrada cara del rey.
— ¡¿Qué es lo que me inyectaste?!— pregunta el chico sosteniendo la herida de su pecho, la cual no dejaba de sangrar. Rápidamente perdió la fuerza de sus propias piernas y calló arrodillado al suelo, volviendo a escupir sangre.
El cielo, antes rojo, volvía a su color natural de la noche.
— Lo sabrás muy pronto. — la sonrisa burlona de Tom cambió a una burlona, dicha sonrisa desapareció al notar como incontables flechas eran disparadas hacía él. Su espada “la cuál era un arma camuflajeada por el bastón que siempre usaba” de un movimiento rápido desvió y destruyó cada una de las fechas luminosas que se dirigían hacia él. — No es nada agradable que una dama interrumpa la conversación de ambos caballeros, Liz.
La nombrada volvía a preparar otra flecha. — ¡Bastardo! — grita con ira disparando dicha flecha, la cual fue destruida de un tajo por el sombrerero.
— ¿Sabes? Deberías preocuparte menos en tratar de matarme cuando tu rey está en problemas. — decía el hombre de sombrero esquivando otra flecha que era disparada por la mujer. Liz rápidamente giró su vista hacia Liam, el cual se veía impotente ante Jonathan.
— ¡Liam! — sin perder el tiempo corrió hacia su amigo, pero lamentablemente fue interceptada por el tajo de Dayana. Pudo medio esquivar el tajo de una voltereta, sin embargo, el filo de la humana había conseguido rozar su mejilla.
— Lo siento, no puedo dejarte pasar. — decía la cazadora con seriedad apuntándola con su arma.
Liz apartó su arco plateado y sacó ambas dagas que siempre traía consigo. Delante de ella estaba Dayana mientras que a sus espaldas estaba Tom.
Qué situación tan molesta.
— Ciertamente, tu traición no es del todo inesperada. — habló burlonamente Liz girando levemente hacia atrás para mirar a Tom. — Sin embargo, no pensé que te aliarías con los humanos.
Tom sonríe con malicia. — ¿Aliarme con los humanos? Qué barbaridad estás diciendo. Eso sería caer muy bajo, incluso para mí.
Dayana frunce el ceño. Ciertamente era una casualidad todo lo que estaba ocurriendo, pero no iba a desaprovechar la oportunidad que le estaban ofreciendo.
— Esta situación es una mierda. — habló para sí con pesar mirando rápidamente a Matteo, el cual estaba paralizado viendo a su hermano mayor.
Jonathan le sonríe burlonamente al rey, el cual se reincorporaba lentamente. — Qué situación más divertida me están ofreciendo, vampiros.
— Cierra el pico. — contesta Liam con seriedad, su herida ya se había regenerado pero la pérdida de sangre era algo fatal. Abrió los ojos con sorpresa al notar que su hermano menor estaba detrás de él, dispuesto apuñalarlo con su espada bañada de agua bendita.
Parece que todos se pusieron de acuerdo para apuñalarlo por detrás.
La hoja del cazador hace contacto perforando lo que había cortado. Pero para su sorpresa lo que su espada había apuñalado no era la piel de su hermano, sino el abrigo que éste llevaba, el cual estaba vació y sin rastro de su dueño.
Notó demasiado tarde que Liam estaba a su lado izquierdo, el cual de una patada en el costado lo mandó a volar. — ¡Argh! — gime de dolor mientras se reincorporaba en el aire con una pirueta, sin perder el tiempo activa tres granadas de humo y se las lanza al rey vampiro.
Las granadas caen a los pies del Cobe, el cual al detonar las tres expulsan una gran cantidad de humo. Dentro de dicho humo el antebrazo izquierdo descubierto del vampiro comenzó a quemarse rápidamente. — ¡Ah! ¡¿Esto es…?!
