Diez personas morirán al no hacer nada, pero quizás se puedan salvar nueve al sacrificar a una.
Pero eso es…
— No, estás mal…— murmura Yaque bajando la mirada sorprendiendo al cazador. — No voy a permitir que haya ninguna víctima. Tú eres el débil al saltar esas conclusiones sin antes haberlo intentado.
— ¡No seas estúpida, mujer! ¡Es imposible salvarlos a todos! — vuelve a gritar el Cobe con molestia amenazando en desenvainar su propia espada, alertando a Liz “la cual preparó sus dagas”.
Éste pequeño intercambio de opiniones está resultando muy entretenido, pensó Jonathan con burla al presenciar todo.
— Sé que estoy siendo egoísta, ¡pero tú también lo eres al no pensar en tu propio hermano!
Esas palabras terminaron de cabrear al chico. — Muy bien, entonces eso te hace mi enemiga.
Ambas miradas, azul y gris, chocan con hostilidad.
Benny dio un paso al frente desenvainando su espada medieval, pero es interceptada por Sebastián, el cual hace lo mismo. — Muévete, niño.
— Lo siento, no puedo hacer eso. — se disculpa el cazador con pesar, él de verdad no deseaba pelear.
Liz se puso en guardia, mientras Matt terminaba en desenvainar su espada también.
Todos estaban preparados para matarse entre sí.
De repente escucharon un extraño sonido en la habitación en la que había sido operado el rey de los vampiros.
— ¿Oíste eso? — preguntó Matt con seriedad mirando a Yaque, olvidando momentáneamente su altercado personal.
— Es el sonido de una ventana al romperse, ya reconozco el sonido. — respondió la aludida mirando a Liz con burla, la cual desvió la mirada avergonzada. — Espera, eso significa…
— Estoy sorprendido, recién operado y el chico ya tiene fuerzas para escapar. No esperaba menos de mi hijo. — habló juguetonamente Jonathan mirando la puerta detrás de él. Todo indicaba que Liam había escapado por la ventana de la habitación en la que fue operado. — Pero para alguien que apenas se está recuperando es bastante violento.
— Mierda, ¡y yo perdiendo el tiempo con ustedes! — exclama el Cobe saliendo corriendo. Él no corre hacia la habitación, sino a la puerta que lleva hacia afuera.
Sebastián suspira. — Dios mío, ¿es que acaso él no puede quedarse quieto en un solo sitio? — se quejó masajeándose los hombros para luego correr y seguirlo.
Ambos cazadores entran en la lluvia, sin importarse empaparse después.
Yaque y las vampiras a su lado fruncen el ceño, ellas tampoco tenían tiempo que perder.
— Tenemos que irnos también antes que de Matteo Cobe encuentre a Liam. — habló Benny con seriedad, Yaque asintió junto a Liz.
Las tres sin perder el tiempo salieron de la vivienda del cazador y se separaron para buscar al rey vampiro, dejando a Jonathan en soledad. Yaque tenía la leve sospecha de donde podría estar el rey vampiro.
El hombre suspira.
— Eres repulsivo, padre. — habló una joven entrando a la sala con seriedad, Jonathan sonríe al verla. — ¿Para qué lo salvaste si no lo vas a proteger?
— Eva. — saludó el hombre haciendo una leve reverencia ante la hermosa y elegante chica que estaba delante de él. — Es más divertido así. Tu hermano y su preciosa amada, al igual que sus amigos, sufrirán mucho más si se mantiene con vida. Es más placentero mientras más sufrimiento hay. — el hombre le dio la espalda después de responder y se dirige hacia la salida de la sala, se detiene con lentitud para sonreír maliciosamente. — Bueno, ¿lo matarán o lo dejarán vivir? Puedes esperar aquí si estás interesada en esa respuesta.
La líder de los cazadores de vampiros observa la ancha espalda del hombre con desconcierto. — Estoy intrigada; no parece que tengas un motivo o meta.
El hombre guardó silencio por varios segundos pensando en su respuesta para luego girarse y ver la ventanilla que había en la sala. — Pues sí, creo que sí tengo una meta. Veamos si me explico. — se encoge de hombros. — Para mí es muy divertido observar las cosas en movimiento, no siento placer con las cosas quietas; como un remolino que no gira. — se peina su cabello hacia atrás de forma casual, sin dejar de ser observado por su hija menor. — Supongo que hay gente que ve belleza en lo inmóvil. Pero sinceramente para mí es muy aburrido, así que yo quiero poner las cosas en movimiento. Esa es la razón por la que nació Liam.
