Todos los periódicos informaban del gran amor que había surgido entre la actriz Doris Villalta y la estrella del fútbol, "Rayo" Fernández. Era la noticia del momento y epicentro de informaciones en las páginas de espectáculos. Habían grandes fotos en los diarios, besándose, abrazados, visiblemente enamorados. Me sentí muy mal no solo por lo mucho que quería a Doris, sino por el papel de tonto que había hecho yo en toda esa novela. Al final de cuentas, me ilusioné por un imposible, ella jugó con mis sentimientos, no tuvo en consideración lo que yo podía pensar o creer y finalmente quedé como el polvo que la escoba barre y esconde debajo de la alfombra del olvido y la desazón. Agaché la cabeza y dolido, sintiendo que mi corazón reventaba a pedazos, me puse a llorar igual a una criatura, extr