Sin perder el tiempo salió escapando de esa cortina de un rápido salto al notar que las supuestas granadas de humo no eran precisamente de humo, sino de agua bendita en estado gaseoso. Por el dolor no pudo aterrizar correctamente y tropezó, Jonathan “ni corto ni perezoso” aprovechó aquella abertura para lanzar una rápida estocada en el pecho herido de Liam, el cual tuvo que girar su cuerpo rápidamente antes de caer al suelo, logrando esquivar dicha estocada de milagro.
Liam se preocupó al verse en desventaja, su cuerpo le pesaba.
No debió de usar Vendaval para presumir ya que agotó de manera excesiva su energía. Aparte de su pérdida de sangre, estaba muy, muy, muy débil.
¿O quizás se deba al líquido extraño que Tom había inyectado en su cuerpo?
Sea cual sea la razón, estaba perdiendo.
Vuelve a caer de rodillas por el cansancio.
¿Yo estoy…perdiendo el conocimiento?, pensaba el rey respirando agitadamente, sentía varios malestares en su cuerpo.
Su ojo derecho antes rojizo comenzó a tornarse en unos dorados sin brillo. El Cobe mayor disfrutaba ver como la mirada del inexperto rey de los vampiros comenzaba a tornarse vacía. — ¿Qué pasa, muchacho? Ya no te ves tan amenazador.
Pero no tuvo respuesta.
El ojo derecho de color dorado y el ojo izquierdo rojizo del rey llamaban mucho la atención, la cuestión comenzó a olerle mal.
Sería sensato retirarse por el momento.
Jonathan mira suspicazmente a Dayana, la cual asiente y rápidamente corre hacía Matteo para cargarlo con agilidad, sorprendiéndolo. — ¡¿Dayana, ¡¿qué haces?!
— Nos retiramos. — responde la mujer con serenidad sacando una pistola de gancho de su ropa y disparándola hacía uno de los helicópteros que aún sobrevolaban el área. El arma se enganchó con éxito y ambos comenzaron rápidamente a subir hacía dicho vehículo por medio de su arma.
El capitán Cobe sacó una pistola bengala y la disparó al cielo.
Dicha bengala era la señal para los cazadores que debían retirarse.
Los humanos que batallaban con los vampiros, así como aparecieron, comenzaron a desaparecer rápidamente casi como ninjas.
El ejército vampiro estaba muy desconcertado.
— ¡Liam! — Liz sin perder el tiempo corrió hacia el nombrado con preocupación, llegando a su lado.
La mirada de Jonathan bajó hacía la de Liam, el cual luchaba para mantenerse consciente.
— ¿A dónde crees que vas? — pregunta el joven rey levantándose del suelo con ayuda de su amiga.
— A mi casa, por supuesto. — responde el cazador de forma casual sacando una pistola de gancho también. — Ya hice lo que venía hacer aquí.
A pesar de que veía borroso, Liam podía notar como el hombre subía hacía un helicóptero gracias a su pistola de gancho. Bast…ardo.
Las cejas de Liz se fruncieron al notar que su amigo había perdido el conocimiento en sus brazos. Su mirada se afiló al notar que los helicópteros apuntaban a su dirección.
Eso no le gustó.
— Es una pena que se vayan, me estaba divirtiendo. — hablaba Tom tomando la funda de su espada y envainándola con ella con una sonrisa burlona, al hacerlo la espada escondida volvió a funcionar como bastón.
— Desgraciado. — lo insultaba con resentimiento la mujer vampiro mientras cargaba a su rey. El sombrerero reía burlonamente de nuevo.
— Vamos, no me veas así. — alza sus manos de forma juguetona. — Me haces ver a mí como el villano.
— ¿Y qué se supone que eres entonces? — pregunta de vuelta la mujer vampiro fusilando al aludido con la mirada, si tan solo las miradas mataran.
El hombre desvanece su sonrisa burlona. — El niño que tienes en tus brazos será mucho más villano de lo que soy actualmente.