La joven comandante y heredera de los Cobe frunció el ceño ante sus palabras.
Su padre era tan despreciable.
Ella sabía el sueño de ese hombre, el cual era saciar su hambre de conocimiento y poder.
Jonathan Cobe solo quería alcanzar la verdad del mundo, sus secretos, su existencia, su principio, su fin. Quería satisfacer su insaciable curiosidad por todo.
Tanto así, que su deseo se convirtió en una oscura obsesión ante aquella verdad que parecía inalcanzable. Después de todo, los humanos tenían una vida muy corta y limitada.
— Mantente fuera de esto, padre. — le ordena la joven comandante a su progenitor. — Si me llego a enterar que le haces algo nuevamente a mi hermano, te voy a matar.
Me temo que es demasiado tarde, hija. — Claro, claro, solo soy un mero espectador, cariño.
Eva Cobe frunció el ceño con desconfianza y se cruzó de brazos. Dirigió su azabache mirado hacia la ventana.
Voy a ser lo posible para alejar a este hombre de ti, Liam…
***
Su aliento es blanco.
Su respiración parecía congelarse ante la fría lluvia de invierno.
No hay nadie en el camino.
Los postes de luz están alumbrando en vano, mientras el chico seguía caminando sin rumbo fijo. Recién había salido de una cirugía, así que cada paso que daba requería de bastante esfuerzo.
Él sabía que ya no tenía un lugar a donde ir, no cuándo sabía que era un peligro para Yaque o Matt.
No hay lugar para él en su anterior hogar o en la casa de Yaque, ni mucho menos en la mansión de Romina. Solo le quedaba vagar en la oscuridad de la noche.
Se encontraba bastante alejado del lugar dónde aquél cazador lo había operado. Había hecho una parada en un cementerio, pasó de lapida en lapida hasta llegar a una en concreta.
La de su difunda madre.
La ropa que usaba “una simple camisa y pantalón que Jonathan le había dado” estaba tan empapada por la lluvia que pesaba, pero no le importó. Solo bajó la mirada sin saber qué pensar, sin saber qué hacer.
Estaba desesperado…
— Liam. — reconoció de inmediato la femenina voz que lo llamó con suavidad a sus espaldas, no hizo falta girarse.
— No vengas. — pidió el Cobe en un murmuro que fue escuchado por la recién llegada.
Liam se ve como una persona atormentada por sus acciones, era una escena bastante desgarradora para ella.
No podía acercarse más.
— Liam…— volvió a llamarlo con suavidad.
— Por favor, vete a casa. — volvió hablar el joven sin levantar la mirada, su voz era una mezcla de emociones negativas. — Si te acercas a mí ahora entonces…no sé qué sería capaz de hacer. — su voz era temblorosa, estaba temblando debido a la fría lluvia junto a sus sentimientos de culpa.
— Vamos a casa. Aún no te has recuperado de tu resfriado, ¿cierto? — sonrió con amabilidad extendiendo sus manos.
El cabello mojado de Liam se movía mientras se volteaba para encararla. — ¿No lo entiendes? Ya no tengo un lugar adónde ir. — su voz estaba cargado de odio a sí mismo. — Ya está bien, Yaque. No es necesario que te esfuerces en cuidar de mí. — sonríe con ironía. — Ya sabes lo que soy y lo que está pasando con mi cuerpo, ¿verdad? Entonces; ahora todo…
…ha terminado.
Él no tenía el valor de decirlo, pero Yaque sabía lo que el chico quería decir.
Y dolía.
— No, no digas eso. Lo que escuché no es importante. El Liam que conozco es el que está aquí conmigo, no el que los demás dicen en lo que te convertirás. — habló la rubia ignorando el escalofrío que recorría su cuerpo a causa del frío.
