Conocí a Doris en el teatro y eso me trajo un serio problema con Daniela. Yo había ido a la avenida Abancay, saliendo del trabajo, a comprar tornillos para la perrera del Estadio Nacional, porque se estaban enmoheciendo y eran peligrosos para los aficionados. También compré grasa y aceite. Me iba camino al paradero para tomar el tranvía e irme a mi casa, cuando justo se abrían las rejas del teatro para la función vespertina. Había poca gente, sin embargo, haciendo fila para ingresar. De puro curioso eché un vistazo ente los cartelones, anunciando la obra Romeo y Julieta. Y allí estaba la foto de ella, con su vestido largo, el tocado de la época, sonriente, muy hermosa. Me entretuve buen rato viendo sus ojitos chiquitos y la sonrisa amplia, pintada de rojo y su espléndida figura, una cintur