La mujer abrió los ojos por la impresión al escuchar aquellas desconcertantes palabras del traidor. ¿Qué quería decir con eso? No pudo responder al notar como una rápida sombra volaba disparada hacía el sombrerero.
El tajo de una espada cae del cielo con fuerza, la cual es esquivada por Tom de milagro de un salto. La fuerza del tajo fue tanta que al conectar con el suelo creo una gran cortina de humo.
— Vaya, eso estuvo cerca. — decía el hombre del sombrero con su habitual sonrisa sin dejar de mirar a la sombra que casi lo mataba. Una vez que la cortina de polvo se disipa nota con sorpresa el recién llegado. — Pensé que te daba igual la reencarnación de tu padre, Lucca.
El nombrado, el cual había sido el que había llegado, miraba al traidor con resentimiento. — No estoy aquí para salvar a ese estúpido.
— ¿Ah, ¿no? — pregunta curiosa el traidor sonriendo entre dientes. — ¿A qué has venido entonces?
El recién aparecido, cuyos dos espadas poseía, le sonríe con indiferencia. — He venido a matarte, sucio traidor.
— Lucca…— Liz miraba al nombrado con sorpresa, no se esperaba que llegase el hijo del antiguo rey a salvarlos.
— Me temo que eso no podrá ser posible ahora, muchacho. — el traidor miraba a su alrededor, los helicópteros de los cazadores seguían en sus alrededores y los apuntaban directamente.
El hijo del rey chasquea los dientes al notar los mismo también. — ¡Liz, corre!
Aquellos vehículos dispararon nuevamente misiles hacia ellos, los cuales Liz tuvo que cargar a su rey para tratar de esquivarlos.
Sin embargo, aquellos misiles eran rápidos.
El hijo del antiguo rey se posesiona delante de Liam y la mujer para alzar la mano mientras aquellos misiles estaban a pocos metros de ellos.
Algo dentro de su ser lo empujaba a proteger a ese niño.
— ¡¡Liam!!— grita Benny con miedo corriendo hacía el nombrado al notar que numerosos misiles iban a su dirección, pero para su desgracia ella estaba demasiado lejos de la mansión por culpa de la guerra que tuvieron con los cazadores.
Numerosas explosiones destruyeron irremediablemente la enorme mansión en la que vivían.
— ¡¡Liammm!!— llamó nuevamente con desesperación siendo empujada hacía atrás por las explosiones delante de ella.
Romina, la cual se había mantenido neutral con todo, observaba todo en la lejanía con los brazos cruzados. La fuerte ventisca que se provocaba debido a la explosión agitaba su hermoso cabello plateado con brusquedad.
Con esa explosión, todo rastro de Liam, Liz, Lucca y Tom había desaparecido del lugar.
***
El sol comenzaba a relucir en el cielo, matando la oscuridad de la madrugada poco a poco.
Aún era demasiado temprano, así que era muy normal no ver a nadie en las calles.
Suspira con cansancio saliendo de su casa.
Su hermanita menor estaba enferma, había pasado toda la noche y parte de la madrugada con una fiebre muy alta. No tuvo más opción que ir a la farmacia más cerca cercana, quizás más tarde la llevaría a un hospital.
La rubia suspira nuevamente.
Sin más preámbulos fue a la farmacia y compró todo lo que necesitaba para su hermana.
Vaaayaaa, pero qué útil era una farmacia de 24 horas al día, pensó con una sonrisa saliendo del establecimiento. Sus pensamientos eran tontos, quizás por el cansancio.
Siguió su camino hacia su casa sin quitar su sonrisa.
— ¡Ar…!
La chica se detuvo al escuchar un sonido extraño proviniendo de un callejón, ¿era el quejido de una persona lo que había oído?
Su mano llegó a su pecho con preocupación en un vano intento para tranquilizarse. ¿Debería seguir su camino? ¿Debería averiguar?
Ella había visto suficientes programas de televisión para saber que entrar en un callejón a esas horas era peligroso, más para una chica.