— ¿Sigues sin entenderlo? — subió la cabeza, mostrando una mirada apagada y sin brillo alguno. Una mirada sin esperanza. — Yo no soy quién crees. Yo no fui convertido en vampiro por casualidad, yo estaba destinado a convertirme en uno; una vez mi madre fue asesinada por humanos en una explosión, de ira desperté mi gran poder y prometí que todos conocerían mi dolor. Tanto así que asesiné a humanos y vampiros por igual. — volvió a bajar la mirada con pesar y vergüenza al notar que la rubia se sorprendía ante cada palabra que salía de su boca. — Pero aun así fui tan egoísta que quise ocultarte todo eso.
Ella lo veía en silencio totalmente impactada. Pero había algo que estaba segura.
Liam no era tan malo como quería recalcarse, después de todo él ya sentía remordimientos por todos sus actos y su culpa lo hacía vivir un enorme sufrimiento.
— Y no contento con eso, ahora resulta que soy el títere de la persona más repugnante que existe. — él estaba llorando, y Yaque nunca lo había visto llorar antes. — Sólo soy la marioneta de Tom, podría perder el control en cualquier momento. Tarde o temprano voy hacer algo terrible. Entonces, ¡¿adónde puede ir una persona así?!
Él quería castigarse y condenarse así mismo por todos sus pecados. Ella lo entendía, pero no quiere que el chico siga sufriendo.
Liam Cobe está culpándose a sí mismo porque nadie más lo va hacer.
— No llores, Liam…— pidió con suavidad la de ojos azules caminando hacia el nombrado poco a poco, con lentitud. Incluso si nadie quiere perdonarlo, a Yaque le gustaría ser quien lo perdone en su lugar.
Abrazó su frío cuerpo, sorprendiéndolo. Torpemente envuelve sus brazos en su cuello y lo pega a su cuerpo.
…ella no puede salvar a Liam.
…ella lo sabía.
— Yaque— la voz del chico sonaba confusa, pero en ningún momento rechazó el abrazo.
— No llores. Entiendo que eres una mala persona ahora. — Susurra en su oído, deteniendo su respiración. Liam está confundido, perdido entre la culpa y el remordimiento. — Por eso estaré contigo. No importa lo que suceda, voy a estar aquí para ti. — La cálida voz de la rubia estremecía el frío cuerpo del vampiro. — Yo seré tu salvadora. — Lo abraza con más fuerza, demostrándole que su palabra era más real que cualquier otra cosa.
Los hombros del rey vampiro se relajan. Sus respiraciones son blancas, y la lluvia se ha convertido en una llovizna. — No, Yaque. Probablemente termine haciéndote daño al final. — Sus palabras suenan más como una confesión, a pesar de sus palabras Liam no trataba de librarse de esos cálidos y delicados brazos.
— Confío en que no lo harás…— su confianza era inquebrantable, lastimando el indeciso corazón del chico.
— ¿Cómo puedes estar tan segura de eso? ¿Por qué haces todo esto? — Cuestionó el chico frunciendo el ceño, recostando su cabeza en el pecho de la rubia.
Su bonito sonrojó adornó las suaves mejillas de la aludida, pero su rostro reflejaba su determinación. — Porque me gustas, Liam.
...
La lluvia ha parado por completo para cuando vuelven a la casa de Yaque, regresaron tomados de la mano. Liam se encontraba en silencio completamente sonrojado desde hace rato, recordando las palabras de la chica.
¿Ella de verdad sentía lo mismo por él?
Parecía un sueño.
Quería decirle que también la quería, que le gustaba desde hace años.
Pero el simple hecho de pensar en todos los peligros que deben afrontar hace que esa pequeña idea se desvanezca de rápidamente.
Ambos ingresaron al hogar sumergidos en sus pensamientos, lo que encontraron al entrar los dejó mudos.
— Bienvenidos a casa. Sabía que era grosero, pero tuve que entrar sin permiso. — habló Matteo con seriedad en la sala de estar con los brazos cruzados, Sebastián y Dayana se encontraban detrás de él.
— Matt. — lo llamó con seriedad, el ambiente se había puesto muy tenso de repente. Desvió la mirada sin punto fijo, no quería confrontarlo ahora.
— Presumí que volverías pronto, pero jamás pensé que juntos. — decía el menor mirando a la rubia, la cual frunció el ceño. — Aunque no es como si me sorprendiera mucho.
— Matt, ¿aún sigues con lo mismo? — preguntó la rubia con cierto temor, apretando su mano con la de Liam.
— Por supuesto. Mi deber es asesinar a los vampiros, y más si es una amenaza para la sociedad. — respondió sin dudar. — Voy a matar a Liam, así tenga que asesinarte también.
Los sentidos de Liam se ponen alerta y se posesiona delante de la rubia con seriedad. Dayana y Sebastián miran al Cobe menor con sorpresa antes dichas palabras.
— Oye, Matt…creo que deberías reconsiderarlo un poco. — Sebastián le habló al aludido con duda. — Tu hermano incluso se arriesgó para salvarnos, creo que deberíamos...
— ¿Acaso se te olvidó que casi nos mata? — preguntó sin mirar a su compañero con frialdad, Liam sintió un escalofrío.
— Entiendo lo que dices, pero matar a un civil sería ir demasiado lejos. — habló Dayana con seriedad caminando hasta el chico. — ¿Acaso no ves que sería completamente innecesario asesinar a Yaque también?
— No me interesa. Sea humano o vampiro, mataré a quién defienda a mi presa. — respondió sin dudar, estremeciendo a los presentes.
Sebastián y Dayana se miraron entre sí sin saber qué hacer, hasta que sintieron una presencia entrar por el lugar. — Me temo que no puedo permitir eso. — dijo con serenidad Liz, entrando a la casa por la puerta. Los presentes se sorprendieron al ver a la recién llegada.
El Cobe menor fulminaba a todos con la mirada, cada uno demostraba su convicción. Dayana con sus deseos de proteger a su amiga, Sebastián queriendo buscar una solución menos salvaje, Liz con hostilidad hacía quién se oponga a su rey y Yaque con intenciones de defender a su ser amado.
El más joven suspira con pesar, relajando su mirada. — Ahora que lo pienso, quizás hay una manera en la que te puedes salvar. — miró a su hermano con seriedad, desconcertándolo con sus palabras. — Debemos deshacernos del tal Tom de una vez por todas.
Yaque abrió la boca, pero de sus labios no salían ninguna palabra. Estaba conmocionada ante lo que Matt estaba diciendo. — Matt, tú…
— No estoy diciendo que lo dejaré vivir. — la interrumpió con molestia, desviando la mirada. — Ya me tomaré mi tiempo para asesinarlo con calma, ahora estoy muy cansado. — él camina hacia la salida de la casa y pasa por su lado sin ninguna muestra de enemistad, antes de abrir la puerta se detiene. — Pero no lo olvides, Yaque. No sabemos cuándo Liam perderá la cordura. Será tu culpa si mueres cuando suceda, pero ya que quieres protegerlo entonces será mejor que te asegures que seas la única víctima.
Con esas últimas palabras abre la puerta y sale, volviéndola a cerrar.
La sala se quedó en completo silencio, hasta que escuchan el suspiro de Yaque.
— Vaya, por un momento pensé que sería nuestro fin. — susurra Yaque agarrándose el pecho, su corazón palpitaba como loco.
Dayana le sonríe. — No te preocupes por Matt, simplemente hemos tenido un día largo…muy largo.
— Creo que debería irme también. — habló Sebastián suspirando, aún le dolían sus heridas. Giró su vista para mirar a un callado vampiro. — Y…amm, es un placer conocerte, rey de los vampiros.
Liam miró al cazador y le sonríe. — El placer es mío, cazador de vampiros.
Ambos jóvenes sonríen y estrechan sus manos ante las miradas de las mujeres.
Sebastián salió, dejando a Dayana con Liz, Yaque y Liam.
Dayana mira a los presentes— Bueno, creo que ya es algo tarde. Será mejor que vayamos a descansar.
Yaque le sonríe. — Sí, ¿tienes hambre, Liam? — miró al nombrado con preocupación.
— No, la verdad lo único que necesito es una buena noche de sueño. — le responde con una sonrisa tranquila, relajando a la rubia.
— Entonces vayamos a dormir. — dice Yaque con una sonrisa, tratando de ahogar un bostezo. Caminó hacia el vampiro y tomó su mano. — ¿No necesitas nada más? ¿Un baño caliente o algo?
El Cobe le sonríe. — Estoy bien, Yaque. Anda a descansar. — le responde el chico nuevamente tranquilo.
— Te dejaré otra muda de ropa entonces. — dice la chica sin más caminando hacia la habitación de sus padres y trayendo consigo el pijama de su padre. — Ten.