Su mente, y la razón, le gritaban que corriese. Que no era buena señal.
Pero algo en su corazón, o su instinto, decía que debía ver quién estaba ahí.
Tragó con dificultad y tras respirar repetidamente varias veces se armó de valor y comenzó a caminar, seguiría a su instinto.
Sentía que alguien necesitaba ayuda, y no se equivocó.
Al entrar en dicho callejón su mirada temerosa fue reemplazada por el desconcierto y la preocupación.
Ahí, delante de ella, estaba Liam Cobe con incontables heridas en su cuerpo.
Duró largos segundos inmóvil, hasta que decidió moverse.
— ¡Liam! — lo llamó con preocupación corriendo hasta el nombrado, lo tomó en sus brazos y comenzó a inspeccionarlo. Notaba con horror que había rastro de sangre en su ropa y una notable quemadura en su brazo izquierdo.
El chico abrió sus ojos con dificultad, las miradas gris y azul hicieron contacto después de un mes sin verse.
El chico sonríe con suavidad, si eso era un sueño, no quisiera despertar jamás.
— ¿Yaque? — musitó el nombre de aquella mujer que había extrañado tanto. En la que tantas noches había soñado. — Mi Yaque…
Con esa linda mirada comenzaba esa conquista, el chico entendió por fin la definición de amor a primera vista. O en su caso, amor al reencontrarse con ella nuevamente.
Volvió a cerrar los ojos, cayendo en la inconciencia.
— ¿Liam? ¡Liam! — la rubia comenzó a zarandearlo una y otra vez, pero sin éxito. Se relajó un poco al notar que el chico estaba… ¿durmiendo? Suspira para luego sonreír.
A pesar de sus heridas el chico parecía estar bien, así que con delicadeza lo abraza.
A pesar de estar el mundo de los sueños el cuerpo de Liam se estremeció al sentir el contacto del cálido cuerpo de la chica.
Salió de su trance al caer en cuenta de la realidad.
El chico en sus brazos estaba herido y se le veía cansado. Ciertamente lo más sensato era llamar a una ambulancia y llamar a la familia del chico, pero muy en el fondo sentía que hacer eso sería un grave error… ¿pero por qué?
Vuelve a suspirar, ya había perdido la cuenta cuantas veces lo había hecho ya.
Quizás el cansancio sí le estaba afectando después de todo.
Hizo lo humanamente posible para cargar al chico en su espalda y comenzó a caminar hacía su casa, afortunadamente ella vivía prácticamente al lado del callejón.
***
Abrió sus ojos con cansancio.
La luz del sol estaba comenzando a ocultarse, haciendo una hermosa combinación de colores en el cielo gracias a la luz de la luna, la cual estaba comenzando en alzarse por las nubes.
¿Cuánto tiempo había dormido?
Se reincorpora con dolor, ahí se da cuenta de su situación.
¿En dónde estoy?, pensó el vampiro mirando la habitación en la que se encontraba. Era claramente de chica al visualizar numerables peluches y adornos de rosas. Aparte de eso un olor bastante familiar llegó a sus fosas nasales.
— Ah, ¡ya despertaste! — exclama una voz conocida entrando en la habitación, el chico con sorpresa giró su mirada hacia la entrada.
Abrió la boca sin saber qué decir.
Delante de él estaba Yaque, la cual tenía su hermoso cabello recogido y un vestido beige ajustado en su cintura.
Hermosa.
Frunce el ceño ante su pensamiento y tocó su frente. ¿Qué hacía con Yaque?
¿Entonces ese sueño no fue un sueño después de todo?
El vampiro no pudo evitar sonrojarse.
Alzó su mirada de nuevo para mirar a la chica, la cual lo había estado observando con mucha atención desde que entró a la habitación.
— ¿Dónde estamos? — preguntó el joven mirando sus manos, las sentía pesadas.