El vampiro suspira, para luego sonrojarse. El recuerdo de la confesión de la rubia era muy fresco todavía. — Gracias, Yaque. Buenas noches.
La aludida le sonríe con suavidad. — Buenas noches, Liam.
Después de aquella hermosa sonrisa, que Liam detalló con mucho anhelo, la rubia desapareció en el pasillo junto a Dayana. La cazadora solo se despidió en silencio.
Y así, ambos quedaron a solas.
Liam da un largo suspiro, el cual captó la atención de su subordinada y amiga. Yaque, la cual no era ni una cazadora o un vampiro, se expone al peligro mientras él, la causa de todo, descansa.
Eso lo deprime aún más.
— ¿Te arrepientes de que ella te esté ayudando, Liam? — preguntó Liz, quizás entendiendo sus pensamientos.
El chico no asiente; en cambio, estrecha sus ojos y niega con su cabeza una vez. — No puedo arrepentirme, Liz. Ya no tendría sentido. — bajó la mirada. — Sé que está mal sentir esto, pero estoy feliz. Me da mucha felicidad que la chica que me gusta haga tanto por mí. — a pesar de sus palabras, su rostro reflejaba agonía. La boca que dice estar feliz está rígida, como si atase un gran sentimiento de culpa. — Pero esto es un error, y sé que Tom no mostrará compasión. Mientras esté con Yaque, existe la posibilidad de que ella muera.
Es un problema para él que ella siga siendo partícipe de esa guerra.
Les esperaba un destino trágico los dos. Aunque su amor sea correspondido, no será recompensado.
Y él no duraría mucho tiempo. Siendo ese el caso, le gustaría que Yaque siga con su vida.
No obstante…
Al mismo tiempo se aferra a la esperanza…
Incluso había perdido el interés de eliminar a los humanos. Yaque le había dado una esperanza para luchar y dejar el egoísmo atrás; quería proteger el mundo que ella, su hermano y su mejor amigo tanto amaban. Quería enmendar sus pecados y proteger al mundo que egoístamente quiso conquistar, pero ya era tarde.
Es muy tarde…
Con un doloroso pensamiento, admite la oscuridad en su interior. Él quería ser salvado, quería seguir viviendo. Pero para eso Yaque tendría que vivir lastimada por las constantes batallas que están por venir.
Imaginar a Yaque siendo lastimada por él de alguna manera lo excitaba.
— ¡Ha, kuh…!— agarra su pecho con dolor. Como respondiendo a sus oscuras pasiones, el parásito en su interior se agita contra sus nervios.
Se retuerce.
Los retorcijones dentro de sí hacen a sus oídos timbrar. Se funden en su sangre, causando un escalofrío que recorre su cuerpo.
El parásito que se licuó en su sangre se vuelve un dulce veneno, calentando su cuerpo.
Las ondas amenazan con hacer desaparecer su conciencia.
Un fuerte dolor llena su cuerpo con facilidad, y se aferra al suelo de manera dolorosa. Tratando de evitar algún quejido que pudiese alertar a Yaque.
Siente tanto asco por sí mismo.
— Liam. — Liz caminó hacia el nombrado con preocupación.
— …estoy bien. Aún estoy bien. Más importante, Liz; necesito que protejas a Yaque.
— Voy a obedecer si es una orden. Pero Liam, a ti tampoco te queda mucho tiempo. Mi deber principal es protegerte, así que creo que es más sensato ir por Tom. — contesta la mujer con seriedad, agachándose hasta la altura del rey y acariciando su espalda en un acto de apoyo ante su dolor.
— No voy a durar mucho de todos modos. — ahogó un gemido de dolor, volviéndose agarrar el pecho. — Ahora estoy…bien, pero pierdo la noción de lo que estoy haciendo cuando bajo la guardia. Mi memoria se torna más vaga mientras más pasa el tiempo y ya no siento nada en mis extremidades que no sea dolor. Pronto perderé la noción de tiempo al punto en que los días no fluirán correctamente para mí. — hablaba con la mirada baja, respirando agitadamente. — ¿Sabes? Se siente como si hubiera pasado una semana desde que vi a Matt marcharse.
— Liam…
— Si yo llego a perder el control, cuento contigo en que la cuidarás. — él fuerza una sonrisa. Liz miraba como su rey decía toda su situación como si nada, ya aceptando la muerte.