— En mi casa. Te encontré exhausto y herido, así que no podía dejarte. — responde la chica caminando hacía el vampiro y se sentó a un lado de la cama.
Eso explica las vendas, volvió a pensar mirando su cuerpo cubierto de vendas, sobre todo su brazo izquierdo. Todo regresó como un flash a su mente, él perdió el conocimiento una vez que Jonathan escapó.
Él estaba con Liz, entonces ¿en dónde estaba ella? ¿Debería buscarla? ¿Estaría herida?
Él debía irse ahora.
Pero claramente su cuerpo no colaboraba con su causa, el cual se negaba a levantarse por el dolor.
— ¿Liam?
— ¿Eh? Ah, lo siento. Divagaba. — se excusó volviendo a mirarla, ella se veía preocupada. — Siento mucho las molestias.
Ella estaba en peligro con él ahí, debía irse.
Pero su cuerpo ciertamente no colaboraba.
Prontamente estaría muerto de sed, ¿qué haría?
— No te preocupes, Liam. — contesta la chica sonriendo dulcemente. — ¿Pero ¿qué sucedió contigo? ¿Por qué estabas tirado y herido en ese callejón?
— No lo sé.
— ¿Cómo que no lo sabes? — pregunta la mujer frunciendo levemente el ceño ante tan seca respuesta. — ¿Qué escondes, Liam? — la rubia caminó hacia el chico y tomó el rostro del nombrado con ambas manos, obligándolo a verla directamente. — Desapareciste por un mes completo y ahora que por fin apareces...— la chica bajo la mirada, sin saber cómo expresarse. — Apareces herido y abandonado en un callejón.
El chico suspira con pesar, debía serle sincero. Toma las manos amablemente de la rubia y las retira de su rostro, para tomarlas con firmeza.
Yaque se estremece ante la mirada del chico.
— Te diré la verdad, aunque es probable que me odies después. — respondía dudoso el vampiro. — Yo soy un…
— ¡Yaque! ¡Te he traído bocadillos! — exclama una mujer bastante conocida por el chico entrando a la habitación de la rubia. Los presentes se congelan.
— Ah, Dayana, mira. Te quiero presentar a… ¿Dayana? ¿Qué sucede? ¿Por qué tienes esa mirada? — la rubia inocentemente mira a la compañera que vivía con ella y su hermana, la cual estaba con una mirada de sorpresa y miedo ante la presencia de Liam.
El rey suspira con fastidio, la compañera cazadora de su hermano menor al parecer conocía a Yaque.
Pero qué pequeño es el mundo.
…
..
— ¡¿Por qué estás aquí?!
— Es una excelente pregunta. — responde el vampiro con una mirada llena de desinterés.
— ¡Yaque! — Dayana miró con ferocidad a la nombrada, la cual se levantó de la cama ante tal llamado.
— ¡Mande! — exclama la rubia haciendo una pose militar, causándole gracia al Cobe.
— ¡¿Por qué él está aquí?!
La rubia inocentemente miraba a su compañera de casa. — ¿Dayana, por qué te molesta tanto que él está aquí? — preguntó la rubia sin entender, ignorando completamente que su amiga estaba completamente llena de rabia y temor. — ¿Acaso se conocen?
— Es amiga de mi hermano. — responde Liam en lugar de su amiga sentándose en la cama con dificultad. — Nos conocemos de vista, nada más.
Dayana observaba al vampiro con el ceño exageradamente fruncido, ¡¿cómo él podía mantener la calma?!
Yaque mira al aludido, para luego sonreírle. — Entiendo.
El vampiro suspira con pesar.
Ahora más que nunca debía retirarse antes de que la hermosa cazadora delante de él lo aniquile o le diga a Jonathan Cobe que él estaba ahí. Ese último pensamiento hizo que un escalofrío le recorriese su columna.
— ¿Liam? — la rubia miró al nombrado con preocupación al verlo tan pensativo. — ¿Te sientes bien?