— Entendido, cumpliré con tu orden cuando sea el momento…— asiente la mujer frunciendo el ceño, demostrando convicción ante la determinación del chico. — Sé que Tom es peligroso, pero pienso que sería prudente estar en guardia contra Jonathan Cobe.
Liam sube la mirada, viéndola. — Sí, yo también lo pienso. — murmura como si cantara. Con su sufrimiento malgastado, ahora hace gala de una elegancia extenuada. — Pero no te preocupes, Liz. Ese asqueroso humano no puede hacerme nada. — y sonríe, cual niño jugando con figuras de acción.
Liz observa desconcertada al Cobe ante aquellas palabras, notando sorpresa como Liam había cambiado su personalidad de la nada. Una maliciosa sonrisa adornaba sus labios.
Liam estaba corrompiéndose poco a poco, solo era cuestión de tiempo para que la oscuridad consuma su cordura.
El chico sacude su cabeza de arriba hacia abajo y poco a poco comienza a caer hacía atrás.
— La vampira ahogó un grito para no alertar a las chicas, que ya seguramente habrán caído dormidas; lo tomó por los hombros para detener su caída.
— ¿Huh? ¿Qué pasa Liz? ¿Por qué traes esa cara de susto? — pregunta el chico con el rostro sonrojado, la mujer notó que aquella fiebre había regresado al sentir su cuerpo caliente.
Para su sorpresa Liam no se ha percatado de eso. La mira como si nada hubiese pasado, completamente ignorante de que por poco colapsa.
— No, no es nada. — responde la mujer con suavidad, soltándolo.
— Ah. — abre los ojos, dándose cuenta. — Lo siento…— y se disculpa por algo que ni siquiera es consciente.
— Deberíamos ir a descansar también, Liam. — le dice sonriéndole, el aludido le sonríe también apoyando la idea.
Ella ayudó al ya cansado cuerpo de Liam y se lo llevó a la habitación de invitados. Con total confianza le ayudó a quitarse la ropa mojada y lo ayudó vestirse con el pijama que Yaque le había entregado.
Lo acostó en la cama y lo vio dormir por un largo rato.
Liz suspira.
Liam no se ha recuperado tanto como cree.
Jonathan Cobe dijo que no duraría más que un par de días.
Incluso si no toman en cuenta lo que Tom pueda hacerle, el chico ya se encuentra inestable.
Ella se prometió que lo protegería, a cualquier costo.
***
Matteo caminaba junto a su compañero por las oscuras calles de la noche, ambos en silencio.
Sebastián miraba el fruncido rostro del chico, se veía bastante pensativo. Estaba por hablarle hasta que ambos sintieron una fuerte presencia al frente de ellos.
Los cazadores se detuvieron y vieron a Benny, la cual los observaba con tranquilidad.
— ¿Qué quieres? — preguntó el Cobe con seriedad, sin quitar sus ojos de la vampira. Sus manos fueron hasta sus pistolas enfundadas, por si acaso.
La mujer lo mira con una intimidante calma. — ¿Qué planea hacer Jonathan Cobe con Liam? ¿Por qué lo está ayudando?
— Nosotros no sabemos nada. — respondió Sebastián al notar que Matt no pensaba contestar. La vampira alzó una ceja.
— Matteo Cobe, dame una razón para no asesinarte ahora. — La vampira frunció su ceño, embargando el ambiente con un fuerte instinto asesino.
Matt sintió como gotas de sudor se formaban en su frente, sabía que sus vidas dependían de su respuesta. Ellos no podían hacerle nada a esa mujer, mucho menos estando heridos como ahora.
— Porque tenemos el mismo enemigo. — respondió el chico después de un rato relajando sus hombros.
— Explícate.
— Tom Drack. — el chico se sintió asqueado al pronunciar dicho nombre. — Ese hombre está corrompiendo el corazón y mente de Liam a través de un parásito, mientras más tiempo pasa él irá perdiendo poco a poco su cordura. Llegará un momento en el que Liam se convertirá en un títere y en nuestro más grande enemigo. — apretó los puños. — Para evitar eso debemos encontrar a ese hombre y asesinarlo, antes de que todo eso pase.
Benny abre levemente los ojos con sorpresa. — ¿Insinúas una alianza?