— ¿Eh? Ah, sí. — asiente torpemente el aludido. — Solo pensaba.
— Debes tener hambre, iré a prepararte algo de comer. — decía Yaque con una sonrisa llena de dulzura, la cual el vampiro no pudo evitar dejar de verla con un sentimiento tan conocido para él.
Era tan hermosa para él.
Frunció el ceño ante sus pensamientos tan humanos, para luego sonreírle. — Sí, gracias.
La rubia con alegría sale de la habitación dispuesta a ir a la cocina.
La habitación queda en silencio ante Liam y Dayana, la cual no dejaba de observar al vampiro.
— Te agradecería que no hicieras algo imprudente. — habla el rey vampiro con frialdad afilando su mirada e intimidando a la mujer delante de él. Su grisácea mirada tornó a una rojiza carmesí. — No quiero tener que asesinarte con Yaque aquí.
La mujer tragó grueso para mirarlo con seriedad. — Lo mismo te digo yo a ti.
Ambos, humano y vampiro, decidieron hacer un alto al fuego temporalmente. Al menos, hasta que el chico decidiese irse de ahí.
El chico tose con fuerza llamando la atención de la mujer. El joven se tapó la boca ante eso y abrió los ojos al sentir un sabor metálico en su boca, alejó su mano de su boca y la vio con curiosidad. Había algo de sangre en ella.
Liam frunció el ceño ante eso.
— ¿Es normal para un vampiro toser así? — pregunta la chica con curiosidad sin bajar la guardia.
El chico tragó los restos que sangre que aún permanecía en su boca con disgusto, para luego mirarla. — No, no lo creo.
A diferencia de la mujer, él se veía bastante relajado volviendo a sus ojos grises. Había bajado completamente su guardia, o al menos lo aparentaba.
Aff, si tan solo no estuviese Yaque en casa, pensó Dayana con molestia sin dejar de mirar al vampiro.
— ¿Ella lo sabe? — la pregunta del vampiro llamó completamente la atención de la mujer. — Sobre los vampiros, los cazadores y todo eso.
— No, no lo sabe. — responde la cazadora de cabellera color zanahoria cruzándose de brazos. — Al menos no de mi boca.
Esa respuesta era lo que esperaba Liam, después de todo Yaque no parecía saber que él era un vampiro.
Suspira aliviado.
Al olfatear un delicioso aroma de la sangre de la cazadora delante de él palideció.
Estaba sediento.
Tenía que largarse.
Con dificultad trató de levantarse, pero simplemente no podía. Le dolía absolutamente todo. — ahogó un gemido de dolor al caer de la cama nuevamente.
— Oye, relájate. — Dayana lo miró con precaución, verlo herido le aliviaba bastante. — ¿Qué tratas de hacer?
— Pues irme, ¿acaso no lo ves? — habló el vampiro con molestia tratando de levantarse nuevamente, pero en vano.
Para su sorpresa, la puerta de la habitación de abre y de ella entra la rubia con un plato lleno de comida. Al notar que el chico trataba de levantarse frunció el ceño. — Dayana, sostén eso.
— Claro. — la nombrada obedeció sosteniendo la comida del vampiro para mirar como la rubia caminaba hacia el chico.
— Liam, no hagas eso. — la joven muchacha sostuvo los hombros del vampiro. — Estás herido.
— Necesito irme.
— No te puedes ir así.
— Yaque.
— Liam.
Ambos se miraban con seriedad, ninguno pensaba ceder.
— No saldrás de aquí hasta que yo vea que puedas caminar por sí solo. — la rubia seguía tratando de acostar al terco muchacho en sus manos.
— Entiende, tengo que irme. — decía tratando de levantarse, pero j***r, le dolía todo.
— ¿Por qué tienes que irte? — preguntó la rubia de vuelta mirándolo fijamente.
El muchacho mordía el labio inferior ante tal pregunta. — Pues…
— Solo déjame ayudarte, Liam. — las palabras de la rubia causaron que el vampiro la mire con desconcierto. — Quiero entender muchas cosas, una de ellas el por qué desapareciste.