— No seas estúpida, mujer. Solo estoy diciendo que tengamos una tregua temporal. — responde el chico, ofendiendo a la vampira. — Después de matar a Tom Drack, podremos matarnos con más tranquilidad.
La mujer se quedó en silencio, pensando en la respuesta. — Una tregua.
El ejército vampiro y la organización de cazadores nunca aceptarían una tregua entre ambas razas. Sin embargo, podría funcionar si solo el problema se queda entre los que saben y nada más.
Y ella estaba dispuesta con tal de proteger a Liam.
Y, además, existía un dato importante.
— Suena bien, niño. — le sonríe de medio lado, conforme. — Hagámoslo, será un alto al fuego temporal.
Matt es el hermano de crianza de Liam.
De ser posible, le encantaría que estén juntos apoyándose, no peleándose.
***
Tom Drack miraba a Jonathan Cobe junto a la comandante de los cazadores en las afueras de la ciudad, detrás de ellos había un incontable número de cazadores, los cuales miraban con mucha hostilidad al vampiro.
A pesar de eso, el Drack sonreía burlón.
— Por fin estás aquí, ante mí, sin posibilidades de escapar. — hablaba la joven comandante con inexpresividad mientras miraba fijamente a Tom. — A pesar de eso no siento deseo alguno de pelear por tu parte, ¿tanto aprecias tu vida?
— En efecto. — dice el sombrerero con gracia. — Debo seguir viviendo para poder cumplir mi meta, por fin obtendré todo lo que se me fue negado.
La joven Cobe miraba al Drack con desprecio. — ¿Estás diciendo que sacrificarías a todos los demás con tal de que puedas cumplir tu mundano deseo?
— Por supuesto. Encantado mataría a todo ser humano de la faz de la tierra con tal de cumplir con mi meta, y con gusto volvería hacerles lo mismo a todas las reencarnaciones de Liam. — su sonrisa se ensanchaba más. — No hay límite para la avaricia, ¿no crees?
— Y pensar que los Drack son nuestros antecesores, verte a ti me hace repudiar mi propia sangre.
— Vaaamoooos, no digas eso. — el hombre apenó su sonrisa de pronto. — Estoy seguro que un humano talaría todos los árboles de este bosque si sirvieran como medicina para prolongar su vida o la de sus seres queridos. Aún si con ello lograra prolongar un día más de vida. No le importaría que el mundo perezca a causa de sus acciones, ¿entiendes? A través de la historia, la humanidad se expandió, creció, prosperó y nutrió de ese mismo modo. Solo estoy repitiendo el mismo método.
Jonathan sonríe burlón. — Y después dicen que el retorcido soy yo.
La sonrisa de Tom se borra, totalmente ofendido ante el comentario. — Bueno, basta de juegos. Yo, el nuevo rey de los vampiros, declaro que el mundo entero va a ser mío.
Ella veía claramente como una gran masa de sombra negra inundaba el bosque completamente, marchitando y contaminando toda vegetación que había a su alrededor. De esa sombra viscosa resurgió un joven con un traje completamente de látex n***o con tonos purpuras y ajustado a su bien formado cuerpo, de cabellera plateada y unos inexpresivos e intimidantes ojos dorados.
Ella abrió los ojos atónita al reconocerlo. Pero su apariencia era totalmente diferente a como lo recordaba con ese cabello plateado.
Aquel vampiro recién aparecido de la oscuridad tenía una mirada de completa arrogancia al mirar al enorme ejército de los cazadores, los cuales se prepararon al verlo; con serenidad desenvainó una espada completamente negra con detalles violetas. — Humanos asquerosos, como insectos cayendo a un lago… ¡ahóguense en la desesperación!
Un potente fuego n***o violeta resurgió de aquella desconocida espada y de la nada se provocó una explosión negra que carbonizó completamente al ejército de cientos de cazadores y los árboles en su alrededor. Romina y Lucca evitaron aquella poderosa llamarada maligna de un salto, cargando consigo a Matt y a Yaque, los cuales veían al rey de los vampiros con miedo y horror. Eva y Jonathan fueron salvados por un gigante n***o, el cual de un salto logró esquivar el fuego n***o del vampiro.
Matteo estaba temblando al verlo. — No puede ser.
— Liam...— susurra Yaque completamente horrorizada, mientras que el nombrado le regresaba la mirada con una afilada frialdad.