El chico finalmente había dejado de luchar con la rubia, cosa que Yaque aprovecho para recostarlo en la cama. — No puedes ayudarme, Yaque.
— Pruébame. — le sonríe la rubia con dulzura. — Siento que estás sosteniendo una carga muy pesada en tus hombros, así que quisiera que la compartieses conmigo.
El chico frunce el ceño. — ¿Y cómo ayudarías a un vampiro?
Aquella pregunta causó un silencio bastante largo. Dayana abrió la boca sin saber qué decir mientras que Yaque veía al chico sin entender.
— ¿Vampiro? ¿De qué hablas? — preguntaba la chica de cabellera rubia sonriendo incomoda. — No hagas esas bromas, Liam. Te hacen ver inmaduro.
Una vena llena de frustración apareció en la frente del aludido ante tal ofensa, Dayana tuvo que contener una risa.
Suspira con cansancio cerrando sus ojos.
Si quería alejar a la chica de él, debía ser sincero. Con una profunda exhalación abrió sus ojos, mostrando nuevamente sus ojos rojos carmesí.
Al ver esos ojos Dayana se movilizó y tomó a su amiga por la espalda, para jalarla hacia ella. La mujer sacó una daga de su ropa y la apuntó hacía el vampiro, el cual las observaba sin pestañear.
— A— Liam…tus…— Yaque estaba pálida al mirar los ojos de su amigo, esos rojizos ojos que brillaban en la más densa oscuridad.
El chico se reincorporaba de su cama. — ¿Ahora me crees? ¿O es acaso que sigues pensando que soy un inmaduro? — preguntaba el vampiro con seriedad levantándose completamente, su fría mirada estaba pegada a la rubia que la cazadora protegía. — Es por esta razón que no puedo estar aquí, por esa razón no puedes ayudarme.
— ¡Atrás! — exclama con seriedad Dayana al notar como el chico el chico caminaba ellas.
El chico sonríe con arrogancia al ver la mezcla de miedo en la mirada de la cazadora, sin embargo, se detiene de pronto al sentir un fuerte palpitar en sus heridas. — ¡Ar…!
— ¡Liam! — la rubia sale detrás de su amiga para correr hacia el nombrado, el cual caía de rodillas a causa del dolor. — ¿Te encuentras bien? — la muchacha estiró su mano para tocarle la cara sudorosa del chico, pero sin más el vampiro de un manotazo alejó su mano, sobresaltándola.
— ¡¿No has entendido lo que te acabo de decir?!— pregunta con molestia el rey vampiro al notar que la mirada de miedo que tenía Yaque había sido reemplazada por preocupación. Estaba desesperado, tenía la garganta seca. — ¡Aléjate de mí!
El cerebro de Yaque hizo un clic al recordar un suceso de hace un mes, no pudo evitar sonrojarse. — Entonces es por eso que tú…hiciste todo eso en m— mi cu— cue— cuello, ¿verdad?
El chico se sonroja también al recordar dicho suceso. — Ah, t— tú aún re— recuerdas e— eso.
La rubia asiente con timidez aun con el sonrojo adornando sus cálidas mejillas al recordar como el chico delante de ella había lamido su cuello en la universidad.
Dayana no sabía qué opinar al ver a los dos así, la actitud intimidante del rey vampiro había desaparecido en un abrir y cerrar de ojos. Estaba desconcertada.
Con ese sonrojo ella veía al rey… ¿tierno? Incluso podía apreciar el enorme parecido entre Matt y él, sin duda eran como dos gotas de agua.
— Y aun estás sediento… ¿verdad? — la voz de Yaque volvió a captar la atención de la cazadora. — Es por eso que deseas irte de aquí, ¿no? — el vampiro no respondió, dándole la razón a la humana. — En ese caso, bebe mi sangre.